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25N - LA LUCHA SIGUE -

Bienvenidas y bienvenidos al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. El pasado 25 de noviembre fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y por ello vamos a profundizar un poco más en este tema. 


La violencia de género se basa y se ejerce por la diferencia subjetiva entre los sexos. En pocas palabras, las mujeres sufren violencia por el mero hecho de ser mujeres a manos de su pareja o expareja. La violencia ejercida contra la mujer está extendida a lo largo de todo el mundo. Esta realidad existe en cada país y en todos los niveles económicos según el Ministerio de Igualdad (2016). 


Hoy en día sigue siendo necesario hacer énfasis en la visibilidad de las mujeres. Desde tiempos inmemorables ha habido nula o escasa representación, lo que es la mitad de la población, ya sea en la cultura, en la ciencia, en los libros, en premios, en investigaciones o, resumiendo, en cualquier ámbito. En esta lucha, se hace necesario crear políticas que defiendan a la mujer, porque no hemos llegado a una igualdad real y tenemos que seguir luchando hasta el día que deje de ser necesario. Cuando hablamos del impacto que tiene la visibilidad de un colectivo hablamos precisamente de hablar de él y de cuáles son sus problemas y, gracias a ello, de buscar soluciones. La violencia de género puede ser: psicológica, sexual, física y económica. 


La violencia psicológica incluye conductas y verbalizaciones que implican controlar, despreciar y dominar a la otra persona. Podría mostrarse al menospreciar, criticar severamente, derogar, humillar y aislar a la pareja. También incluyen conductas de control con la finalidad de impedir que vea a sus amistades, de que se relacione con su familia o parientes, insistir en saber dónde está en cada momento, tratar con indiferencia, enfadarse si habla con otro hombre o mujer, etc. (Matute, 2010). El abuso psicológico resulta el más frecuente y, a pesar de las grandes consecuencias psicológicas que conlleva, generalmente se considera como el menos grave, llegando incluso a pasar desapercibido en la investigación (Capezza y Arriaga, 2008). 


La violencia sexual en la pareja puede verse manifestada en diferentes conductas. Desde insultos y miradas obscenas, comentarios sexuales, envío de mensajes pornográficos, exclusión por la orientación sexual, hasta el tocamiento y el ataque físico abusivo más grave (besar contra la voluntad del besado, forzar, estrujarse con intenciones sexuales, obligar a desnudarse, obligar a tener relaciones sexuales, etc.) (Ortega, Ortega y Sánchez, 2008, p. 64). 


Violencia física son todas aquellas acciones que implican ejercer fuerza contra el cuerpo de la mujer, como puede ser pegar, empujar, golpear. Pudiendo llegar a provocar abortos, lesiones internas, desfiguraciones e inclusive el homicidio (Rodríguez, López, y Velázquez, 2012). 


Violencia económica incluiría a todas aquellas acciones de control de carácter monetario independientemente de quién los haya adquirido. Puede ir desde solo dar el dinero que el

agresor considere, reclamar por los gastos o el impedimento de tener trabajo. Limitando así la independencia económica de la víctima y, por ende, la dificultad posterior de cara a intentar abandonar a la pareja y verse sin recursos económicos para crear una nueva vida lejos de su agresor (López, 2017). 


La violencia reiterada y prolongada en el seno de la pareja afecta a la salud general de la víctima, tanto a nivel físico como a nivel mental. El hecho de sufrir esta violencia de manera duradera se convierte en un factor de riesgo de muchas enfermedades y trastornos. Los daños pueden ir desde daño físico a problemas psicológicos con síntomas de depresión, ansiedad, abuso de alcohol hasta problemas sexuales y reproductivos (OMS, 2013). Llegando a generar déficits neuropsicológicos, peor memoria de trabajo, dificultades en la memoria a largo plazo y visual (Navarro, León y Nieto, 2020). 


Cuando convives constantemente con la violencia, la persona se queda sin apenas recursos y en una situación de aislamiento, lo que hace que sea considerablemente complicado salir de ahí, porque esa persona está controlándole por completo. El aislamiento es de los mayores problemas a los que se enfrentan las víctimas, ya que no tenemos ya recursos propios y no nos pueden brindar ayuda externa hace que se dificulte aún más acabar con esto. 


No existe un perfil de víctima que hace que tengas más o menos probabilidades de sufrir violencia de género, no hay un perfil más o menos débil, a todas nos podría pasar. Haber vivido tantos años una situación así puede llegar a anular por completo el desarrollo de la mujer, pudiendo llegar a cambiar por completo la mujer que era antes de esa relación. Las consecuencias del maltrato no se deben a características personales, sino a la experiencia vivida. 


La violencia hacia las mujeres existe y no podemos taparnos los ojos, por ello, los días como el 25N son necesarios. Necesitamos prevenir y conseguir que todas las personas vivan una vida plena, sin ataduras. 


Alba Nicolás Agustín, psicóloga de PSICARA


Referencias: 

Ministerio de igualdad. 


Capezza, N. M., y Arriaga, X. B. (2008). Why do people blame victims of abuse? The role of stereotypes of women on perceptions of blame. Sex Roles, 59(11-12), 839-850. 


López, O. (2017). La violencia económica y/o patrimonial contra las mujeres en el ámbito familiar. Persona y familia, 1(6), 39-58. 


Matute, A. (2010). La violencia hacia la mujer en las relaciones de pareja en la población drogodependiente que recibe tratamiento de deshabituación en los centros específicos de atención a las drogodependencias y otras adicciones en Andalucía: incidencia, tipología y propuesta de programa de intervención educativa [Tesis de doctorado, Universidad de Granada]. Repositorio Institucional de la Universidad de Granada.


Navarro, C. G., León, F. G., y Nieto, M. Á. P. (2020). Análisis de las consecuencias cognitivas y afectivas de la violencia de género en relación con el tipo de maltrato. Ansiedad y estrés, 26(1), 39-45. 


Rodríguez, J. A., López, J. A., y Velázquez, R. A. (2012). Tipos de violencia en el noviazgo: estudiantes universitarias de la UAEM, Zumpango. Revista electrónica de psicología Iztacala, 15(1), 150. 


OMS. (2013). Comprender y abordar la violencia contra las mujeres. Recuperado el 20 de noviembre de 2023 de http://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/98816/WHO_RHR_12.36_spa.pdf;jse ssionid=37C4F83DBB4FD28B13C9F23301ED445D 


Ortega, R., Ortega, F. J. y Sánchez, V. (2008). Violencia sexual entre compañeros y violencia en parejas adolescentes. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 8(1),63-72.

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