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COMER O NO COMER, ¿ESA ES LA CUESTIÓN?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. En esta ocasión, y aprovechando que el 30 de noviembre es el día internacional de la lucha contra los trastornos alimentarios, hemos querido dar voz a esta problemática.


Vivimos en un mundo en el que la alimentación no solo tiene como finalidad preservar nuestra existencia, sino que va mucho más allá. El acto de alimentarnos lo utilizamos como un mecanismo de socialización, pues en repetidas ocasiones tendemos a realizar reuniones sociales alrededor de una mesa (en navidad, para celebrar cumpleaños, hacer reuniones de amigos, celebrar aniversarios, etc.). Podemos llegar a pensar que la alimentación es un momento de disfrute y de placer, el cual nos permite experimentar, conocer otras culturas y compartir momentos agradables con los demás. Sin embargo, ¿puede llegar a ser para todo el mundo un momento de disfrute?


En la actualidad, se ha visto que entorno 400.000 personas en España presentan un trastorno alimentario (también denominado TCA o TA) y que, la pandemia que hemos vivido ha dado luz a un creciente número de personas que presentan este tipo de problemática, poniendo de manifiesto la importancia de visibilizar, dejar de estigmatizar y divulgar de un modo correcto qué es realmente un trastorno alimentario.


Me gustaría que te tomaras 5 minutos para responder a la siguiente pregunta… ¿sabes en qué consiste un trastorno alimentario? Es probable que muchos me dijerais que son personas que no quieren comer, o que comen y, posteriormente vomitan. Se suele creer que es un problema con fácil solución: “que empiece a comer y se acabó el problema”. Pero realmente ¿es tan sencillo como empezar a comer?


Las personas con un trastorno alimentario presentan una alteración tanto en su modo de relacionarse con la comida, como en los comportamientos que se relacionan con la misma. Existen diversos tipos de trastornos alimentarios, siendo los más comunes la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. Dependiendo del tipo de TA presentará una serie de dificultades u otras. Por ejemplo, mientras que una persona que presenta una anorexia nerviosa tenderá a restringir su ingesta de alimentos; una persona con trastorno por atracón o bulimia consumirá grandes cantidades de alimentos en periodos cortos de tiempo (atracones); encontrándose la diferencia entre ambos tipos en la conducta posterior al atracón (en la bulimia se darán conductas purgativas como el vómito o los laxantes y en el trastorno por atracón no se realizará ninguna conducta de compensación). Es relevante destacar que, pese a que las manifestaciones más comunes son las mencionadas, podemos encontrar variaciones en la sintomatología dependiendo de la persona y el tipo de TA que presente.


Esta mala relación en su modo de alimentarse solamente es la punta del iceberg de un trasfondo de dificultades que le han llevado a intentar controlar y regular su vida a través de la alimentación. Utilizan la comida, y todo lo relacionado con ella, como mecanismo de escape que les ayuda tanto a cubrir sus necesidades de control, como a regular sus emociones y así, liberarse del malestar que estas y algunos pensamientos le generan.

Normalmente, las personas que presentan esta problemática han tenido una vida complicada y no han tenido las herramientas necesarias para hacer frente a sus dificultades. Todas estas vivencias, han generado en ellas un malestar intenso que han intentado paliar y regular como han podido y les ha resultado eficaz, en este caso, hacerlo a través de la comida (realizando restricciones, dándose atracones o purgándose).

Como podemos observar, el trastorno alimentario cumple principalmente dos funciones en la persona:

  1. Les permite sentir una sensación de control al focalizar su atención en la alimentación y el cuerpo.

  2. Evitan de este modo enfrentarse a otros problemas importantes que presentan en su vida.

A corto plazo, este modo de comportarse les resulta efectivo, pues la persona al centrarse en esto deja de preocuparse por sus problemas y, por tanto, es capaz de seguir avanzando en su día a día; es más sencillo centrarse en la comida y el cuerpo – aspectos que están bajo su control – que mirar a aquellas dificultades que ha presentado o presenta en su vida y le genera dolor. Pero, pese a que a corto plazo le resulte eficaz, a largo plazo este trastorno acaba teniendo consecuencias nocivas en su salud, afectando a diversos ámbitos de su vida como el social y el laboral/educativo.


Para concluir, me gustaría compartir una metáfora que, personalmente, considero que ayuda a entender mejor a las personas con un trastorno alimentario.


Estás en la orilla de un río y una ráfaga de aire te empuja al agua. No sabes nadar, pero, por suerte, hay un tronco. Te agarras a él y pasas por los rápidos del río, hasta llegar a una zona tranquila donde no hay corrientes.

En ese momento intentas nadar hacia la orilla, pero te das cuenta de que sigues sin saber nada. Entonces te aferras con más fuerza a ese tronco.

En la orilla, aparecen personas que te animan a seguir intentándolo. Decides intentarlo, pero sin soltar el tronco; te animan a que sueltes el tronco e intentes nadar hacia allí. Pero tu sigues aferrada a él.

Para poder llegar a la orilla, es necesario que chapotees, te hundas, des vueltas alrededor del tronco, etc. Solamente así podrás dejar atrás el tronco, nadar y salir del agua.


El río sería la vida, con sus momentos de paz y caos. El tronco sería el trastorno alimentario, el cual aparece como un salvavidas para ayudarle a seguir sobreviviendo día a día, ayudándole a evadirse de las dificultades de su vida. Por último, la orilla y las personas serían la vida sin enfermedad, el tratamiento y la capacidad para regular y enfrentarse a las dificultades de la vida de una manera sana.


La persona tiene que aprender y entender que no puede seguir viviendo con el TA. Es cierto que le ha ayudado a sobrevivir durante mucho tiempo, pero, realmente no va a ser una herramienta eficaz a lo largo de su vida, pues al final, los brazos y las piernas se cansarán de estar agarrada al tronco y, no le permitirán seguir viviendo. Es por ello por lo que es importante enseñarle a la persona a desprenderse del tronco, y a adquirir los aprendizajes necesarios para nadar y llegar hasta la orilla, donde podrá seguir creciendo, aprendiendo y avanzando en su vida y su día a día.


“Es importante que aprendas a soltar ese tronco que te salvó la vida, pues ahora es él el que te impide seguir viviendo en paz”.



Miriam Pitarch Rambla, psicóloga de PSICARA




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