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SALIR, BEBER, EL ROLLO DE SIEMPRE. CONSUMO DE ALCOHOL

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Una vez más, elijo el campo en el que me estoy formando: las adicciones. Esta vez, focalizándome en una de las sustancias, no con el propósito de decirte “¡no la consumas, es mala!”, sino con el de invitarte a parar a reflexionar sobre ella y el espacio que ocupa en nuestra sociedad.

El uso de sustancias químicas para alterar el pensamiento y las sensaciones es tan antiguo como la humanidad misma, y el alcohol probablemente es una de las primeras sustancias que se utilizaron. En la mayoría de los casos, el uso de estas sustancias adquiría generalmente un carácter ritual o mágico-religioso. Antiguos egipcios, griegos o romanos creían que el alcohol era la cura para cualquier enfermedad.


Antes de continuar, me gustaría hacer un pequeño paréntesis para aclarar que el alcohol en sí mismo es una droga ya que afecta al Sistema Nervioso Central (entre otras partes) produciendo alteraciones de las que hablaremos más adelante, y también genera tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia.

Hoy en día, dado el marcado carácter social y la gran aceptación de la que gozan, las bebidas alcohólicas son claramente la droga elegida en gran parte de nuestra cultura. Apenas tenemos que echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de lo integradas que están en nuestra sociedad: música, cine, televisión... Y si vamos un poco más allá, ¿cuánta gente podría decir que el alcohol no ha sido parte importante de los momentos más representativos de su vida? Cuando celebramos cumpleaños, bodas, fin de año, cuando gana nuestro equipo de fútbol, cuando hemos conseguido el trabajo esperado o cuando tenemos una cita. Forma parte de los rituales y las festividades colectivas, en las que ya incluimos a los pequeños con bebidas como el “champin” (champán sin alcohol), con las que estamos lanzando el mensaje de “ahora no, pero cuando seas mayor, podrás beber”.

¿Por qué sucede esto con el alcohol y no con el resto de drogas? Podríamos señalar las siguientes características:

- Disponibilidad: es legal y está fácilmente al alcance de cualquiera en bares, supermercados, etc. La única restricción para poder comprarlo es ser mayor de edad.

- Bajo coste: una cerveza o una copa de vino no llega a 2€, sin embargo, por ejemplo, un gramo de cocaína en España suele valer en torno a 50€.

- Publicidad: estamos habituados a ver anuncios de cerveza, ginebra, ron u otras bebidas alcohólicas, en los que el contexto de ese consumo y los efectos y las sensaciones generadas son asociadas al placer, la tranquilidad o la diversión.


Volviendo a los efectos… tendríamos el típico “uy, se me ha subido a la cabeza”. Hay mucha verdad detrás de esta frase, y es que, el alcohol recorre rápidamente todo el cuerpo, pero dado que una parte importante de la sangre que bombea el corazón se va al cerebro y dado que la materia grasa del cerebro absorbe muy bien el alcohol, es ahí donde se sienten sus primeros efectos predominantes.

El alcohol es un depresor del Sistema Nervioso Central, el encargado de analizar e integrar información del medio para generar una respuesta coordinada a la información recibida. La ingesta de alcohol deprime este sistema, por lo que lo vuelve más débil, más lento y “apagar” algunas funciones de nuestro cerebro. Sobre todo, uno de sus blancos principales es la parte que funciona como director del resto del cerebro: la parte frontal, donde se ubican los mandos de control de nuestras funciones ejecutivas. Por eso, al ingerir ciertas cantidades de alcohol se apaga la inhibición y el autocontrol, nos sentimos más eufóricos, alegres, habladores y con una falsa seguridad en nosotros mismos que quizá hace que nos lancemos a hacer algo sin pararnos a meditar la decisión. También se ponen en stand by las habilidades mentales para resolver problemas complejos, para hacer y ejecutar planes de acción y para usar el juicio al servicio de esos planes.

También está la famosa pregunta: “¿qué pasó anoche?”. Ya siento llevar la contraria a la canción de reggaetón “No me acuerdo”, pero, aunque no nos acordemos, sí pasó eso que nos cuentan. Pero no lo recordamos porque el alcohol apaga también el hipocampo, esa zona del cerebro que se ocupa de la memoria. Estas pérdidas agudas de memoria después de una borrachera tienen relación con la cantidad de alcohol, pero sobre todo tienen mucha relación con la rapidez con la que bebemos.

Y no nos olvidamos del “¿por qué a veces cuando bebo no se me levanta?”. Por el mismo motivo que venimos comentando en los dos apartados anteriores. El alcohol deprime el SNC, el cual necesitamos para sentir y para estar excitados. Esto va a hacer que baje la excitación y sobre todo la respuesta sexual a la estimulación y por eso podemos tener peores relaciones sexuales cuando hemos consumido ciertas cantidades de alcohol.

Esto es parte de lo que sucede en la salud física de la persona que consume, pero también existe más probabilidad de que incrementen los problemas sociales tales como accidentes de tráfico, situaciones conflictivas o violentas o conductas sexuales de riesgo, entre otras.

Es más o menos fácil detectar cuando alguien tiene un problema, por ejemplo, con los porros o con la cocaína. Sin embargo, cuando el consumo problemático es de alcohol pasa más desapercibido, por su omnipresencia en cualquier tipo de ocio y porque es habitual ver a cualquier hora a una persona en el bar tomando un carajillo o una caña. También es habitual escuchar lo de “una copita de vino al día mejora la salud”. Abro un paréntesis para decir que siento desmontar esto, pero la realidad es que cualquier consumo de alcohol puede tener un impacto perjudicial en nuestro organismo, por todo lo que hemos comentado anteriormente. Quizá cuesta creer que hay personas que necesitan la lata de cerveza a primera hora de la mañana para poder funcionar durante el día, para poder calmar al monstruo de la soledad, la tristeza, la inseguridad o la ansiedad. Y al igual que sucede con otras drogas, beber puede aparecer como un salvavidas para regular todas estas emociones y hacer frente a situaciones que no sabemos afrontar de otra manera y puede acabar siendo la punta del iceberg, eclipsando otros problemas más profundos. Ya Bukowski hablaba de esto bastante acertado:


“Ese es el problema de beber, pensaba, mientras me servía un trago.

Si algo malo pasa, bebes para intentar olvidar;

si algo bueno pasa, bebes para celebrar;

y si nada pasa, bebes para que algo pase”


Jessica Esteban Arenas, psicóloga de PSICARA





Referencias bibliográficas:


Kuhn, C., Swartzwelder, S., & Wilson, W. (2011). Colocados: lo que hay que saber sobre las drogas más consumidas, desde el alcohol hasta el éxtasis. Debate.


Becoña Iglesias, E., & Cortés Tomás, M. (2016). Manual de adicciones para psicólogos especialistas en psicología clínica en formación. Socidrogalcohol.


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