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APRENDIENDO A ABRAZARME

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hoy me gustaría que me acompañases en la reflexión sobre qué es lo que sucede cuando actuamos con el foco de atención puesto en la persona que tenemos al lado y no en uno mismo.


¿Te has parado alguna vez a buscar la palabra «autoestima» en el diccionario de la Real Academia Española (RAE)? De hacerlo te encontrarás con la siguiente definición: “Valoración generalmente positiva de sí mismo”. ¿Generalmente positiva? Más me gustaría a mí, como profesional y humana, poder afirmar dicha generalización, pero la realidad dista bastante de esta definición, ¿no crees?


Morris Rosenberg, psicólogo conocido por la creación de “La escala de autoestima”, comenta que se trata de “la totalidad de los pensamientos y sentimientos de la persona con referencia a sí mismo”. Es decir, parece que no es tanto que nos valoremos “generalmente” de forma positiva como menciona la RAE (¡qué presión!, ¿y si no es así?), sino la percepción subjetiva que tenemos de nosotros mismos, del ser y estar: de cómo somos y estamos en el mundo.


También me gustaría aprovechar este espacio para compartir con vosotros una tercera definición que escuché hace no mucho a Paloma, una de las psicólogas de la plataforma Somos Estupendas, que hablaba de la capacidad de reconocerse humana, con nuestras luces y sombras, y quererse, cuidarnos como tal. Que difícil y que real.


Una de las generalizaciones que sí se pueden hacer (desgraciadamente) es que, muchas de las personas que llegan a terapia lo hacen con una mochila teñida de «baja autoestima» que impregna cada una de las piedras que hacen su peso insoportable. Es decir, que detrás de un “no sé decir que no”, “no soy capaz de aceptar un halago”, “soy un desgraciado”, “no puedo afrontar una discusión con otra persona y por eso antes de que pase cedo”, “me acabo sintiendo culpable de todo lo malo que pasa a mi alrededor”, “me horroriza la posibilidad de que les pueda dar motivos para que hablen mal de mi”, “prefiero no presentarme a esa oposición porque solo me voy a encontrar fracasos”, “no te lo he contado porque no quería molestarte”…, existe una escasa estima hacia uno mismo.


De hecho nos encontramos con investigaciones que nos indican que la visión que se tiene de sí mismo es un factor determinante para generar, dependiendo del estado de esta, vulnerabilidad o inmunidad a una retahíla de problemas relacionados con la salud mental como la depresión, la ansiedad, las fobias, los trastornos psicosomáticos, la inseguridad interpersonal, entre otros.


Como consecuencia de una baja autoestima nos daremos de bruces con la siguiente realidad: nadie cuida a quien odia y/o rechaza, por lo que si tu visión de ti mismo es desde ahí, no te expresarás afecto ya que no creerás merecerlo. Lo mismo pasa si te consideras feo, seguramente no cuidarás de tu imagen; si te consideras tonto, puede que no te esfuerces en sacar tus estudios adelante; si te consideras víctima, probablemente jugarás exclusivamente el rol de mártir. Detrás del mantenimiento de estas creencias podemos encontrarnos con la profecía autocumplida y el sesgo de confirmación. Una breve explicación de estos procesos psicológicos sería la siguiente: la profecía autocumplida habla de que las personas responden a la percepción y a la interpretación que le dan a una situación y no a su realidad objetiva, lo que influye en sus conductas, y el sesgo de confirmación refuerza el anterior proceso debido a que nos lleva a buscar constantemente la confirmación de dicho pensamiento o percepción en el contexto.


A pesar de estos hallazgos y las evidentes consecuencias que tiene todo ello, paradójicamente nuestra cultura nos dirige a procesar y verbalizar amor hacia otras personas, olvidándose antes de enseñarnos a auto-aceptarnos. Y la realidad es que es complicado querer bien si no nos queremos previamente a nosotros mismos.


El cuidado de otras personas a través del respeto, el altruismo, la expresión de amor, la asertividad, la empatía, está a la orden del día (y es totalmente necesario que esto sea así). Sin embargo, cuando hablamos del auto-respeto, auto-amor, auto-confianza y auto-compasión pueden, incluso, ser mal vistas o excesivas por el entorno. En muchas ocasiones, la suficiencia y la seguridad notable parecen producir molestias. De hecho, podemos sorprendernos negando o minimizando nuestras virtudes, lo que acaba repercutiendo en nuestras propias creencias sobre las mismas. Un círculo vicioso poco saludable.


En su defecto, nos encontramos con otras capacidades disfrazadas de “las mejores virtudes que podemos tener” que llevadas al extremo ahogan. ¿Se te viene a la cabeza de cuáles se pueden tratar? En efecto, nos podemos topar con la autoexigencia ante metas irrealistas, el autocastigo por salirnos de la línea que nos marcamos o marcaron un día, la autocrítica por no hacerlo de diez, el autocontrol por… bueno, tú mismo puedes completar la frase con tu propia experiencia, ¿verdad? Al final nos encontramos ahogados con tantas ¿auto? exigencias.


Además, la autoestima no es un constructo estable y constante de por sí. No se trata de algo que revisas un día, trabajas dos y perdura el resto. Se trata de una carrera de fondo, con sus subidas y bajadas. La única manera de hacerla mínimamente constante es trabajándola y cuidándonos todos los días, y cuando dejamos de hacerlo estamos comprando tickets para subir a la montaña rusa con las más vertiginosas caídas libres. Revisarnos y proponernos cambios desde el amor propio es lo que va a potenciar esta carrera, mientras que si los cambios parten desde los aspectos que rechazamos estamos abocados a la frustración. Eso sí, estés en el momento en el que estés, siempre serás valioso y merecedor.


Antes de poner punto final a este artículo, y al hilo de todo lo mencionado hasta ahora, me gustaría recordarte que tienes todo el derecho del mundo a quererte y no sentirte culpable por hacerlo. De disponer de tu tiempo a tu libre elección. De descubrir tus gustos. De cuidarte y mimarte siempre que lo necesites. De equivocarte, fallar y volver a intentarlo. De descansar. De reforzarte, animarte y celebrarte. De sentirte capaz y valioso. Y de elegir cómo quieres ser y estar en el mundo.


Al intentar dejar fuera el egoísmo excesivo, no hemos dejado entrar el amor propio

-Walter Riso



Carla Barros Sánchez, Psicóloga y Coordinadora de Atención Psicológica de PSICARA




BIBLIOGRAFÍA:


Riso, Walter. (2012). Aprendiendo a quererse a sí mismo. Norma S. A. Editorial.

Sanz, Yaiza (Anfitriona). (2020-presente). Cómo aumentar la autoestima|Ep.72 [Podcast]. Spotify.

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