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"NO SIEMPRE QUERER ES PODER" EL PROCESO DE CAMBIO EN LAS ADICCIONES

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología.

 

No es raro escuchar en la sociedad que las personas adictas a sustancias son unas “viciosas”. Y es que, en el imaginario colectivo, se suele igualar la adicción con un vicio o con una conducta voluntariamente desordenada. Es una realidad que existe un propio prejuicio fundado en comprensiones erróneas y desinformadas, y un gran estigma hacia este colectivo en nuestra sociedad.

 

Si la adicción fuera un “vicio” se entendería como un “fallo o defecto” que la persona si quisiera podría cambiar con mucho empeño y, en este caso, el famoso refrán “querer es poder” nos vendría como anillo al dedo. Sin embargo, si entendemos la adicción como lo que es, una enfermedad crónica, el refranero español estaría equivocado ya que no siempre querer es poder. Querer es tener motivación, interés y deseo de abandonar el consumo. Poder es tener las circunstancias, herramientas y recursos que materialicen el deseo. Por lo tanto, querer es fundamental, pero no suficiente.

 

Las causas del consumo son muy diversas y su mantenimiento y funcionamiento muy complejo. Cuando hablamos de adicción estamos hablando de que la vida de esa persona gira en torno al consumo de la droga, esto es el centro de su vida, y a pesar del daño y las consecuencias que está conllevando tanto para sí misma como para su entorno, el consumo persiste. Por tanto, reducir a ese “querer es poder” la recuperación de una persona con una adicción implica una gran frustración ya que en ese punto la persona sola, por sí misma no puede dejar de consumir y necesita ayuda para ello. Y quizá os preguntéis ¿por qué? si solamente es eliminar una sustancia, muerto el perro se acabó la rabia, ¿no? Y la respuesta es que esa persona ha aprendido a afrontar la vida y manejarse en ella a través del consumo, por tanto, el cambio no es únicamente consumir o no consumir, sino el abandono implica una serie de habilidades personales, un cambio en hábitos, nuevas formas de afrontamiento y de desarrollo emocional.

 

Todo esto no sucede de un día para otro, la persona no se levanta un día y dice “quiero dejar de drogarme” y se hace realidad. El cambio es un proceso continuo que lleva su tiempo y sus fluctuaciones. Prochaska y DiClemente diseñaron el Modelo Transteórico del Cambio que ha sido el más apoyado hasta la actualidad. Lo que hacen es diferenciar en cinco estadios los diferentes niveles de predisposición al cambio de las personas con una adicción:

(1)   Precontemplación: la persona no tiene intención de cambiar, no se cuestiona su situación, puede que no sea consciente del problema que tiene con el consumo y las consecuencias derivadas del mismo. En esta fase lo gratificante del consumo tiene más peso que los aspectos negativos.

(2)   Contemplación: la persona está ambivalente: por un lado, es más consciente del problema y comienzan a equilibrarse las consecuencias positivas y negativas del consumo, pero por otro, no existe un compromiso firme. Es decir, existe la intención de cambiar, pero no hay ninguna conducta que vaya en esa dirección.

(3)   Preparación: en este caso, la persona además de tener la intención realiza pequeños cambios en su conducta para abandonar el consumo, por ejemplo, disminuir la cantidad.

(4)   Acción: la persona deja de consumir drogas, cambia su conducta encubierta y manifiesta en relación al consumo, así como los condicionantes que afectan. Existe compromiso y conlleva gran esfuerzo y tiempo.

(5)   Mantenimiento: la persona intenta consolidar los logros y prevenir las recaídas.

 

No suelen avanzar de manera lineal, sino que suelen pasar varias veces por la misma fase hasta que consiguen mantenerse abstinentes. Esto viene a reflejar que los pacientes recaen en la mayoría de las ocasiones; por este motivo, la recaída se entiende como una parte del proceso de cambio.

 

Como anticipaba unos párrafos más arriba, la adicción no conlleva únicamente el consumo, sino también implica una forma de pensar, sentir y hacer. En este proceso de cambio, el aprendizaje de diferentes herramientas personales, de gestión emocional y de afrontamiento de la vida, adquiere un gran protagonismo. Uno de los cambios más importantes está relacionado con los valores personales. El otro día hablando de esto con una paciente, entre lágrimas me decía: “yo he perdido hasta lo más básico que hay que tener en la vida, el respeto… y ya no solo hacia las personas con las que convivo en el pueblo, que me dan más igual, también hacia mis padres y mis hijos que son lo que más quiero en este mundo y lo único que tengo… pero lo peor es que he llegado a perderme el respeto a mí misma y a no reconocer a la persona que veo en el espejo…”.

 

Una pregunta muy habitual que se hacen los pacientes es ¿volveré a ser esa persona que un día fui? Y es que la adicción resquebraja y deteriora la mayor parte de las áreas vitales y, dado que todos los esfuerzos están puestos en mantener el consumo, estrategias como la mentira, el engaño, la manipulación, el victimismo o el egoísmo es el pan de cada día. Por esta razón, como me decía esta paciente “necesito que me reeduquéis en otros valores porque quiero dejar de ser así y de hacerme y hacer daño, quiero volver a ser la hija que fui, la madre que se encargaba de trabajar y cuidar a sus hijos…”. Y en esa línea está enfocado el trabajo con este colectivo de personas: transformar el victimismo y la culpa en responsabilidad, pasar del ”estoy así por su culpa…”, “es que todo me va mal…”, “nadie me entiende…”, “yo no puedo hacer nada…” a “mi vida depende de mí y yo tomo decisiones”, “yo soy el responsable de mis actos y nadie puede responder por ellos”, “tengo el derecho a equivocarme y la responsabilidad de rectificar…” Transformar la negación o el autoengaño en aceptación, pasar del “yo controlo” o “no estoy enganchado” a reconocer que el consumo se ha ido de las manos y por eso está en este punto. Transformar la mentira y la manipulación en honestidad, las personas adictas tienden a ocultar lo que sucede, piensan o sienten, a decir las cosas a medias, a manipular cambiando el sentido de lo que sucede, a quitar importancia o a magnificar lo que pasa, para defenderse de algo o alguien, para conseguir lo que quieren, para no sentirse juzgados, para escapar y no afrontar los problemas… Es importante acompañar para modificar este patrón y dirigirnos a la honestidad y a la expresión de emociones, al decir las cosas como son, a pedir disculpas o pedir ayuda, a compensar el daño o las consecuencias, entre otras. Y sobre todo, es importante hacerlo con comprensión y sin juicio. 

 

La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo puedo cambiar

(Carl Rogers)

 

Jessica Esteban Arenas, psicóloga de PSICARA


Referencias bibliográficas: 


Becoña Iglesias, E., y Cortés Tomás, M. (2016). Manual de adicciones para psicólogos especialistas en psicología clínica en formación.


Prochaska J, DiClemente C. (1984). The transtheoretical approach. New York: Dow Jones.


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