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Animales: Compañeros domésticos y terapéuticos

Bienvenidos al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, los psicólogos y psicólogas de PSICARA (Psicología Aragonesa en Acción) abordamos temas y curiosidades relacionadas con la psicología. Esta semana hablaremos de los tipos de intervenciones asistidas con animales, destacando la terapia.


Y es que nosotros, los seres humanos, no sólo creamos vínculos con nuestra especie, vamos más allá y desarrollamos valores y lazos con los animales comparables a los que podríamos tener con otros seres humanos. Pero no penséis que es algo nuevo, la relación ya se remonta al Paleolítico, aunque por entonces lo fines estaban mayoritariamente relacionados con la supervivencia.


¿Por qué nos apegamos tanto a nuestros compañeros animales? Mucha gente coincidirá en que son capaces de hacernos sentir mejor y arrancarnos pequeños momentos de felicidad, pero va mucho más allá. En ocasiones también sirven de ayuda para intervenir en tratamientos clínicos, y aunque nunca sustituyen las terapias clínicas, pueden ser complementarias.


A estas actuaciones se les conocen como Intervenciones Asistidas con Animales (IAA): intervenciones sanitarias, educativas y/o sociales en las que un animal pasa a formar parte del tratamiento, en un intento de promover una mejoría física, social y/o psicológica.


¿De dónde viene su origen? Muchos autores coinciden en destacar al psicólogo Boris Levinson, quien, a mediados del siglo XX, lanzó la idea de que presentar animales en la terapia beneficia a los pacientes. Para verificarla, realizó estudios utilizando a su compañero canino, Jingles, lo que acabó convirtiéndose en obras como Psicoterapia infantil asistida por animales o Pets and Human Development. Uno de los datos, en relación a este público infantil, se observa en estudios que muestran como aquellos niños que comparten su vida con animales (perros, para ser exactos) estabilizan su sistema inmunológico. Cierto es que, a pesar de que Levinson es considerado uno de los precursores de las IAA, en el siglo XIX ya existían instituciones de salud mental en los que se utilizaban animales de compañía.


Ya desde entonces, las aplicaciones de las IAA mostraban diversas alternativas. Actualmente, destacan tres opciones: actividades, educación y terapia. La diferencia entre ellas radica en el objetivo, siendo más recreativo y motivacional para las actividades; educativo (bullying, duelo o tolerancia, por ejemplo) para la educación; o terapéutico (individuales o grupales) para la terapia. No obstante, los puntos en común son mayoritarios.


En primer lugar, la educación de los animales se debe realizar mediante refuerzos positivos y evitando el castigo o el dolor. Hay que tener en cuenta que, con independencia del tipo de IAA, se busca el bienestar de todos los usuarios; y estos incluyen tanto profesionales como el público al que va destinado y los animales.


En segundo lugar, la sesión asistida con animales debe haberse diseñado con antelación, protocolizando la actuación, sobre todo en intervenciones, trazando objetivos y adaptándola a las personas a las que se dirige. Además, los animales deben haber sido seleccionados, educados y vigilados sanitariamente; asimismo deben tener una conducta predecible y estable.


En tercer lugar, el equipo debe componerse de forma multidisciplinar, destacando un experto en IAA (profesional socio-sanitario o de educación formado en el ámbito de las IAA), un técnico en IAA (profesional sobre el público al que se dirige y sobre educación y bienestar animal) y uno o varios animales. Estos animales suelen ser perros, gatos, delfines, caballos o incluso cobayas, pudiendo adaptarse según el contexto y especie.

El uso de estos animales viene recomendado por el hecho de que carecen de esa capacidad juzgar, típica del ser humano, al resto de personas por sus formas de actuar o sus características. Los animales son más del vivir el presente: el aquí y ahora. Además, como muestra Takefumi Kikusu en el caso de los perros, el vínculo está relacionado con la oxitocina, también llamada hormona o neurotransmisor del amor: amplias cantidades tienen beneficios en la presión arterial, la ansiedad u otros componentes psico-afectivos, a poder reflejarse incluso en el propio animal. ¿Entonces por qué no aprovechar estos vínculos en tan amplios sentidos?


No obstante, hay que tener en cuenta unas obligaciones cuando se utilizan animales en cualquier contexto, y más en campos como este. Agrupando estos deberes, podríamos decir que hay que ver al animal no solo como una herramienta, sino como un compañero de trabajo con su propio modus operandi. Y que deberemos acomodar nuestras intervenciones a ellos mediante adaptaciones de la cantidad del público y descansos inter-sesiones y al final de sesión.


Al fin y al cabo, señoras y señores, las IAA pueden entenderse como nexos de unión entre los beneficios de un compañero animal y el bienestar de ambos seres vivos. Seguro que muchos de vosotros tenéis o habéis tenido mascotas por las que haríais cualquier cosa y que tanto bienestar os han aportado. ¿Por qué no usarlo para mejorar la salud, siempre sin perjudicarles a ellos?


Alberto Gracia Agudo

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