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Rubén Somalo Toyas
julio 1, 2026

LAS PANTALLAS. ¿PUENTE O TRAMPA PARA NUESTRA SEXUALIDAD?

Tiempo de lectura: 2 minutos

Bienvenidos, bienvenidas y bienvenides al rincón de la Psicología de PSICARA. Aquí abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología.

Hoy venimos a hablar del colectivo LGTBIAQ+ y la sexualidad en la era digital.

El acceso temprano a los teléfonos móviles y ordenadores está a la orden del día como una de las puertas principales para las consecuencias negativas en la salud de la juventud.

El desarrollo psicosocial y madurativo de la salud de los menores se ve muy influido por la estimulación tan intensa de las imágenes y vídeos.

A nivel cerebral, la elevada estimulación visual hace que los menores (y adultos también) tengan más frustración e incomodidad cuando no tienen una pantalla. Haciendo sentir que todo el mundo parezca tener “TDA”.

Es una realidad que muchas personas son mucho menos capaces de poder leer un libro o ver una película si tienen un móvil cerca. Esto afecta directamente en la capacidad de estudio, concentración y conexión con el presente.

Pero si además, aquello que busca el cerebro cuando está quieto tiene que ver con la dopamina (neurotransmisor del placer) que se genera al visionar pornografía o tener relaciones sexuales digitales, “sexting”. Tenemos el contexto más adictivo para desarrollar unos hábitos sexuales más de consumo que de vivencias en la sexualidad.

Y sobre todo es preocupante para la juventud LGTBIAQ+ donde la manera más fácil de encontrar pareja estable o temporal siempre ha sido a través de internet.

En estos últimos años en España, se podrían ejemplificar dos tipos de contextos para el colectivo LGTBIAQ+.

Por un lado en las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, muchos hombres gays y personas del colectivo buscan el consumo de cuerpos y el sexo rápido de una noche a través de “Grinder”, (app de citas, sexting…).

Asimismo, llevan años coexistiendo el consumo de drogas que fomentan la excitación sexual en los “afters” después de las fiestas, los llamados “chills” y “guarrichills”.

Por otro lado, sigue existiendo una gran falta de personas LGTBIAQ+ fuera del armario en otras pequeñas ciudades y pueblos de España. Donde existen chicos, chicas y chiques que apenas tienen amistades físicas con otros iguales del colectivo. Esto hace que sea más necesario el uso de internet, pero a la vez, aleja más a la persona de buscar contacto social en la calle de su municipio.

En el caso de los menores LGTBIAQ+, y también de los y las heterocis (forma de nombrar al resto de población para no tener que decir “los normales”), también tienen riesgo de ser extorsionados para pedirles fotos íntimas, manipularlos o hacerles chantaje por parte ya sea de otros iguales o adultos.

Por lo que si no hacemos prevención las redes y los tabúes para hablar de la sexualidad puede hacer que NO demos la ayuda que detenga dichas agresiones.

La prevención desde la escuela así como de la propia familia es importantísima. Y como familiares de menores debemos hablar del deseo, la pornografía y la masturbacion aunque pueda dar mucha incomodidad.

Es bien sabido que el material pornográfico es accesible desde Google y que aunque haya herramientas como el conocido control digital “Family Link” hay muchas familias que desconocen su existencia.

Si además a esto le juntamos que para muchos/as/es progenitores con otras problemáticas no consiguen llegar a poner límites digitales el acceso de sus hijos/as/es a internet, es necesario aportar educación sexual para prevenir la adicción a la pornografía desde la juventud.

Y tú lector/a/e, ¿recibiste educación sexual de joven?

Firmado,

Rubén Somalo