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ESTAS NAVIDADES REGÁLATE AUTOCOMPASIÓN

Bienvenidas y bienvenidos al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. En el día de hoy hablaremos sobre la autocompasión, en qué consiste y las falsas creencias que existen alrededor de este concepto.


¿Qué dirías que es la “autocompasión”? ¿te puedes hacer una idea de en qué consiste? Date unos minutos para pensar en la respuesta, qué evoca en ti, qué te sugiere…


Probablemente, a muchas y muchos de vosotros os haya sugerido ideas en relación con el victimismo, con la pena, la lástima, con “¡ay, pobrecito o pobrecita!”… Es muy común que haya cierta confusión y tendencia a pensar de este modo, pero nos estaríamos confundiendo con el hecho de compadecernos. Si tu respuesta ha ido por esta línea, te diré algo que te sorprenderá: no tiene nada que ver.


La autocompasión es entendida desde la filosofía budista como la forma en la que escuchamos nuestro propio dolor y el dolor de los demás desde el amor y el cariño. Entendiendo el sufrimiento como una parte inherente al ser humano, comprendiendo que la vida no es lineal, sino que hay ocasiones en las que nos trae experiencias y momentos dolorosos y difíciles de llevar, asumiendo que son incontrolables pero naturales. Desde esta perspectiva, ejercer la autocompasión tiene muchos beneficios, entre otros, nos permitirá tolerar mejor el malestar y nos alejará de sentir y buscar culpas.


Es natural que en los momentos más difíciles no queramos conectar con lo que está ocurriendo o, incluso pase justo lo contrario, que nos adentremos de lleno en lo que está ocurriendo y no podamos ver más allá. Pues bien, la autocompasión es justo ese punto intermedio que hay entre ambos extremos. Se trata de la habilidad de conectar con nuestras emociones, afirmando que estamos experimentando sufrimiento, declarando nuestra intención de ser amables, pacientes y aceptarnos a nosotras y nosotros mismos. Sin llegar a rozar el límite de meternos de lleno en la piscina de las emociones y pensamientos difíciles que nos hagan verlo todo desde dentro del agua, con poca perspectiva.


Conectar con nuestras propias emociones y pensamientos desagradables es el primer paso. Sin conocer lo que nuestro cuerpo nos quiere decir difícilmente podremos observar y saber cuáles son las necesidades que el momento requiere ni lo que necesitamos personalmente. Aunque seguramente empezar a sentir emociones tan duras, a corto plazo nos puede resultar muy costoso y complicado, pero a largo plazo obtendremos más beneficios de lo que pensamos.


Otras de las pautas que te proponemos para empezar o seguir practicando la autocompasión son las siguientes: poner atención en el momento presente, ser bondadoso y bondadosa conmigo misma y validar mis emociones. A continuación, os desarrollo la explicación de cada una:


Podemos practicar la atención consciente en el presente, puede que nos quedemos enganchadas y enganchados en nuestros pensamientos del pasado “lo que hicimos o dejamos de hacer” y/o en el futuro “lo que puede que pase”, entrando en bucles sin salida y sin solución. No podemos cambiar el pasado, por mucho que nos duela, ni podemos controlar el futuro. Gira tu atención hacia lo que tienes delante de ti, el presente, puede que sea tu madre, tu pareja, el paseo que te habías propuesto dar, saborear la comida que estás tomando, la tarea del trabajo, etc. Pero irte hacia atrás y hacia delante de nada te va a servir más que para alejarte de lo valioso que te está ofreciendo la vida en tu presente (que puede convertirse en una queja del futuro por “no haber estado presente”).


Ser bondadosa/o y amable contigo mismo. Imagina un momento duro de tu pasado y párate un segundo a reflexionar sobre qué tipo de mensajes te decías en aquel momento. Repito, párate unos minutos y, entonces, continúa leyendo.


Una vez que seas consciente de las cosas que te decías en aquel o aquellos momentos te planteo otra pregunta: ¿le dirías eso que te has dicho a tu mejor amiga o amigo?, ¿qué le habrías dicho a él o ella si se encontrara enfrentándose a una situación difícil y estresante? Somos nuestro propio enemigo, es increíble lo rápido y fácil que puede salir este látigo tan dañino que solo empleamos con nosotras y nosotros mismos. Tenemos que cuidar nuestro diálogo interno, tratando de mitigar la dureza y la autocrítica destructiva. Mira a ver qué le dirías a tu amiga o a tu familiar en una situación parecida y prueba a decírtelo a ti misma.


Valida tus emociones. Tus emociones, al igual que cualquier órgano de nuestro cuerpo, están ahí y van a aparecer cuando les toque aparecer, ni más ni menos. No podemos intentar dejar de sentir, al igual que no podemos dejar de escuchar algunos pensamientos automáticos. Te invito a otra prueba, te pido que ahora mismo: no pienses en un ELEFANTE ROSA, no pienses en su trompa larga, no pienses en su piel arrugada, trata de no fijarte en sus orejas grandes… ¿Cuál es el resultado? Evidentemente, has estado observando constantemente al elefante rosa. Lo mismo pasa con las emociones cuando intentamos reprimirlas y, encima, no solo no las dejamos de sentir sino que se intensifican en su fuerza. Las emociones y los pensamientos son incontrolables. Una vez sabido esto, lo que sí podemos controlar y está en nuestra mano es ver qué es lo que puedo hacer aún con ellas presentes, ¿qué tengo delante de mí? ¿qué toca ahora? ¿dónde está ahora mismo lo importante? y volver a centrarme en el presente, en lo que la vida me está poniendo delante y no quedarnos enredadas y enredados en eliminar y disminuir emociones o pensamientos desagradables.


La práctica de autocompasión es una habilidad y, al igual que todas las habilidades, se pueden entrenar y aprender. Como toda práctica, al principio puede resultar un tanto raro o extraño, ya que quizás nunca lo habías hecho antes. Quizás al ser una práctica psicológica sea más complicado de ver, pero esto es como el primer día que llegas al gimnasio, al principio no tendrás ni idea de qué máquina te conviene, ni de cómo usarlas, ni de dónde está cada una… Los primeros días y semanas tendrás agujetas, molestias corporales, incluso podrías llegar a hacerte algo de daño si no sabes muy bien cómo hacer los ejercicios. Pero al cabo de un tiempo, ya sabes qué ejercicio toca cada día y tu cuerpo no se verá tan resentido, es entonces cuando, a su vez, empiezas a ver los primeros resultados. Pues en este tipo de prácticas pasa exactamente lo mismo… y es que el hábito hace al maestro.



Alba Nicolás Agustín, psicóloga de PSICARA

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