LÍMITES: PÓNTELOS, PÓNSELOS
Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. En el día de hoy hablaremos sobre lo difícil e importante que es poner límites y analizaremos por qué resulta tan dificultoso a veces.
Lo primero que quiero preguntarte es, ¿cómo de fácil o difícil te parece poner límites en tu vida? ¿Qué clase de límites te gustaría poner? ¿Qué cosas necesitas decir “por aquí no”? Dedícale unos minutos a esta reflexión y mira dónde encuentras tus mayores dificultades o facilidades a la hora de expresar tus necesidades.
En el caso de que no suelas poner límites plantéate cuáles son esas dificultades que te atañan. Igual con esta pregunta te resulta más fácil, ¿Qué pasaría si empezases a poner límites? ¿Qué consecuencias tendría? ¿Qué miedo aparece? Quizás te resulte incómodo responder a estas preguntas. Es normal, se suelen asomar respuestas vulnerables. Es importante traer al presente los motivos que me inmovilizan para detectarlos, conocerlos y actuar de otra manera.
Las respuestas más comunes a estas preguntas suelen resumirse en: miedo al rechazo, miedo a sentirme culpable, a decepcionar, a que se enfaden, a perder mi valía personal y, por tanto, a no saber cómo hacerlo. En resumen, el miedo a cómo van a reaccionar los y las demás. Muchas veces tendemos a no poner límites y lo sustituimos por la complacencia o la inacción. Y es que resulta mucho más fácil “caer bien” o recibir aprobación cuando siempre complacemos con nuestra conducta, siempre decimos “sí” o no ponemos pegas… Es importante detectar estas causas que me inmovilizan para darnos cuenta del poder que tienen sobre nosotras y nosotros. Y no es raro temer al rechazo, de hecho es uno de los miedos que compartimos todas las personas.
Ahora que hemos sacado un poco a la luz los motivos, te planteo ¿Qué consecuencias tiene estar intentando evitar este rechazo continuamente? Si yo te diera el “poder” de eliminar ese miedo, ¿Qué harías? ¿En qué cambiaría tu vida? Resulta valioso traer esto al presente para que hacer aquello que temes, lo que supondría decir lo que necesitas en este caso, tenga sentido y utilidad en tu vida y te acerque un poco más a la vida que quieres. Pero, te daré otra pista, aquellas cosas que son más difíciles por lo que genera en nosotras y nosotros son aquellas que más valor tienen. Y aquí es donde hay que atender al cambio y a pasar a la acción para ser más felices.
No es extraño temer a ese posible rechazo porque muchas veces se corresponde con la realidad. Hay ocasiones que cuando una empieza a poner poner límites podemos ver que hay gente que se va alejando o distanciándose. Que quién no acepta o rechaza que pongamos límites entonces no acepta una versión nuestra en la que nos respetamos a nosotras mismas. Quien no acepta algo fundamental como esto quizás es que no es tan buen amigo, pareja o familiar. Aquí tocará valorar si esa persona merece la pena o no que esté en nuestras vidas. Y es curioso que cuando empiezas a poner límites vamos empezando un cribado y empieza a filtrarse la gente que sí merece la pena y la que no tanto. Haciendo que, a su vez, tengamos relaciones más honestas y cercanas.
Con esto no quiero reforzar una mirada centrada solo en mi ombligo ni alimentar el individualismo por encima de todo. También es necesario mirar a las y los demás. Pero es cierto que, si yo me cuido, voy a poder cuidar mejor, estar más disponible para otras personas y comprender mejor sus circunstancias. Es importante no confundir poner límites con pisar a otros: no tiene nada que ver. Cuando me pongo límites, me los pongo a mí misma; son una forma de saber por dónde no estoy dispuesta a pasar y, justamente, no pasar por ahí.
Necesitamos también confiar en nosotras mismas para defender lo que quiero para mí (pese a la respuesta del otro, por ejemplo). También, precisamente, si yo me respeto y pongo límites más me va ayudar a ganar confianza. Porque cuando experimentamos esa sensación de haber hecho algo valiente nos puede aumentar la confianza. Es bidireccional. Necesitamos de acciones y de seguridad que se van retroalimentando. Luego, cuanta más confianza tengo más fácil es volver a darlo todo de ti para cuidarte. Lo mismo pasa si lo dejamos de hacer, perdemos el hábito, la costumbre y vamos bajando la confianza de poder volver a hacerlo.
Alba Nicolás Agustín