ALGUIEN FALTA EN LA MESA: NAVIDAD Y DUELO

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. En esta ocasión hablaremos de esas ausencias en Navidad y cómo en una época de alegría también es importante dar cabida a otras emociones.
Las Navidades son fechas que en general muchas personas desean que lleguen. Son días en los que las casas se llenan, hay ilusión y la magia diríamos que puede existir realmente. Sin embargo, también son momentos en los que las personas que faltan todavía se hacen más presentes, si cabe; ese lugar en la mesa que ya no está ocupado, esa comida que era especial para esa persona que ya no puede disfrutarla, o esos regalos que no podrán ser recibidos.
La realidad es que la magia de la Navidad no debería ser solamente para mostrar alegría, porque quizá en un intento de aparentar normalidad, se consigue todo lo contrario a la sensación de compañía: que alguien lleve en soledad todas las emociones que supone notar la ausencia de esa persona. En esta apariencia podemos trasladar, sin darnos cuenta, una invalidación del dolor, como si no tuviera lugar en ese momento donde precisamente esa persona que ya no está, era parte de esa celebración. Esta invalidación del dolor no aparece por ser malas personas, este texto no es para juzgarnos, si no para hacernos reflexionar. A veces, ante el dolor propio o la angustia que supone ver a un familiar con desconsuelo, tendemos a evitar ciertas conversaciones. Sin embargo, en nuestra creencia de que mostrarnos con corazas nos hace más fuertes, nos hace desconectarnos de lo que realmente es importante. La vulnerabilidad no es más que la esencia de quienes somos, negarla, en realidad nos hace más débiles, porque es en esa evitación donde hallamos muchas veces la soledad y sensación de incomprensión.
Lo que no se nombra, no deja de existir. Si en algún momento de las celebraciones de estos días te viene a la memoria que esa persona que ya no está, seguramente al resto de la familia también les ha llegado ese recuerdo. Por tanto, no se trata de recrearse en el dolor en esos momentos, no, si no simplemente de decir en voz alta las sensaciones que nos llegan. Sentir nostalgia o tristeza es de ser humanos, y si mostramos esa parte, simplemente estaremos conectando con lo que todas personas de nuestra familia están recordando o sintiendo, pero quizá no tienen la valentía de poder expresar.
En un mundo en el que la apariencia engaña, mostrar vulnerabilidad es un acto revolucionario. Será aquí donde podamos conseguir esa magia que tiene la Navidad: sostenerse y acompañarse con aquellos que más queremos.
Con el fin de que nadie pueda sentir soledad durante estas fiestas, desde aquí te propongo ser esa persona que, en un acto de rebelión contra las cadenas del miedo a la vulnerabilidad, puedas permitir construir un espacio de seguridad y compasión. Para ello están los llamados rituales del duelo; son un gesto íntimo y simbólico que nos ayuda a darle forma a lo que sentimos cuando alguien ya no está. Es un espacio, donde poder detenerse, nombrar la ausencia, honrar el amor vivido y permitir que la tristeza respire. Estos rituales durante la Navidad pueden ser:
- Elegir un símbolo u objeto que represente a esa persona (una foto, una vela, un adorno), y colocarlo en un lugar representativo del hogar.
- Palabras breves de honor “en esta Navidad y en todas, te llevo conmigo”, “estas fiestas he decidido seguir haciendo ese postre que tanto te gustaba”.
- Un gesto para recordarle, como un brindis o poner una pequeña luz que alumbre.
Los rituales no cambian el hecho de que haya cierta oscuridad, pero si dan luz al difícil camino que a veces cruzamos en la vida. Hagamos de la Navidad unas fechas de verdadera magia, conectando con lo que verdaderamente es importante y dando cabida a todo lo que sentimos y a esa persona que anhelamos.