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APRENDER A ESCUCHAR A NUESTRO CUERPO

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hoy nos centraremos en uno de los pilares que nos mantiene y regula día tras día, nuestro cuerpo.


Hemos aprendido, desde bien temprano, que toda entidad se compone de partes. Integramos que una casa está formada tanto de la fachada que vemos como de los ladrillos que la sostienen interiormente, de la misma manera que entendemos que un ordenador está compuesto por un software y un hardware, o que nosotros, nuestra vida, se forma de unas partes corporales (nuestro cuerpo) y unas partes interiores que no vemos (nuestras emociones, pensamientos y todo lo que adentra nuestro mundo interior). Pero a veces se nos olvida un detalle importante, la interrelación entre esas partes.


Una de las lecciones más claras de la neurociencia contemporánea se centra en este aspecto fundamental: no podemos separar y tratar de forma independiente algo que inherentemente está vinculado. De la misma manera que afecta una dolencia física a nuestro mundo emocional, por ejemplo sintiéndonos con impotencia por no poder jugar ese partido del que llevábamos meses preparándonos por una lesión en la rodilla, nuestro cuerpo también se verá afectado cuando nuestro mundo interior se encuentre en problemas, quizás en forma de reacciones autoinmunes, desregulaciones del sueño o dolores musculares entre muchas otras.


Por lo tanto, ya nos podemos ir haciendo una idea de la importancia de conocernos tanto a nivel corporal como interiormente. Pero entendamos de forma adecuada este concepto, nuestra consciencia corporal va mucho más allá de cómo nos veamos exteriormente, se enfoca en nuestra capacidad para identificar, sostener y atender adecuadamente las necesidades físicas que nuestro cuerpo reclame. Si no somos conscientes de lo que nuestro cuerpo necesita, ¿cómo podemos cuidar de él?. Si no sentimos hambre, no podemos alimentarnos. Si no sentimos sueño, no podemos descansar. Si confundimos ansiedad con hambre, seguramente comeremos demasiado. Si tenemos dificultades para identificar la saciedad, seguiremos comiendo de forma reiterada. Cultivar la consciencia sensorial es un aspecto básico en la regulación de nuestras necesidades, tanto mental como físicamente.


Nuestra conexión con nosotros mismos está intrínsecamente vinculada a la conexión con nuestro cuerpo. No nos podremos conocer totalmente mientras no podamos sentir e interpretar las sensaciones físicas que nos acompañan, necesitamos identificar, registrar y actuar sobre la base de esas sensaciones para navegar de forma segura por nuestra vida.

De lo contrario, el precio a pagar por la insensibilización hacia nuestro cuerpo será la pérdida de la consciencia de lo que sucede en nuestro cuerpo, y con ello, la sensación de estar total y sensorialmente vivos.


Nos olvidamos de que el cuerpo es una pieza más del engranaje, y que detrás de las manifestaciones físicas quizás se puedan encontrar heridas emocionales pasadas que se han quedado registradas dentro de nosotros. Heridas emocionales que se codifican en nuestras vísceras, en trastornos autoinmunes y problemas esqueléticos o musculares. Cuando las personas están enfadadas o asustadas de manera crónica, la tensión muscular constante acaba provocando espasmos, dolores de cabeza, cefaleas con migraña, fibromialgia y muchas otras formas de dolor crónico. Posiblemente visiten múltiples especialistas con la intención de aliviar y acabar con ese sufrimiento, pero nos olvidamos del problema subyacente, de lo que no podemos ver y tocar, pero nuestro cuerpo nos lo está intentando comunicar a su manera.


La comunicación entre la mente y el cuerpo es la base de nuestra regulación emocional. El trabajo en el cuerpo a través de múltiples técnicas como la práctica del yoga u otras actividades que atiendan y regulen nuestro cuerpo, nuestro sistema nervioso, es tan importante como el trabajo introspectivo. A fin de cuentas, podríamos decir que es el trabajo de las distintas piezas del mismo engranaje, nuestro bienestar y salud holística e integral.

Cuando volvemos a experimentar una reconexión visceral con las necesidades de nuestro cuerpo, tenemos una capacidad totalmente nueva de amar afectuosamente a nuestro yo. Experimentamos una nueva calidad de autenticidad en nuestros cuidados, que redirige nuestra atención hacia nuestra salud, nuestra dieta, nuestra energía, la gestión de nuestro tiempo. Este mejor cuidado del yo emerge de manera espontánea y natural, no como respuesta a una obligación. Somos capaces de experimentar el placer inmediato e intrínseco de cuidarnos a nosotros mismos.

- Stephen Cope, Yoga and the Quest for the True Self

Beatriz Gonzalvo Iranzo, psicóloga de PSICARA y coordinadora de la sección PsicoYoga y Meditación

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