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INTELIGENCIA EMOCIONAL, Y TÚ, ¿QUÉ PUNTÚAS?

Bienvenido al “Rincón de la Psicología”. Un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA (Psicología Aragonesa en Acción) abordamos curiosidades relacionadas con la psicología. Esta semana, hablaremos sobre Inteligencia Emocional (IE).


Te planteo a continuación unas preguntas: ¿qué es para ti la IE? ¿existe? ¿podemos aprenderla? Si se te administrara un cuestionario de IE, ¿qué puntuación crees que obtendrías? ¿Te atreves a contestar las preguntas o primero leemos el artículo?


Para empezar, tenemos que saber cuál es la definición de IE. Se entiende por IE: “la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, la para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual” (Mayer y Salovey, 1997, p. 10).

Es decir, la IE está compuesta por cuatro partes: Percepción Emocional, Facilitación Emocional, Comprensión Emocional y Regulación Emocional.


Para entenderlo mejor, nos podemos imaginar un triángulo en forma de pirámide dividido en cuatro partes. En el cual para tener una máxima puntuación en IE tenemos que llegar hasta el vértice del triángulo. En la base del triángulo estaría la primera parte, la Percepción de Emociones. En ella se identifican las emociones propias y las de los demás, recibiendo información del entorno. Lo hacemos a través de cómo nos sentimos, del rostro, la voz o la postura de otros. Por ejemplo, si nuestro mejor amigo se acerca llorando y con cara de pena, podemos identificar que puede estar triste.

En la segunda parte del triángulo, tenemos la Facilitación Emocional, en la cual las emociones que hemos percibido anteriormente nos influyen en lo que pensamos. Al ver a tu mejor amigo con una expresión de tristeza, a ti te afecta, y cambia tu estado de ánimo y te predispone a preocuparte por él, preguntarle y ayudarle. Cuando comprendemos qué pasa al experimentar una emoción, pasamos a la tercera parte del triángulo, la Compresión Emocional. Con el mismo ejemplo, podemos pensar que nuestro amigo está triste porque le ha podido ocurrir algo malo, pero no malinterpretamos la situación ni sacamos las cosas de quicio. Antes de hacerlo, es importante que seamos capaces de preguntar cómo, cuándo y dónde, sin herir a la persona afectada y sin hacer sentir que sus emociones no tienen valor.

Y ya, por último, la fase que nos puede resultar más complicada, la Regulación Emocional. Ésta se caracteriza por saber manejar nuestras emociones y las de nuestro entorno. La información emocional que recibimos nos ayuda a tomar buenas o malas decisiones, por eso es tan importante aprender a no explotar cuando uno está muy enfadado o no reprimir o ignorar los sentimientos cuando estamos tristes por cierto suceso. Cuando tu mejor amigo te cuenta lo que le ha sucedido tú quieres ayudarle, pero para ello, debes manejar las emociones que experimentas, siendo capaz de prestar tu apoyo.


Se ha estudiado que altos niveles de IE se muestran como buenos predictores de salud física y psicológica (Tsaousis y Nikolaou, 2005). Es necesario para nuestra vida disponer de capacidades emocionales y sociales que nos permitan adaptarnos eficazmente a nuestro entorno para sentirnos más satisfechos con nosotros mismos y tener mejor salud física y psicológica.


Podemos concluir que, si disponemos de unos niveles altos de IE, tenemos un buen dominio de de nosotros mismo, a través de la autoconciencia y la autorregulación, poseemos habilidades personales y sociales como la empatía y, además, somos capaces de relacionarnos adecuadamente. Por otro lado, si no disponemos de estas habilidades, podemos entrenarlas y potenciarlas, llegando hasta la parte más alta de la pirámide.


¿Recuerdas las preguntas que te hicimos al principio? ¿crees que ahora podrías contestarlas? Este es un buen momento para plantearte si eres bueno en IE y, si crees que no lo eres, no te preocupes, este puede ser un buen punto de partida para empezar a entrenarla.



Noelia Ferrer Ber

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