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ORTOREXIA ¿Y ESO QUÉ ES?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. 


La alimentación forma parte de nuestro día a día, pues de ella adquirimos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita, fomentando así un correcto desarrollo y permitiéndonos obtener la energía necesaria para desempeñar las actividades diarias.


Debido a su papel fundamental, el interés y la preocupación por la alimentación ha ido aumentando. Se han elaborado ciertos métodos, como la pirámide alimentaria y el plato de Harvard, con la finalidad de aprender a categorizar los grupos de alimentos en función de la cantidad y la frecuencia en la que hay que consumirlos para una alimentación saludable, variada y equilibrada. Este interés por la alimentación aparece al observar que la alimentación se relaciona con la salud y el bienestar, pues se ha visto que llevar un estilo de vida saludable se relaciona con la reducción del riesgo de diabetes o enfermedades cardíacas, entre otras. 


Parece ser que preocuparnos y prestar atención a la alimentación aporta beneficios en la salud, pero ¿dicha preocupación puede acarrear algún problema? Veamos dos ejemplos:

Lara siempre se ha interesado por la alimentación, suele tener en cuenta tanto la pirámide alimentaria como el plato de Harvard para así incluir los nutrientes que su cuerpo necesita (hidratos, proteínas, grasas y vitaminas y minerales). Siempre escucha a su cuerpo, y se permite comer todo tipo de alimentos, incluidos los que se encuentran en la cúspide de la pirámide, sin sentirse culpable, castigarse, ni aumentar su rigidez en las siguientes ingestas.

Nacho también muestra interés por la alimentación, poco a poco ha ido leyendo más sobre este tema llevándole a generar sus propios esquemas sobre los alimentos que debe consumir y los que debe evitar. Actualmente, pasa la mayor parte del tiempo pensando en comida, mira las etiquetas, y ha renunciado a grupos de alimentos concretos al categorizarlos en el grupo de “alimentos a evitar”. Tiende a buscar alimentos que sustituyan a los alimentos rechazados, y renuncia a planes sociales si estos suponen transgredir sus normas autoimpuestas. Nacho, en aquellas situaciones en las que ha llegado a saltarse dichas normas, se ha sentido muy culpable, castigándose por haberlo hecho, aumentando su rigidez en sus reglas, y prometiéndose a sí mismo que no lo volvería a hacer.


Como habéis podido observar, parece que el interés de Lara y Nacho por la alimentación no es exactamente el mismo. La importancia que le da Lara a su alimentación podría ser similar en cualquier otra área de su vida, pues es consciente de las ventajas que tiene, pero no llega a preocuparse en exceso, permitiéndose ser flexible con ella y así no interferir en su calidad de vida ni generar ningún tipo de malestar. Nacho, por el contrario, no presenta una relación tan saludable, pues tiene pensamientos recurrentes sobre este tema que le llevan a generar normas rígidas, intenta controlar su comportamiento para evitar situaciones que se escapan de su control, y cuando se salta sus normas tiende a castigarse y fustigarse por ello, interfiriendo y limitando su vida.


Al observar cómo se comportaban las personas con interés en la alimentación, se investiga y emerge el término Ortorexia, proveniente del griego “apetito correcto” compuesto por dos dimensiones. La Ortorexia Saludable es considerada la dimensión no patológica al representar un interés en la alimentación que forma parte de la propia identidad sin que interfiera en la calidad de vida. Como le ocurre a Lara, estas personas se preocupan por su alimentación, pero no se culpan ni castigan por comer ciertos alimentos. La otra dimensión, la Ortorexia Nerviosa, es considerada la vertiente patológica, la persona presenta pensamientos obsesivos sobre la alimentación sana que le llevan a restringir tanto su alimentación como su conducta con el objetivo de reducir la probabilidad de saltarse sus normas y sentir malestar. Esta vertiente representaría a Nacho, pues al igual que le ocurre a él, cuando se saltan las normas aparece la culpa y el castigo y, por tanto, aumenta su rigidez con el objetivo de evitar volver a sentir dicho malestar, aunque eso implique una limitación e interferencia en su calidad de vida. 


Resulta curiosa la paradoja, vivimos en un mundo que promueve la salud, un mundo en el que cada vez más, los humanos tenemos más conocimientos sobre qué es lo saludable y qué quizás no lo es tanto. Hacemos modificaciones en nuestro estilo de vida y en nuestra alimentación para evitar enfermedades, vivir más años y que estos años sean de mejor calidad. Sin embargo, algunas personas, en un intento de alcanzar el pico máximo de salud, parece que se olvidan de algo fundamental, de su salud mental, como es el caso de Nacho. En algunas ocasiones, la salud mental parece que pasa más inadvertida, sin embargo, eso no significa que sea menos importante, pues podemos tener toda la salud física que queramos, pero si no tenemos una buena salud mental, de nada nos servirá.


Invertir tiempo y dinero en mejorar nuestros hábitos alimentarios tiene sus ventajas, sin embargo, en algunas personas puede acabar desencadenando una obsesión y restricción alimentaria que acaba afectando en su calidad de vida. Si soy este último caso, quizás debo preguntarme: ¿Hasta qué punto me sirve intentar alcanzar ese pico máximo de salud, si eso significa renunciar a mi salud mental?



Miriam Pitarch Rambla, Psicóloga de PSICARA


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