CARTA A UNA MADRE O UN PADRE DE UN ADOLESCENTE: CRECER TAMBIÉN ES APRENDER A ACOMPAÑAR DESDE EL OTRO LADO

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Esta semana quiero dedicar estas líneas a quienes acompañan la adolescencia desde el otro lado: las madres y los padres.
En consulta y en los encuentros con familias aparecen muchas preguntas sobre esta etapa. Cómo conseguir que nos cuenten lo que les pasa. Cómo poner límites sin terminar discutiendo. Cómo ayudarles cuando sufren y no quieren nuestra ayuda. Y, entre todas esas preguntas, a veces aparece otra que cuesta más decir en voz alta: “¿Lo estaré haciendo bien?”.
Si alguna vez te lo has preguntado, esta carta es para ti.
Querida madre, querido padre:
Quizás últimamente te cueste reconocer a tu o. Antes te contaba lo que había pasado en el colegio y ahora tienes que conformarte con un «bien», un «nada» o un «déjame». Puede que siga buscando tu compañía, pero solo en algunos momentos. Y que, cuando te acercas, sientas que cualquier pregunta le molesta.
Quizás eches de menos algunas cosas. Las conversaciones más fáciles. Los abrazos que antes no había que pedir. Aquella sensación de saber qué le pasaba y cómo ayudarle.
Y quizás también estés cansado. De repetir lo mismo. De negociar horarios, estudios y pantallas. De intentar mantener la calma y acabar levantando la voz. De acostarte pensando que mañana lo harás de otra manera y encontrarte, al día siguiente, en una discusión parecida.
Puede que entonces aparezca ese pensamiento: «Igual no soy un buen padre», «igual no soy una buena madre». Es normal que surja esa duda, especialmente cuando estás desbordado o las cosas no salen como esperabas. Pero pensarlo no te convierte, ni muchísimo menos, en un mal padre o una mala madre. Los pensamientos que nos visitan no definen quiénes somos, ni son ciertos solo porque aparezcan. Y querer mucho a un hijo y sentirse sobrepasado por su crianza pueden ocurrir al mismo tiempo.
Tu hijo o hija está cambiando. Necesita ganar autonomía, tener intimidad y tomar algunas decisiones propias. Y tú estás aprendiendo a acompañarle desde otro lugar, adaptándote a unas necesidades distintas de las que tenía hace unos años. Ese ajuste puede resultar incómodo, especialmente cuando sus ganas de explorar se encuentran con tu miedo a que le pase algo. Por eso, cuando podáis hablar con calma, intenta explicar lo que te preocupa y escuchar también qué necesita, sin dar por hecho que ya sabes lo que va a decir.
Si te cuenta un problema, prueba a quedarte un momento ahí antes de ofrecer una solución. Escúchale sin juzgar e intenta comprender cómo está viviendo lo que le ocurre. Puedes decirle algo tan sencillo como: «Es entendible que te sientas así después de lo que ha pasado». No necesitas tener una respuesta para todo; a veces, sentirse escuchado ya supone un alivio.
Porque, por querer ayudar deprisa, a veces nos saltamos la parte en la que necesita sentirse comprendido. Y ahí es donde precisamente está la conexión. Quizás para ti una discusión con sus amigos sea algo pequeño, pero para él puede ser todo un mundo. Ya habrá tiempo de ayudarle a tomar perspectiva. Primero, escucha y dale espacio a lo que siente. Después, puedes preguntarle: «¿Quieres que pensemos juntos qué puedes hacer?».
Por supuesto, habrá límites. Habrá decisiones que no le gusten y momentos en los que tengas que mantener un «no». Procura que las normas sean claras, que tengan un sentido que puedas explicar y que exista margen para revisarlas conforme vaya creciendo.
Puedes comprender que un límite le moleste y mantenerlo. También puedes aceptar su enfado y señalar que los insultos hacen daño. Escuchar sus emociones no te obliga a aceptar cualquier comportamiento.
Y cuando seas tú quien se equivoque, vuelve.
Si has gritado o has dicho algo hiriente, intenta retomarlo cuando estés más tranquilo: «Antes te he hablado mal. Estaba nervioso, pero no tendría que haberte dicho eso. Lo siento. Quiero que podamos hablar de lo que ha pasado».
Pedir perdón también educa. Le enseña cómo hacerse cargo de un error y cómo cuidar una relación después de una discusión.
Busca, además, momentos juntos en los que no haya nada que corregir. Que alguna conversación pueda terminar sin hablar de notas, tareas o del móvil. Interésate por esa canción que escucha o por el partido de su equipo favorito. Ve con él un capítulo de su serie o proponle dar una vuelta. A veces las conversaciones llegan mientras hacéis otra cosa. Y otras veces no llegan ese día. Puedes ofrecer tu compañía sin exigir que la aproveche de inmediato.
Si observas un sufrimiento que se mantiene, cambios importantes en su vida cotidiana o dificultades que os desbordan, busca apoyo profesional. Tú también puedes necesitar orientación para acompañarle.
Y cuídate. Descansa, comparte tus preocupaciones y date permiso para pedir ayuda. Habrá días en los que te salga mejor y otros en los que necesites parar y volver a intentarlo.
Tu hijo o hija está aprendiendo a hacerse mayor. Tú estás aprendiendo a ser madre o padre en una etapa nueva y a acompañar desde otro lado. Y en este proceso, quizás os lleve tiempo encontrar algunas formas de entenderos.
Mientras tanto, puedes seguir ofreciéndole algo valioso: interés por lo que vive, límites que le cuiden y disposición para escuchar, incluso después de los días difíciles.
Y recuerda: mientras aprende a encontrar su lugar en el mundo, saber que contigo tiene un lugar al que acudir también puede ayudarle a crecer.
Con cariño, Javi.
Durante este otoño estamos desarrollando el proyecto «Creciendo en familia» en todas las comarcas de Teruel, impulsado por PSICARA y la Diputación Provincial de Teruel, en colaboración con el Instituto de Estudios Turolenses. Una iniciativa para compartir con las familias un espacio en el que hablar de la adolescencia, de sus retos y de cómo acompañar a nuestros hijos e hijas en esta etapa.
Esta carta nació a raíz del proyecto. La estamos leyendo en las charlas para familias y muchas madres y padres nos cuentan que se sienten identificados con lo que expresa. Sus reacciones nos recuerdan cuánto necesitamos también los adultos espacios para compartir dudas, sentirnos comprendidos y seguir aprendiendo a acompañar.
Puedes consultar las localidades y las próximas sesiones del proyecto «Creciendo en familia» en www.psicara.com/creciendoenfamilia/.
Javier Ibáñez Vidal, psicólogo de PSICARA.