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PORQUE TODOS LOS ROSCONES SE ACABAN ¡Y ESTE NO SERÁ UNA EXCEPCIÓN!

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la psicología. Dejamos atrás un año duro, cargado de miedo e incertidumbre, un año que nos ha hecho estar separados de nuestros seres queridos, que nos ha prohibido los besos y los abrazos y en el que hemos vivido unas Navidades un tanto atípicas. A pesar de ello, algunas personas arrancamos con ganas el 2021, con nuevos propósitos, nuevas expectativas y nuevas ilusiones.

Proponernos objetivos de Año Nuevo es una práctica casi universal: algunos relacionados con la salud (los típicos: hacer algo de deporte a diario y comer más saludable), otros con el trabajo y/o los estudios (p. ej.: ahorrar, apuntarme a una academia de inglés, estudiar un poco cada día...), otros referidos a las relaciones sociales (p. ej.: pasar más tiempo en familia, retomar el contacto con aquella vieja amiga…), etc. Pero, realmente, párate a pensar, ¿cuántos de la lista quieres conseguir realmente? ¿cuántos cumples? Probablemente no todos. ¿Y te detienes a buscar la razón por la cual no los alcanzas? ¿o en el por qué ni siquiera lo intentas? ¿o en el qué podrías hacer para conseguirlos?

Si nos paramos a reflexionar, nos podemos dar cuenta de que es importante que, una vez identificadas las metas que quieres alcanzar, te plantees si tienen las siguientes características:

- Intrínseca (en lugar de extrínseca), cuando la respuesta a la pregunta “¿cuál es la razón por la que quiero hacer este cambio en mi vida?” es “viene de mi, me nace”, es decir, actúas por tu propio interés; surge de manera espontánea de tus necesidades psicológicas de autonomía, competencia y afinidad.

- Realista, posible, alcanzable, lo que quiere decir que con tus recursos disponibles puedas conseguir eso que te has propuesto.

- Congruentes entre sí, esto es, que no entren en conflicto unas metas con otras.

- Divisibles a corto y largo plazo. Cada meta a corto plazo está interconectada con las demás, en el sentido de que comparten una misma meta general a largo plazo. Lo que quiere decir que, al ir consiguiendo metas a corto plazo, se pueda llegar a conseguir la meta a largo plazo, normalmente de mayor magnitud que éstas.

Es recomendable que establezcas un plan concreto para alcanzar cada una de ellas, ya que como se suele decir: “una meta sin un plan es tan solo un sueño”. Por tanto, consiste en tomar decisiones anticipando los propios esfuerzos para alcanzar la meta, relacionados con el momento, el lugar y la duración que subyacen a la futura acción dirigida a la meta. Por ejemplo, si una de tus metas es mejorar el inglés, busca cuál es la academia que más te encaja, apúntate y define cuántos días a la semana vas a ir a las clases y qué duración va a tener cada una de ellas. Esto es algo fundamental ya que las investigaciones reflejan que una de las principales razones por la que las personas no alcanzamos nuestras metas es que, a menudo, no desarrollamos planes de acción específicos sobre cómo conseguirlas. A su vez, es igual de importante que te refuerces cuando alcances un objetivo o realices un paso en esa dirección (p. ej. de manera verbal con mensajes del tipo: ¡enhorabuena!, ¡tú puedes!, ¡sigue!, ¡continua!, ¡estás un paso más cerca!).

El hecho de seguir estas indicaciones no se traduce automáticamente en un desempeño eficiente, puesto que a todas las personas nos surgen dificultades para comenzar, persistir y/o terminar nuestras acciones cuando se nos cruzan elementos distractores o emociones inesperadas. Sin embargo, cuando previamente establecemos planes de implementación que especifican unos pasos concretos y detallados sobre cómo se va a llevar a cabo, tenemos mayor probabilidad de alcanzar nuestros propósitos.

Otras variables que también pueden influir son la autoexigencia o las expectativas que tengamos sobre esa meta. El primer factor vamos a pasarlo por alto debido a que el artículo de la semana que viene entrará en detalle (perdonadme el pequeño spoiler), y pasamos a centrarnos en el segundo. Albert Bandura, referente en Psicología por sus contribuciones sobre el aprendizaje, distinguió dos tipos de expectativa: de eficacia y de resultado. Por un lado, una expectativa de eficacia es un juicio sobre la propia capacidad para realizar una acción concreta. La pregunta que nos haríamos sería: ¿puedo hacerlo? Por otro lado, la expectativa de resultado es un juicio acerca de que, una vez llevado a cabo un acto determinado, se producirá un resultado particular. En este caso, el interrogante sería: ¿lo que haga funcionará? Las primeras estiman la probabilidad de que nos podamos comportar de una manera específica; mientras que las segundas estiman la probabilidad de que ocurran ciertas consecuencias a partir de realizar una determinada conducta.


Para que sea más sencillo de comprender me gustaría que pensaras en el caso de Marcos, quien se propone como meta adelgazar 12 kilos durante el 2021. Habitualmente, Marcos sale a correr una vez por semana, por lo que tiene cierta capacidad de fondo. Piensa que está preparado para correr 5 km tres veces por semana (expectativa de eficacia), lo que le llevará a conseguir bajar 1 kg al mes; por lo que si mantiene esta conducta durante los 12 meses del nuevo año – hecho del que se ve capaz- habrá conseguido su objetivo (expectativa de resultado).

Así que, como hemos visto, mientras el año se inicia con una gran lista de propósitos y objetivos, la Navidad llega a su fin, además de estar acabando los últimos turrones y con la ilusión tocando a nuestra puerta por la llegada de los Reyes Magos.

Anoche, seguramente, muchos niños y niñas (y también jóvenes y adultos) tardaron en conciliar el sueño, nerviosos y con ganas de vivir la noche que, para ellos, es la más esperada del año: pensando en cuándo entrarán los Reyes Magos a sus casas, si se comerán y beberán todo lo que les han preparado o si les habrán traído eso que les pidieron en la carta. Y, es que, a la mañana siguiente, hoy 6 de enero, muchas de las casas (no todas), amanecen con montones de paquetes envueltos, debajo del árbol o junto al belén, y todos los miembros de la casa desean abrir el suyo. Y en medio de todo esto se tornan como protagonistas la inocencia y las miradas ensoñadas. Las ilusiones se dan cita en esta noche y en este día de pura magia y fantasía. Pero ¿te has preguntado alguna vez qué son las ilusiones? Se podría decir que la ilusión tiene un carácter más motivacional que facilita que llevemos a cabo aquellas acciones dirigidas hacia nuestras metas (también se requieren de otros elementos como los que ya hemos comentado). La ilusión es uno de los ingredientes con el que le damos sabor a la vida, es un fuerte motor que hace que nos prenda el entusiasmo y que nos puede ayudar a ponernos en marcha, pero como en todo sistema complejo, hace falta mucho más que un motor para llegar a buen puerto.

El final de un año con dos roscos entre sus cifras es el símil perfecto para representar lo que hemos vivido, ya que el 2020 ha sido lo más parecido a un roscón de reyes. Año en blanco en muchos sentidos, con el miedo a que nos “toque el haba” siempre presente, aunque con la ilusión y la esperanza de que llegarán tiempos mejores en los que encontraremos el regalo de volver a tocar y sentir cerca a los nuestros. En un año marcado por la pandemia, qué mejor manera de empezar el 2021, que con un roscón de reyes que nos permita quitarle la corona al virus. Porque todos los roscones se acaban ¡y este no será una excepción!


Jessica Esteban Arenas


Bibliografía:


Reeve, J. M. (2002). Motivación y emoción (3ª Edición). McGraw-Hill.

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