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EL PODER DE LOS VÍNCULOS AFECTIVOS

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la psicología. A través del artículo de hoy pretendo concienciar de la importancia que los vínculos afectivostienen en nuestro desarrollo vital, un aspecto determinante en nuestra forma de vivir con nosotros y con los seres que nos rodean a lo largo de nuestra vida.


No es difícil oír hablar del apego y de las relaciones afectivas hoy en día, sobre todo porque es un tema que suplica a gritos una atención y cuidado urgente. Pero paradójicamente, a pesar de estar “en boca de todos” su descuido se hace fácilmente evidente. Cada día me encuentro con más frecuencia una considerable dificultad y malestar en las personas en lo que se refiere al establecimiento de relaciones afectivas, si es que logran llegar a establecerlas. La liquidez con la que las relaciones (y la vida en general) se están cubriendo es un tema candente y a la vez peligroso, pero dejando de lado la realidad que prima hoy día en la sociedad, hagamos un análisis de los factores que pueden estar influyendo en esta problemática. Vayamos al origen para poder comprender con una perspectiva más amplia el modo en que nuestros patrones relacionales aprendidos desde la infancia, a través de la creación de los vínculos de apego, están determinando la realidad actual.


Para ello tenemos que rebobinar en el tiempo, poniendo el foco en el tipo de apego que desarrollamos desde el nacimiento hasta nuestros días, en los vínculos afectivos establecidos y en el patrón relacional aprendido.


La creación de un vínculo caracterizado por un apego segurodesde la infancia es fundamental para florecer en la persona una de las semillas imprescindibles en su bienestar psicológico, la seguridad. Nutrir de seguridad a la persona será el motor que le permitirá desarrollarse a lo largo de la vida con firmeza y garantía, teniendo la sensación de protección. El tipo de apego será determinante en la forma en que esa persona aprenderá a vivir en el mundo, a relacionarse con los demás y consigo misma. Engendrar desde temprano un apego seguro, donde el infante tenga la certeza de que cuando vea amenazada (de forma real o imaginaria) su seguridad (y, por lo tanto, su supervivencia) esa persona con la que se ha vinculado estará allí para protegerlo, es el germen necesario que dará fruto al desarrollo de una persona adulta segura, autónoma y resiliente.


Según Bowlby y Ainsworth, dos eminencias en este campo, el sistema de apego se moviliza cuando una amenaza llama a la puerta y se requiere de la proximidad del cuidador, pero, una vez seguro, ese sistema se desactiva y puede retomar su dinámica exploradora del mundo. Esa es la base del apego seguro. Este es nuestro legado evolutivo. Encargarse de que, cuando nos sintamos amenazados, nos acerquemos a una base segura real o imaginaria.


El cuidado de los vínculos desde una edad temprana influirá en todas nuestras esferas vitales, pues determinará la manera en la que hemos aprendido a vivir. Es un pilar fundamental en el desarrollo de nuestra forma de relación intrapersonal. La manera en que nos relacionamos con nosotros mismos, nuestra capacidad de autoconsciencia, autorregulación y autocuidado se ve directamente vinculada.


En cambio, si por el contrario nos creamos en un apego inseguro, éste puede comprometer nuestro desarrollo tanto social como intelectual en la infancia así como ser un factor de riesgo para la salud física y mental del adulto en su futuro. Hechos que afirman los resultados de algunos estudios como los ACE [Adverse Childhood Experiencies] (Felitti et al., 1998), los cuales comprobaron cómo las experiencias infantiles adversas (abuso, negligencia, etc.) aumentaban la probabilidad de que la persona experimentase efectos negativos en su salud física y mental.


Teniendo en cuenta lo comentado hasta aquí y las características que destacan en las personas seguras (placer compartido, transparencia emocional, expresión facial positiva, atención mutua, etc.), no es de extrañar el hecho de que las parejas más seguramente apegadas funcionen mejor que su contrapartida, parejas inseguras, reduciendo el número de discusiones, la violencia familiar y aumentando la duración de la relación.


El mundo cada vez ve más pero mira menos, las personas cada vez vemos más pero miramos menos, nos vemos más pero nos miramos menos. Y, si en algún caso miramos, la dirección tiende a ser egocéntrica e individualizada, con desconfianza e inseguridad.


El rostro afable y sonriente de una madre, el mejor punto de partida del apego seguro. El rostro aceptador y amoroso simboliza el fundamento interior seguro necesario para afrontar los horrores, las pérdidas, las culpas, las vicisitudes, los contratiempos y las adversidades que necesariamente nos depara la vida.

No hay tiempo para ver, a plena luz del día,

arroyos cuajados de estrellas como el firmamento nocturno,


ni tiempo para vislumbrar la Belleza

y ver cómo bailan sus pies


ni tiempo para observar cómo su boca engalana la sonrisa

que esbozan sus ojos.

Miserable vida esta, llenos de ansiedad,

sin tiempo para detenernos y mirar.

W.H. Davies: "Leisure"


Beatriz Gonzalvo Iranzo, psicóloga de PSICARA y coordinadora de la sección PsicoYoga y Meditación

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