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¿LA MASCARILLA NOS HACE PARECER MÁS ATRACTIVOS?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Esta semana os traemos una de las curiosidades del año: ¿la mascarilla nos hace parecer más atractivos?


La mascarilla se ha convertido en un complemento más de nuestro día a día. Ya no se nos olvida en casa tanto como los primeros meses y está completamente interiorizada en nuestra vida. Tanto es así, que hasta en ocasiones nos resulta extraño ver a personas sin ella en series o películas. Incluso Disney podría plantearse una nueva trama bajo el título de “La bella y la máscara”. Esta nueva invitada no solo ha cambiado la manera de relacionarnos con los demás, sino que también ha alterado la forma en la que percibimos los rostros de las personas de nuestro entorno y… ¡sorpresa! la cara de tu nuevo compañero de trabajo no es lo que te esperabas…. Sí, sé lo que estás pensando: “a mi también me ha ocurrido”.


¿Pero qué está pasando aquí? Digamos que nuestro cerebro tiende a rellenar los espacios vacíos cuando la información que percibe es incompleta; por ello, al ver un rostro desconocido que únicamente tiene visible los ojos, se hace una idea general de cómo realmente es esa cara. Pero aquí ocurre algo curioso: en este caso, aquellos huecos que quedan vacíos, tendemos a rellenarlos con algo deseable para nosotros, con algo que nos resulta atractivo. Por lo tanto, aunque soy consciente de que yo no soy ni Brad Pitt, ni George Clooney, el momento en el que estoy más cerca de parecerme a ellos es cuando llevo puesta mi mascarilla.


Entonces… ¿realmente la mascarilla nos está haciendo parecer más atractivos? Según las primeras investigaciones sí. Hace poco, el Temple University’s College of Public Health y la Universidad de Pensilvania publicaron un estudio realizado con 500 participantes a los que se les presentaban dos fotos de diferentes personas: una con mascarilla y otra sin ella. ¿Qué pasó? Que, por lo general, juzgaron como más atractivos aquellos rostros que portaban la mascarilla.



Una de las características principales que determinan que una persona nos parezca atractiva físicamente es su simetría facial y que sus rasgos entren dentro del “promedio” en tamaño y forma. ¡Oh, vaya! Precisamente lo que hace la mascarilla es ocultar posibles asimetrías en zonas como la nariz, la boca, los dientes o la barbilla. Por lo tanto, percibimos los rostros menos imperfectos de lo que realmente podrían ser y, por ende, más atractivos. Ahora todo empieza a cobrar sentido ¿no?


¿Y esto nos ocurre con todo el mundo? Realmente no, ya que como es de esperar, notamos mucha más mejoría en aquellas personas que sin la mascarilla nos resultan poco atractivas. Además, esto nos pasa principalmente con las que vemos por primera vez, puesto que las que son conocidas para nosotros ya sabemos realmente cómo son y nuestra imaginación no entra en acción. También influyen mucho los ojos de la otra persona, ya que si la única parte visible que percibimos de su rostro nos resulta atractiva, será mucho más fácil que lo generalicemos al resto de sus rasgos. Pero vayamos un poco más allá…


Las partes de la cara que tapa la mascarilla no son únicamente determinantes para el atractivo, sino que también lo son para la lectura emocional de los demás, puesto que constituyen áreas del rostro fundamentales para la expresión emocional. Y si nuestra mente nos está engañando con el atractivo de las personas ¿ocurre lo mismo con las emociones? Según indican los primeros estudios al respecto, sí, y esto está dificultando la interacción social. En este caso, es la Universidad de Bamberg de Alemania la que nos trae algunos de los primeros hallazgos: a causa de la mascarilla, el reconocimiento emocional se ve mermado y aparecen errores como, por ejemplo, evaluar emociones como la alegría, la tristeza y la ira como neutrales, o malinterpretar el asco como si fuera ira. Imagínate el lío que se puede armar si aparece un estímulo frente al que sientes asco, pero tu entorno interpreta que te estás enfadando. Un caldo de cultivo perfecto para los malentendidos.


Justo en el momento en el que las interacciones sociales se han vuelto más complicadas, nos encontramos con un escenario en el que vamos a conocer a personas a las que posiblemente nos imaginemos diferentes a como son en realidad y con las que quizás cometeremos errores al confundir sus emociones. Además, por el momento hemos perdido algo muy nuestro, porque no sé a ti, pero a mi me siguen faltando las sonrisas.


En un mundo que echa de menos las sonrisas

y que baila al ritmo de un virus que tiene a su corona por bandera,

cambian hasta las historias de príncipes y princesas,

porque, ¿qué habría sido de la Bella y la Bestia, si estos hubieran llevado mascarilla?



Javier Ibáñez Vidal, psicólogo de PSICARA




Referencias


Carbon, C. C. (2020). Wearing face masks strongly confuses counterparts in reading emotions. Frontiers in Psychology, 11, 2526. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.566886 Patel, V., Mazzaferro, D. M., Sarwer, D. B. y Bartlett, S. P. (2020). Beauty and the Mask. Plastic and Reconstructive Surgery Global Open, 8. https://doi.org/10.1097/GOX.0000000000003048


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