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LA PREGUNTA DEL MILLÓN: ¿QUÉ PUEDO HACER CUANDO ALGUIEN QUE CONOZCO TIENE CÁNCER?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Cada año, el cáncer es el protagonista del mes de febrero, puesto que el día 4 se celebra el Día Mundial Contra el Cáncer y el día 15 el Día Internacional del Niño con Cáncer, por lo que vamos a dedicar este espacio a aclarar qué hacer y qué no hacer cuando una persona te dice que le han diagnosticado de esta enfermedad.


Se estima que 1 de cada 2 hombres y 1 de cada 3 mujeres tendrá cáncer a lo largo de su vida. Estos datos tan impactantes nos recuerdan que prácticamente todos y todas, en algún momento, vamos a tener a alguna persona cercana diagnosticada de cáncer y es probable que no sepamos cómo actuar, por lo que es posible que te preguntes: ¿qué puedo hacer yo?


Mi intención es que este artículo sea eminentemente práctico, por lo que te voy a dar 22 breves recomendaciones que te podrán ayudar ante el diagnóstico de un ser querido. Pero antes de dar respuesta a tan ansiada pregunta, me gustaría aclarar que cada persona es única, por lo que estas recomendaciones hay que tomarlas como lo que son, unas pautas generales que no necesariamente son aplicables para todas las personas, pero que nos pueden ser de utilidad cuando no sabemos cómo actuar. Una vez dicho esto… ¡allá vamos!


1. No minimices ni invalides.

Por lo general, no sabemos cómo reaccionar ante el malestar de los demás, por lo que solemos recurrir a clichés carentes de contenido que lo único que hacen es invalidar cómo se siente la otra persona con frases como “¡ánimo, que esto no es nada para ti!”, “hay personas que lo pasan mucho peor” o “tienes suerte de que sea este tipo de cáncer”. Aunque es bueno tratar de animar en determinados momentos, es fundamental no decirle a la persona que mantenga siempre una actitud positiva, ya que podría interpretarse como una manera de minimizar las preocupaciones y el malestar emocional. Es normal que la persona esté triste y tenga miedo e incertidumbre.


2. Desmitifica la fortaleza y la valentía y no le obligues a mostrarse fuerte todo el rato.

En línea con el punto anterior, no es raro escuchar frases como “tú lo que tienes que ser es fuerte”, “tú puedes con todo” o “eres una valiente que nada te para” motivadas muchas veces por la industria de la positividad. Estas frases pueden suponer una carga adicional para el paciente, puesto que puede llegar a entender que exteriorizar su malestar es sinónimo de debilidad, y generarle un sufrimiento en silencio debido a que el entorno prácticamente le “fuerza” a ser “fuerte”. Porque claro, las personas fuertes no lloran y no se quejan. ¡Vaya patraña!


3. Aprende a escuchar.

Cuando alguien nos cuenta algo que nos impacta, es posible que no sepamos cómo reaccionar. Tenemos la sensación de que debemos responder con unas palabras mágicas, pero nos sentimos bloqueados y esto nos lleva a tirar de los clichés que ya hemos comentado, y precisamente lo que consiguen es el efecto contrario al que buscamos. Hay veces que el mayor apoyo que se puede ofrecer es escuchar. También, tenemos que aprender a tolerar los silencios, ya que permiten al paciente enfocar sus pensamientos y expresar mejor lo que está sintiendo. Cuando no sabemos qué responder, hay frases que nos pueden ayudar como “la verdad es que no estoy muy seguro de qué decir, pero quiero que sepas que estoy aquí para apoyarte” o “gracias por contármelo, si quieres hablar de ello, aquí estoy”. Lo importante es que la persona se sienta escuchada y que sepa que vas a estar ahí para ayudarla si lo necesita.


4. Ofrece ayuda concreta (y que sepas que puedes cumplir).

“Si necesitas algo me dices…” ¿Qué significa eso? Muchas veces estas frases son huecas, y se dicen casi automáticamente. Aunque pueden ser totalmente ciertas y tu intención es estar disponible cuando la persona te necesite, suele ser mucho más útil ofrecer ayuda con cosas más específicas como: “si quieres te puedo ayudar a hacer la compra”, “me puedo quedar los martes por la tarde con tus hijos” o “te puedo acompañar a la próxima revisión”.


5. Ayúdale a buscar ayuda, y búscala para ti también.

Hay entidades de referencia, como la Asociación Española Contra el Cáncer (para cualquier persona con cáncer en España) o ASPANOA (para cáncer infantil en Aragón), en las que se puede acceder a una gran cantidad de recursos gratuitos, como apoyo psicológico y social, y que nos pueden ayudar en un momento tan complicado como este. Ahí podemos encontrar grandes profesionales con vocación de ayudar a los demás, que estarán encantados de apoyar tanto a la persona con cáncer, como a sus familiares y amigos.


6. Identifica los propios miedos y que no sean ellos los que guíen nuestra relación con la persona.

El diagnóstico de cáncer de una persona cercana puede hacernos tomar conciencia de nuestra propia vulnerabilidad. Cuando oímos la palabra “cáncer”, automáticamente la asociamos a “muerte”, lo cuál nos puede generar miedos, preocupaciones e incomodidades. Esto es algo completamente normal, pero tenemos que ser conscientes de todo ello, para que estos miedos no determinen la relación con la persona y acaben distanciándonos de ella.


7. Muestra tu apoyo.

La persona con cáncer puede llegar a sentirse muy sola. Recibe el diagnóstico de una enfermedad que paraliza en menor o mayor medida su vida, mientras que el mundo que le rodea sigue girando a la misma velocidad a la que acostumbra. De hecho, hay ocasiones en las que personas del entorno se alejan por miedo a no saber cómo actuar, justo en el momento en el que más se les necesita. Además, muchas veces resulta complicado pedir ayuda cuando estamos mal, por eso tenemos que estar cerca.


8. No des consejos no solicitados.

“Tú lo que tienes que hacer es…”. Empezamos mal si adoptamos el típico rol de experto que da órdenes, ya que la persona puede sentir una presión adicional en un momento que ya es muy estresante de por sí. Además, gran parte de las veces que damos consejos, lo hacemos desde nuestra experiencia personal, y lo que ha sido bueno para mí, no necesariamente lo tiene que ser para ti. Por lo que dar buenos consejos cuando no eres tú la que está en la situación y circunstancias de la persona, es complicado.


9. No des recomendaciones médicas o tratamientos alternativos.

“He leído que las infusiones de (inserte aquí cualquier cosa) y la (inserte aquí cualquier pseudoterapia tremendamente peligrosa) ayudan a combatir el cáncer”. En un intento de ayudar, podemos empeorar las cosas si nos guiamos por todo lo que pone por internet o por lo que nos ha dicho Fulanito. El personal sanitario es el único encargado del tratamiento clínico del cáncer y solo teniendo claro esto podremos dejar la puerta cerrada a las pseudoterapias que tan libremente campan a sus anchas, y que en los momentos de desesperación de la gente es cuando tienen más fácil su vía de entrada. Esto es algo que tenemos que tener en cuenta tanto para el tratamiento médico como para el psicológico.

10. No es el cáncer, son los cánceres.

Aunque utilicemos el término “cáncer” de manera genérica, hay que ser conscientes de que no se trata de una única enfermedad, sino de más de 200 enfermedades y que cada persona lo puede vivir de manera muy diferente. Por ello, cada caso es un mundo y puede tener unas particularidades muy diferentes en comparación con otra persona que también esté pasando por un proceso oncológico.


11. No lo compares con otros tipos de cáncer.

“Mi vecina Puri del 4ºC tuvo cáncer de páncreas y uff… vaya tela… pero tú tranquila, que el cáncer de mama es un paseo comparado con ese”. Ligado completamente al punto anterior, hay veces que podemos intentar hacer comparaciones para tranquilizar a la otra persona, sin embargo, podemos caer en el riesgo de invalidar sus emociones. Puede que su cáncer por lo general sea menos letal, o que tenga mejor pronóstico que otros, pero es su cáncer y es su sufrimiento. Siempre hay personas que van a estar peor que nosotros, pero eso no nos consuela en los momentos de profunda tristeza. Y no, no es una suerte tener un tipo de cáncer y no otro.


12. Pregunta.

Quien mejor conoce la experiencia del proceso oncológico es la persona que pasa por la enfermedad. Por ese motivo es ella quien mejor nos puede guiar sobre cómo le podemos apoyar. Y para ello es fundamental preguntar y no dar las cosas por supuesto. Salvo que tengas una bola de cristal para adivinar el futuro, lo cuál dudo bastante porque entonces estarías en las Maldivas y hasta allí no llega el blog PSICARA (de momento).


13. Utiliza el sentido del humor, si la persona lo utiliza.

El humor es una herramienta que puede ayudar a amortiguar el malestar emocional y a liberar tensiones en determinados momentos. Sin embargo, tenemos que ser cautelosos, esperar a que sea el propio paciente el que tome la iniciativa y no hacer ninguna broma si no sabemos si a la persona le va a sentar bien.


14. No busques el morbo.

Ya hemos visto que está bien interesarnos por la persona y preguntarle cuando no sabemos cómo actuar. Pero lo que nos tiene que quedar muy claro es que, cuando le preguntemos algo acerca del proceso oncológico, el interés tiene que ser genuino por su saber cómo está y nunca para saciar nuestra curiosidad. Hay preguntas que no proceden o que no son adecuadas en determinados momentos. Antes de preguntar algo a la otra persona, pregúntate a ti mismo si lo estás haciendo por ti o por ella.


15. No te compadezcas hasta la incomodidad.

Comentarios como “ay pobrecico mío…” o “madre mía que pena más grande…” pueden hacer que la persona se sienta incómoda ya que le coloca en una situación en la que es alguien por la que sentir pena. Claro está que es adecuado mostrar tristeza y preocupación ante la noticia, pero compadecernos en exceso puede hacer sentir peor a la persona con cáncer.


16. No somos un espejito.

El cáncer y sus tratamientos pueden producir diferentes cambios físicos, pero no por ello tenemos que estar recordándoselos. Debemos evitar comentarios como “qué blanco estás” o “has adelgazado mucho”, ya que la persona seguramente ya será consciente de ello y no necesita nuestro recordatorio.


17. No busques culpables.

Cuando se recibe el diagnóstico, no es momento de buscar qué o quién tiene la culpa. Nuestra naturaleza nos lleva a intentar buscar una explicación a todo aquello que nos ocurre, pero a veces eso no es posible, y la búsqueda lo único que hace es retroalimentar el malestar que nos produce el “¿por qué?”.


18. Permítete expresar tus emociones también.

Al igual que es normal que el paciente esté triste, también lo es que tú lo estés. ¿Cómo no te va a afectar que a tu ser querido le hayan diagnosticado un cáncer? Permítete experimentar ese malestar, porque forma parte del proceso. Y aunque sí que es cierto que no es recomendable estar todo el rato maldiciéndose por ello delante del paciente, también puede haber momentos en los que poder exteriorizarlo con él y compartir esa tristeza.


19. Dale la oportunidad de hablar del tema pero que no solo gire en torno a ello.

Hay gente que no sabe cómo reaccionar ante el diagnóstico de un ser querido, y opta por hacer como si no existiera. Es bueno que el paciente encuentre en nosotros personas con las que puede hablar del tema. Aunque hay que encontrar el equilibrio y no estar sacándole el tema todo el rato para intentar que el cáncer no cope todas las conversaciones.


20. Respeta los tiempos.

Es esperable que el paciente tenga días buenos y malos, tanto física como emocionalmente y a lo largo del proceso pueden aparecer necesidades diferentes. Por ello, debemos respetar sus tiempos y su necesidad de compartir o de tener privacidad.


21. No le trates como un bicho raro.

Aunque es una situación a la que no estamos acostumbrados, tenemos que tratar de normalizarla en la medida de lo posible. No hay que tomar a la ligera los efectos secundarios de los tratamientos, pero debemos evitar la sobreprotección y animarle a hacer las cosas que sí que pueda. Por ello, es recomendable seguir invitando e incluyendo a la persona en los planes y actividades sociales, y que sea ella la que decida si asistir o no. Porque a pesar de que a mi amiga María le hayan diagnosticado cáncer, sigue siendo María: son personas normales que tienen una enfermedad.


22. El “final” no llega cuando se acaba el tratamiento.

Cuando el tratamiento se finaliza y la enfermedad se supera, la persona puede sentir que el mundo ha seguido su ritmo normal, que todo va muy deprisa, pero que ella avanza muy despacio. Muchos le van a decir que ahora tiene que estar bien y contenta, que ya todo ha pasado, pero pocos se van a fijar en las dificultades para reincorporarse al mundo laboral, en los posibles efectos adversos o en el temor a las revisiones y a que el cáncer vuelva a aparecer. La persona puede sentirse en este momento completamente abrumada e incomprendida, por lo que tenemos que tener claro que nuestro apoyo no finaliza cuando lo hace el tratamiento. En aquellos casos en los que el cáncer entra en una fase paliativa, también tenemos que tener en cuenta nuestros propios miedos, respetar y acompañar a la persona hasta el último momento.


Es posible que te hayas sentido identificado con algunas de las frases que no son recomendables, ya que todos en algún momento las hemos utilizado y lo hacemos con toda nuestra buena intención. Es normal sentirnos perdidos en situaciones así, y estas recomendaciones nos pueden ayudar a transitar el camino en el que vamos a acompañar a nuestro ser querido. Porque recuerda, es mucho más fácil recorrerlo cuando uno no está solo. Y para eso, tú eres importante.



Javier Ibáñez Vidal, psicólogo de PSICARA

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