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EL PODER DE LA MÚSICA

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hoy dedicaremos unos minutos a alardear sobre un elemento que nos ha acompañado en este camino que es la vida, la música.


La música lleva existiendo tantos como años tiene el ser humano. Es fascinante cómo han ido evolucionando los estilos musicales, la diversidad de formas que tenemos de producir música y qué hacer con ella (ya sea bailar, cantar, desconectar y volver a conectar, sentir, dejarnos llevar, intensificar un momento, transportarnos a instantes pasados, compartir con otras personas…). La música parece que hace magia en los seres vivos, pero ¿qué hay detrás de todo esto?


“La música es proveedora de sensaciones placenteras, es capaz de endulzar nuestras vidas y en un crescendo orquestal, puede hacernos derramar lágrimas, alegrías y provocar sensaciones tan variadas que modifican la conducta y el comportamiento” (Aguilar, 2006).


La musicoterapia se ha empleado de manera complementaria a muchos tratamientos médicos. Ha demostrado su eficacia en la mejora del bienestar emocional y la calidad de vida de los pacientes con demencias, en pacientes con Párkinson ayuda a mejorar la marcha o aspectos relacionados con ella, se ha empleado en la disminución del dolor y la ansiedad que aparecen con enfermedades crónicas y en procedimientos quirúrgicos. Todo ello se basa en cómo la música ayuda a mejorar el estado de ánimo y, por ello, también es empleada en trastornos de ansiedad como en depresión (Alarcón y Breinbauer, 2023).


La base de todo esto reside en la acción que la música genera en nuestras regiones cerebrales. El proceso de la musicoterapia no consiste en encontrar la melodía perfecta, el ritmo adecuado o emitir un sonido sublime. No tiene nada que ver con esto, tiene que ver con cómo la música es una técnica de comunicación, concretamente expresiva y creamos un lenguaje con ella. Gracias a ella, el cerebro emplea millones de conexiones neuronales en diferentes partes de la corteza cerebral, activa recuerdos, fomenta la imaginación y creatividad, y potencia y expresa aquello que llevamos dentro mediante esa música (Aguilar, 2006).


Ya hemos visto el “poder” que estos estímulos musicales son capaces de evocar en el cerebro. Llevándolo a la práctica, hay algunas personas que cuando tienden a ponerse nerviosas cuando están conduciendo, ya sea por la poca experiencia al volante o por la inseguridad que la carretera les da, y cuando aparece una canción que conocen y les gusta, ese nerviosismo queda tapado y automáticamente se les genera un estado de tranquilidad. Esto podría pasar porque ante algo que no controlamos, como es la carretera y sus imprevistos, el hacer o conocer algo que ya sabemos cómo va a desarrollarse (como puede ser la letra de una canción o cómo va variando la melodía) hace que esa sensación de no control disminuya por algo que sí controlamos como es esa canción.


Por otro lado, la música es capaz de generar diferentes estados de ánimos, como si de una hormona se tratara. ¿No te ha pasado alguna vez que estabas muy contenta o contento y, de repente, aparece una canción que tenías con tu ex y te viene un montón de pena o de

tristeza? O que estás en un momento de “bajona” y alguna amiga tuya te ha pasado una canción con la que sueles salir de fiesta y poco a poco la has ido cantando o bailando y te ha ido animando.


También hay sonidos que son capaces de generar un estado de concentración. Las ondas Alpha, sonidos con un determinado tono y muy constante con apenas variación, ayudan a la concentración, y muchas y muchos estudiantes lo emplean. Otros sonidos también pueden ayudar a relajarnos, los llamados “ruidos blancos”, son empleados para relajar a los recién nacidos (aunque los no tan recién nacidos podríamos emplearlo también). Estos son sonidos que tienen la misma intensidad de manera invariable y constante, es el ruido que tiene un secador, la campana de la cocina, el sonido que genera un autobús o un tren. Así que desde aquí os animamos a probar cada uno de ellos, para que puedas observar los efectos que tiene en tí.


Obviamente no estamos hablando de un súper poder, una canción no nos va a resolver nuestro problema. Estamos hablando de generar estados emocionales de una forma más puntual y, seguramente, sea más fácil lograrlo en situaciones en las que nuestro contexto no está pasando un problema muy grande.


La música es capaz de teletransportarse a muchos momentos o situaciones pasadas y generarnos un sinfín de estados anímicos. Teniendo algo tan rico, gratuito y tan bonito, ¿por qué no usarla?



Alba Nicolás Agustín, psicóloga de PSICARA

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