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¿MI VOZ INTERIOR DETERMINA QUIÉN SOY?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. En el artículo de hoy vamos a tratar de acercarnos a nuestra voz interior para revisar de qué forma nos hablamos.


Todos y todas tenemos un Pepito Grillo dentro de nuestra cabeza. En el famoso cuento de Pinocho este personaje representa la conciencia, sin embargo, ese Pepito Grillo en la vida real nos cuenta muchas cosas, aunque no somos conscientes porque nadie nos ha enseñado a parar a mirar qué pasa dentro de nosotros y nosotras.


Solemos preguntar a los demás qué tal están, pero te pregunto a ti, ¿cuántas veces al día te paras a pensar qué tal estás? Es poco frecuente tener este hábito si no se trabaja o se entrena para que aparezca de forma habitual. Aquí es donde puede aparecer la siguiente pregunta, “¿y para qué voy a preguntarme qué tal estoy si yo ya sé si llevo un buen día o un mal día?” De acuerdo, podemos percibir si más o menos estamos bien o mal, pero lo que no es tan habitual es que seamos conscientes de qué pensamientos he tenido, qué emociones y qué sensaciones corporales he experimentado.


¿Por qué es importante identificar lo que pensamos y sentimos? Pongamos el caso de Paula, quien se ha dedicado a la hostelería la mayor parte de su vida. Todos los días tiene que lidiar con la atención al cliente, exposición a miradas y a la evaluación de su jefa, quien está controlando al personal en todo momento. Se podría decir que Paula trabaja en un ambiente que genera un nivel medio-alto de estrés. Un buen día en la hora de las comidas se le cae un vaso, y por su cabeza aparece el pensamiento “soy un desastre”, ella, por supuesto, continúa su trabajo ante la mirada de su jefa y del resto de clientes del restaurante. Entra a la cocina y se va sin uno de los platos de la mesa número 4, “se me ha olvidado otra vez el plato, soy una despistada”. Continúa su trabajo hasta el final del día. Llega a su casa y ve que tiene que recoger la vajilla “tendría que haber recogido esta mañana, soy una desorganizada”.


¿Qué concepto piensas que Paula tendrá sobre sí misma? Probablemente, por lo que has podido leer puedas responder que quizá Paula no tenga muy buena autoestima, no se sienta capaz de realizar ciertas tareas, etc. Son hipótesis que podemos crear sobre su situación, pero lo que se puede observar es que no se habla a sí misma con amabilidad.

Pongamos de nuevo la misma situación, pero modificando las verbalizaciones del Pepito Grillo de Paula:

  • Cuando a Paula se le cae el vaso, se dice a sí misma: “se me ha resbalado de las manos al llevarlas mojadas, qué vergüenza me ha visto todo el mundo, venga voy a por el cepillo y sigo”.

  • En la situación de olvidarse un plato para la mesa número 4, aparece la verbalización: “vuelvo rápido a cogerlo y lo llevo ahora mismo”.

  • Al llegar a casa: “qué pereza, tengo que recoger ahora porque esta mañana no me ha dado tiempo”.

En esta segunda ocasión la situación no cambia, pero si la voz interior de Paula. Las emociones desagradables de vergüenza y enfado consigo misma no cambian, pero no son tan intensas como si a la situación se hubiera sumado un Pepito Grillo dentro de su cabeza con falta de amabilidad hacia sí misma.


Si ahora nos ponemos a hacer hipótesis de cómo nos imaginamos a esta segunda Paula, quizá podemos pensar que tiene mejor autoestima y autoconcepto sobre sí misma o que puede que se sienta más capaz de afrontar situaciones adversas.


Estos pensamientos son solo palabras. Palabras dentro de nuestra cabeza. Palabras que al final acaban siendo acciones, formas de tratarnos a nosotros mismos. Estas palabras nos las creemos y, a veces sin darnos cuenta, empiezan a formar parte de nuestra personalidad. Si te repites muchas veces al día que no eres capaz, y no eres consciente de lo que te dice tu Pepito Grillo, es probable que acabes sintiéndote incapaz.


No podemos controlar ni cambiar las cosas que ocurren, ni tampoco dejar de sentir emociones desagradables, todas las emociones están ahí por algo. Sí podemos cambiar la intensidad con la que vivimos esas emociones o la forma de relacionarnos con ellas identificando, en primer lugar, cómo nos estamos hablando en cada momento. No podemos hacer cambios significativos en nuestro sentir y actuar sin mirarnos antes hacia dentro.


Te invito a parar de vez en cuando en tu día a día y preguntarte “¿cómo me siento ahora?, ¿qué estoy pensando?” Recuerda que tratarte de forma amable también es cuidar tu salud mental.



Nuria Latorre Latorre, psicóloga de PSICARA

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