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¿QUÉ DEBO SABER ANTES DE IR AL PSICÓLOGO?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Esta semana vamos a tratar de ayudar a resolver una pregunta a la que posiblemente te hayas enfrentado tú o alguna persona cercana a ti: “he decidido ir al psicólogo, pero ¿cómo encuentro uno?".


La decisión de pedir ayuda no siempre es fácil, sobre todo porque a veces pensamos que significa reconocer un problema o una debilidad, a pesar de que la realidad es la contraria: las personas que se animan a ir terapia son valientes, por el gran esfuerzo que supone “dar ese paso”.


Para que el miedo o la incertidumbre deje de ser un impedimento, y de este modo, poder empezar un proceso tan bonito como es el crecimiento personal que se puede experimentar al ir a terapia, se van a exponer y desmenuzar una serie de cuestiones relevantes acerca de esta profesión, ¿te animas a descubrirlas?

Una de las primeras preguntas que os puede surgir es: ¿cuáles son los motivos para ir a terapia?


La respuesta más acertada es “depende”. Y, os preguntaréis, ¿de qué depende? Del mismo modo que cada persona es única, sus problemas u objetivos también lo son. Por esta razón, cada motivo de consulta es distinto, a pesar de que existen objetivos comunes. Alguna demanda frecuente que suele aparecer es la de querer avanzar, soltar el lastre que se soporta y, de este modo, aumentar el nivel de bienestar. Asimismo, en la mayoría de ocasiones, las personas que acuden a terapia no saben qué es exactamente lo que les pasa, pero saben que algo no va bien en su interior, y es entonces cuando se acude a un profesional, para desgranar y reordenar “las piezas del puzzle”.


Aún así, algunas personas deciden ir a terapia porque su médico/a, o incluso, sus padres o amistades se lo han recomendado, otras por la ansiedad o estrés que están viviendo actualmente, el cual no les deja dormir o concentrarse. Otras personas solo quieren conseguir el perdón hacia ellas mismas o hacia otras personas y alcanzar, al fin, la paz mental. También llegan deseos de querer abordar diferentes aspectos de su historia vital: desde un episodio de acoso en la infancia, a un duelo no elaborado, una ruptura difícil de superar, una necesidad de quererse mejor a ella misma y sin duda, para hacer frente a diversos problemas de salud mental. Además, hay personas que acuden a terapia para poder aprender nuevas habilidades: asertividad, decir no, poner límites, ser más independiente; o quizás, porque quieren dejar de fumar, de beber alcohol o de consumir cannabis o cualquier otro tipo de sustancia.


Tienes que saber que, del mismo modo que puedes ir solo y realizar terapia individual, también puedes hacer terapia de familia. Y si los problemas surgen en el seno de la pareja, podéis iniciar el proceso juntos, y abordar cualquier tipo de conflicto, trabajar para mejorar la comunicación o resolver dificultades sexuales.


Y, ¿qué se hace con esos problemas en terapia?


Para entenderlo de una forma más sencilla, lo voy a explicar con una analogía: estar en terapia sería comparable a entrar en una habitación con el objetivo de “ordenarla”. Cuando se consigue entrar, aparecen nuevas puertas (sucesos vitales, recuerdos, pensamientos, hábitos, miedos, etc.). En cada sesión, se “entra” en una o en varias habitaciones. Algunas son sencillas de ordenar, pero en otras habrá que profundizar más. El usuario es el que decide qué puertas desea o no desea abrir, si está preparado para hacerlo en ese momento o si prefiere esperar. Es un proceso que se adapta a las necesidades de la persona y dependiendo del motivo de la consulta, las acciones que se llevarán a cabo van a variar.


Pero, ¿cómo elijo a un buen terapeuta?


Seguro que a tu alrededor conoces a alguien que ha ido al psicólogo/a, es posible que no lo

hayáis hablado, pero ¿por qué no preguntarle y que su experiencia te guíe? Recuerda que hay psicólogos en la sanidad pública, a los que puedes tratar de acceder a través de tu médico de cabecera, y psicólogos en el ámbito privado. Para encontrar a aquel profesional que se ajuste mejor a ti, puedes investigar qué consultas hay en tu ciudad, buscar por internet, entrar en la página web, leer comentarios de otras personas de la misma forma que lo haces cuando buscas un buen restaurante o puedes hablar directamente con el centro, y luego, hacer balance según opiniones y sensaciones.


Un aspecto fundamental es asegurarnos de encontrar a una persona con la formación necesaria para poder realizar un proceso terapéutico así que... ¡CUIDADO! Hoy en día existen muchos "falsos profesionales" que ofrecen dudosos servicios que pueden poner en grave peligro nuestra salud mental. Por ello, los elementos más básicos en los que te tienes que fijar son que sea licenciado/a o graduado/a en psicología y que tenga su número de colegiado/a que aporta el Colegio Oficial de Psicólogos de su comunidad. Si le falta alguna de estas dos cosas, nuestra recomendación es que busques a otra persona. Es importante diferenciar la labor que realiza un/a psicólogo/a de la que realiza otra persona no cualificada para ello y que no está habilitada para ejercer la profesión.


¡Uff, pero me da vergüenza ir al psicólogo/a!


Puede ser realmente difícil ir a terapia por primera vez. Te sientas delante de una persona desconocida, y le planteas cuestiones íntimas e incluso, en algunos casos, se verbalizan eventos por primera vez, por lo que no es extraño sentir vergüenza o miedo. Seguramente, tus pensamientos estarán revoloteando por tu cabeza, con ganas de salir disparados pero sin saber cómo formularlos. Pero, ¿por donde empiezo? ¿y si me quedo en blanco? Si te ocurre, no pasa absolutamente nada, pero una pauta que puede ayudarte es escribir una lista de aspectos que te gustaría plantear en la primera sesión a modo de guion, y así, afianzar tu seguridad.


¿Y si mi relación con el profesional no funciona?


Las relaciones sociales no son fáciles, eso creo que lo tenemos comprobado. A veces, sin saber por qué, podemos no encajar con el terapeuta que hemos elegido. No pasa nada. Puedes dar la oportunidad de realizar varias sesiones con ese profesional, a veces la primera impresión es muy diferente a la que podemos tener cuando ya conocemos a la

persona. Si aún así la interacción no es cómoda para ti, puedes comunicárselo para buscar una alternativa. Puedes considerarlo como una especie de experimento, podéis trabajar juntos durante un periodo de tiempo y ver si el método que propone funciona para tu caso, intentando conseguir un vínculo de confianza, sinceridad y respeto. Si tras intentar todo esto sientes que no funciona, siempre puedes buscar otro profesional que pueda ayudarte.


No se debería olvidar que el terapeuta y el usuario deben cooperar para seguir adelante. Si los dos ponen de su parte, se va a formar un gran equipo: el psicólogo/a es el experto en el tratamiento, mientras que el usuario es el experto en su propia experiencia.


Ya, pero seguro que sufro mucho en el proceso


Si vas al dentista a quitarte una muela el dolor es inevitable, pero eres consciente de que ese dolor es temporal y que el beneficio es mucho mayor. Lo mismo sucede en terapia. ciertos aspectos pueden ser difíciles de afrontar y van a provocar un sufrimiento temporal, ya que “la operación se realiza sin anestesia” y el proceso requerirá de tu esfuerzo, pero el hecho de afrontar esa dificultad hará que tu bienestar sea mayor.


Entonces, ¿esto es como ir al médico? ¿también consigues resultados pronto?


Si comparamos la psicología con el modelo médico, la operación la realiza el o la médico/a, mientras, el paciente se tumba y espera los resultados. En cambio, cuando se aborda un tema psicológico, el usuario es el que debe realizar el trabajo de “extirpar esa muela con caries”, es decir, es un miembro activo del proceso. El terapeuta tiene el objetivo de enseñar y guiar. Del mismo modo que lo hace un entrenador/a, no entra al campo de juego, pero plantea nuevas estrategias, orienta y hace que su equipo supere sus límites. Por lo tanto, el usuario debe entrenar día tras día para conseguirlo.


Muchas veces las personas, como están acostumbradas al modelo médico, esperan los resultados de forma inmediata y al no obtenerlos se frustran y abandonan la terapia. Los efectos de la terapia son a largo plazo, por lo que hay que tener paciencia, constancia, trabajo y confianza en el proceso que se está realizando de la mano del profesional.


Para finalizar, y si te has animado “a dar el paso”, te dejo anotadas algunas pautas que pueden ayudarte:


- Confía en el/la psicólogo/a.

- Pregunta todo lo que no entiendas.

- Aprovecha las sesiones para lo que realmente necesitas.

- Si no puedes ir a la visita pactada, avisa con antelación.

- Haz las tareas para casa, aunque en un principio te parezca que “no sirve para nada”.

- No hay una edad indicada, da igual si tienes 7 o 87 años.

- No esperes milagros, no existe una varita mágica que solucione los problemas, todo lo que vas a conseguir va a ser gracias a tu trabajo.


Y recuerda, hay veces que necesitamos que alguien “nos lance un flotador” para seguir adelante, y disperse todo ese “humo que no nos deja respirar”. El psicólogo o la psicóloga

que elijas será la persona encargada de ayudarte a abrir la ventana para que no te ahogues y vivas más libremente.



Noelia Ferrer Ber

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