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APRENDIENDO NUEVOS HÁBITOS

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, los psicólogos y psicólogas de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hace unos meses, hablamos acerca del papel que tienen los hábitos en nuestra vida. En el artículo de hoy vamos a hablar sobre cómo podemos crear nuevos hábitos.


Seguro que en determinadas ocasiones habrás querido incorporar nuevas actividades a tu vida como por ejemplo hacer ejercicio o leer un libro. Sin embargo, también te habrás dado cuenta de que estas nuevas actividades conllevan un esfuerzo y que, al cabo de un tiempo, suelen abandonarse. ¿Por qué ocurre esto?


Para poder explicarlo, pensemos brevemente en el hábito de ir a trabajar. Ir a nuestro lugar de trabajo implica saber la forma más eficiente de llegar (memorizar el camino más corto, aprender dónde hay menos tráfico, memorizar la mejor hora para coger el transporte público…). Sin embargo, el proceso de ir a trabajar lo hemos repetido tantas veces que se ha instaurado en nuestro interior y no vamos pensando constantemente en todos estos factores, sino que lo hacemos de forma automática y el realizar actos de esta forma supone un menor gasto de energía física y mental.


De este pequeño ejemplo se extraen las claves de un hábito, y es que la RAE lo define como un “modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas”. La creación de nuevos hábitos conlleva un mayor esfuerzo ya que implica pensar en muchas variables para realizarlo (lugar, tiempo, modo…) y no está automatizado.


Sin embargo, también hay otros factores que afectan a la instauración del hábito. Algunos de ellos son:


1. El tipo de hábito a instaurar: Imaginemos que una persona se ha propuesto hacer deporte y se ha apuntado a natación, pero hace muchos años atrás jugaba al baloncesto. Crear el hábito de nadar costará más de asimilar debido a la dificultad añadida de aprender desde cero. Si decidiera volver a practicar baloncesto, sería más sencillo ya que se tienen conocimientos previos.


2. La compatibilidad del nuevo hábito con otros ya instaurados: por ejemplo, dejar de fumar puede ser bastante conflictivo si se tiene interiorizado fumar en determinado lugar y momento como cuando se toma un café en la terraza del bar.


3. El grado de atractivo percibido: hay hábitos que pueden ser muy atractivos para una persona ya que son similares al estilo de vida que lleva, pero para otra persona pueden ser totalmente opuestos. Adquirir el hábito de caminar 30 minutos al día será más atractivo para una persona deportista que para una persona sedentaria.


Otro aspecto fundamental de aprender nuevos hábitos es saber crearlos. Y es que, el planteamiento de un hábito es un proceso fundamental para la adquisición a largo plazo. ¿Y cómo podemos aprender a hacerlo? A continuación, se mencionan algunos aspectos importantes:


1. Establecer metas concretas: pensemos brevemente en las ocasiones en las que nos hemos planteado adquirir un nuevo hábito. Seguramente hemos pensado cosas como “quiero hacer deporte”, “quiero mejorar mi salud” o “quiero aprender un nuevo idioma”. Si nos fijamos, estos objetivos son demasiado generales y ambiguos. Un hábito es más fácil de crear cuanto más específico es.


2. Asociar hábitos a momentos concretos: Siguiendo con los ejemplos anteriores, un hábito tan general es impreciso por el contenido y porque no se sabe cuándo se va a realizar. A la hora de aprender un hábito es importante asociarlo a un momento del día. Además, tener un horario fijo al principio puede ser de gran ayuda. También es interesante programar recordatorios para realizar dicho hábito.


3. Dividir y reajustar: para poder desarrollar un nuevo hábito es importante dividir esos objetivos generales en otros más específicos, con diferentes grados de dificultad. Empezar por los más sencillos e ir viendo cómo se progresa en dificultad aumenta nuestro sentimiento de valía y nos motiva a que sigamos instaurando dicho hábito. Pero también es importante que, si no logramos un objetivo, lo adaptemos ya que esto nos permite ajustar expectativas y que no dejemos el hábito abandonado.


4. Llevar un diario de progreso: Tener un diario dónde registramos nuestro avance es un aspecto que nos ayuda a adherirnos al nuevo hábito, ya que podremos ver todo lo que hemos avanzado. En este diario es interesante desgranar un objetivo general en varios específicos, escribir como nos hemos sentido tras realizar la actividad, etc.


5. Darse recompensas: el darse recompensas a uno mismo tras cumplir determinados objetivos ayudan a que dicho hábito se vea como algo positivo y habrá más probabilidades de que se instaure. Sin embargo, hay que tener cuidado con las recompensas y solo obtenerlas de manera ocasional, ya que el nuevo hábito tiene que ser gratificante por sí mismo y no por la recompensa que se asocie.


Como hemos visto, siguiendo estas pautas podemos pasar de un objetivo general e inespecífico como “quiero practicar deporte” a uno o varios más específicos como por ejemplo “voy a andar 30 minutos después de comer'' o “voy a ir al gimnasio 3 días a la semana después del trabajo”. Los objetivos cuanto más específicos y concretos mejor, ya que instauran el hábito de una manera más eficaz y nos permiten alcanzar ese objetivo general que tanto deseamos.



Realizado por Leonardo Cardona Osorio, psicólogo de PSICARA

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