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EL TIEMPO TODO LO CURA. ¿O NO?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA (Psicología Aragonesa en Acción) abordamos temas y curiosidades relacionadas con la psicología. Esta semana vamos a hablar sobre el proceso de duelo.


En primer lugar, te invito a reflexionar acerca del número de pérdidas que se han sucedido a lo largo de tu vida (materiales, mascotas, amigos, familiares, de empleo, de salud…). En este artículo nos centraremos en las pérdidas de personas importantes para nosotros y nosotras. Quizás hayas perdido a alguien importante a lo largo de tu vida o, simplemente, te interese seguir leyendo por el hecho de que todo el mundo, más pronto o más tarde, vamos a tener que bajar de este tren que es la vida y, probablemente, aunque no sea de nuestro agrado, también veamos a seres queridos hacerlo.


Los seres humanos somos sociales por naturaleza y a lo largo de nuestra vida construimos relaciones y establecemos vínculos con los demás. Al perder a las personas con las que hemos establecidos tales vínculos aparece el proceso de duelo. Se entiende por duelo toda sensación de pérdida sin posibilidad de recuperación y al proceso que se lleva después de la misma. Se puede ver como un proceso de adaptación que conlleva tiempo y cambios, no exento de dolor y que supone aceptar una dura realidad en la que esa persona ya no está a nuestro lado, una realidad diferente a como quisiéramos. El duelo tiene como función elaborar el impacto de la pérdida e integrar ese sentido de nuevo en nuestra vida.


Este proceso es individualizado y no existe un tiempo estándar de duración, varía de una persona a otra, cada una con su ritmo e influyendo las circunstancias de vida en las que se encuentre. A lo largo del duelo se experimentan gran cantidad de preocupaciones, malestar y emociones, siendo la tristeza la principal protagonista.


En este punto quiero hacer referencia a un dicho popular que supongo has escuchado y con el que he dado título a este artículo: “el tiempo todo lo cura”. Y sin desprestigiar al autor/a de dicha ocurrencia o a su buena intención debo comunicar que se trata de un mito. El tiempo por sí solo no ayuda, puede cronificar los problemas o incluso cambiar el ritmo de este proceso. Para que el tiempo pueda resultar útil, es importante que vaya acompañado por una serie de herramientas que tenga la persona que le ayuden a pasar por este proceso, en el que el papel principal lo tendrá la persona y sus recursos, y no el tiempo en sí mismo.


Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros que no sea dejar que el tiempo pase? Desde la perspectiva de William Worden, la persona que atraviesa este proceso toma un rol activo en el que toma sus propias decisiones y establece significados. Propone cuatro tareas que podemos hacer personalmente por intentar superarlo y producir un cambio. La primera de ellas es aceptar la realidad de la pérdida, aceptar que esa persona ha fallecido, hablar en pasado de ella, notar su ausencia y las emociones intensas que nos invaden. Como segunda tarea, nombra dar expresión a los sentimientos y abrirse al dolor, permitiéndonos sentirlo en nuestro interior y expresarlo a los demás. La tercera tarea es revisar nuestro mundo de significados, adaptándonos a la realidad de la pérdida y al vacío que deja esa persona. Y, por último, la cuarta tarea sería recolocar al difunto, reconstituir la relación, aprendiendo a dominar los recuerdos y que no sean ellos los que nos controlen a nosotros y nosotras.


Actualmente, momento en el que el coronavirus ha hecho que estar en casa sea la mejor opción para no poner en riesgo nuestra salud ni la de los demás, también ha hecho que muchas familias estén pasando por momentos de pérdidas muy intensas. En estos casos el duelo se torna ambiguo, un duelo que permanece sin aclarar al tratarse de una situación muy confusa en la que ni siquiera se poseen los restos de la persona ni se tiene la posibilidad de realizar una despedida. Con esto quiero hacer referencia a que el proceso de duelo es social, ya que conlleva rituales culturales simbólicos, como los funerales y todo el apoyo social y emocional que se recibe en ellos a partir de los cuales suele iniciarse este proceso. Y en este momento muchas familias no están pudiendo ni realizar esos rituales ni recibir ese apoyo social tan importante. Para sobrellevar la situación se recomienda adaptar los ritos en los domicilios que nos ayuden a expresar nuestros sentimientos y el dolor: compartir espacios virtuales con familias y amigos, poner una canción en su honor, publicar en las redes sociales o escribir una carta expresando tus sentimientos, con aquello que te hubiera gustado decirle y recordando momentos y anécdotas que compartisteis.


Hay quien dice que el duelo es el precio que pagamos por amar, pero si es así, desde mi humilde opinión, merece la pena. Expresa tus emociones, permítete experimentarlas y no temas olvidar a esa persona porque siempre ocupará un lugar importante en tu corazón y en tu memoria.


Para terminar, dejo por aquí unas palabras que Jorge Bucay comenta en su libro el camino de las lágrimas:

“Que nuestra condición en el mundo es implacablemente pasajera; que no importa cuán listos seamos, a veces nos toca perder, y que en ocasiones somos tremendamente incapaces de ofrecer a nuestros seres queridos o a nosotros mismos la protección necesaria contra el peligro, contra el dolor, contra el tiempo perdido, contra la vejez, la enfermedad y la muerte”.



Yaiza Senar Gutiérrez

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