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DEJANDO DE DAR VUELTAS EN CÍRCULO: LA DESESPERANZA CREATIVA

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Esta semana trataremos qué hay detrás de la inercia que conduce a algunas personas a dar vueltas en círculo sobre el malestar y qué puede ayudarnos a frenar ese bucle.


Hay momentos en la vida de las personas en los que el sufrimiento se convierte en una constante. Cuando llevamos tiempo arrastrando emociones que vivimos de forma desagradable tendemos, de manera casi automática, a realizar actos que nos alejan (momentáneamente) de ese malestar. Esta forma de buscar vías de escape nos coloca en un lugar en el que intentamos huir a toda costa de aquello que nos daña. Esto parece lógico, podríamos pensar que el sufrimiento y el ser humano actúan como los polos sur de dos imanes: se repelen.


¿Con cuánta energía, insistencia y empeño evitaste sentirte mal la última vez que esto te ocurrió? Todos, en alguna ocasión, hemos tratado de escapar. Sin embargo, al igual que quien lucha contra arenas movedizas intentando no hundirse a pasos agigantados, el sufrimiento parece no irse y cada vez quedamos más atrapados en él.


Me gustaría que pienses en aquellas estrategias que pones en marcha actualmente para silenciar tu malestar. Cuando caemos en la cuenta del fracaso de dichas estrategias se puede instaurar en nosotros la desesperanza. Perder la esperanza suena doloroso de por sí, por lo que sentirlo, puede llegar a ser desgarrador. En este punto, en el de la desesperanza, es donde debemos esclarecer hacia qué hemos perdido la “fe”: ¿me siento desesperanzado conmigo mismo? ¿es ante la posibilidad de creer que no volveré a ser feliz? ¿o quizá la desesperanza aparece fruto de que lo intentado hasta el momento, como mover los brazos y las piernas incansablemente en las arenas movedizas, no ha funcionado?


En nuestro día a día no transitamos solos. Llevamos la mochila llena de miedos generados en el pasado, de pensamientos distorsionados sobre la realidad que nos rodea, de angustia sobre lo que vendrá, de barreras y limitaciones, de “porqués” y de formas de actuar que nos limitan. Entonces, ¿cómo ver luz cuando, aparentemente, está todo apagado?


Tenemos miedo a sentir el dolor y, para intentar no conectar con él, ponemos barreras. El conflicto interno que nos genera estar sintiendo una emoción, como la tristeza, y aparentar otra diferente, como el entusiasmo, nos pasa una factura cara: nos atrapa en la tristeza y nos aleja de aquello que queremos ser, de aquello que es importante para uno mismo.


Byung-Chul Han, filósofo surcoreano, asegura que impera un miedo generalizado al sufrimiento: “Vivimos en una sociedad de la positividad que trata de librarse de toda forma de negatividad. El dolor es la negatividad por excelencia. [...] La sociedad paliativa es además una sociedad del me gusta. Es víctima de un delirio por la complacencia. Todo se alisa y pule hasta que resulte agradable. El like es el signo y también el analgésico del presente. Domina no solo los medios sociales, sino todos los ámbitos de la cultura. Nada debe doler. No solo el arte, sino la propia vida, tiene que poder subirse a Instagram, es decir, debe carecer de aristas, conflictos y contradicciones que pudieran ser dolorosos.”


La desesperanza creativa, por tanto, nos muestra que los intentos de control de nuestros eventos privados (pensamientos, sentimientos, emociones, etc.) no son estrategias efectivas para reducir el malestar y que, paradójicamente, generan todo lo contrario: aumentan el sufrimiento psicológico.


Quizá sea el momento de cambiar el “modus operandi” que arrastramos desde hace tiempo para probar un nuevo enfoque: permanecer en las arenas movedizas sin revolcarnos en ellas. Cambiar el enfoque ante el sufrimiento no implica necesariamente que vaya a ser fácil. Supone dejar de dar vueltas en círculo: abrazar el malestar, asumir que está ahí, que no es viable intentar escapar del dolor y que permitir que aparezca es el primer paso para sanar. En la desesperanza creativa, el apellido “creativa” será el que nos permitirá crear nuevas realidades.


Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso se plantea que convivir con nuestras dificultades puede ayudarnos a elevarnos sobre ellas. La vida es más que los síntomas desagradables que experimentamos. No sólo somos nuestros síntomas. Por tanto, mientras evolucionamos de la mano de aquello que pensamos, sentimos y hacemos, independientemente de si esto es agradable o desagradable, conviene no olvidar la dirección que tomamos, siempre dirigiéndonos hacia lo que es valioso para nosotros.



Realizado por Berta Maté Calvo

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