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SI ACEPTO LO QUE OCURRE EN MI VIDA ¿ME ESTOY RESIGNANDO?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. En el artículo de hoy vamos a hablar de la aceptación, tratando ésta con un significado muy diferente a lo que socialmente pensamos que es.


¿Sabrías decir cuál es la diferencia entre aceptar algo y resignarte? No resultaría extraño que te costase encontrar una respuesta a esta pregunta, ya que actualmente confundimos ambos conceptos. Un ejemplo cotidiano que vamos a utilizar para guiar este artículo es la situación de Rosa, a quien le encanta su trabajo de cajera, pero está quemada por el mal ambiente laboral con sus compañeros y, además, lleva tiempo pensando que ha dejado de cuidarse, “se ha dejado”. Si hablamos de resignación, diríamos que Rosa es consciente de que no le gusta su vida actualmente, y tiene pensamientos como “esto no es justo” o “por qué me tiene que tocar a mi aguantar esto”, encerrándose en una lucha contra esa realidad que le toca vivir. Una conducta que puede llevar a cabo es decidir no darle importancia “porque ya pasará el tiempo y puede que me vengan nuevos compañeros” o “ya empezaré a cuidarme cuando me me salga un nuevo trabajo y esté mejor”. Es decir, Rosa sabe que no está bien, pero tiene la sensación de que no puede cambiar su situación y “es lo que me toca”.


La resignación puede ser una primera táctica que Rosa utilice para afrontar su malestar, pero con el tiempo, al ver que la situación no mejora, puede que ese malestar que vive ahora se intensifique e incluso termine preguntándose “¿cómo he podido acabar así?”, y pueda sentir que está subida en un barco a la deriva, del cual ni siquiera se acuerda cuando compró el billete de ida.


La aceptación va más allá de ser consciente de que “algo no va bien en mi vida”. Se trata de admitir cómo es tu presente, en este mismo momento, aunque eso genere emociones desagradables. Es estar dispuesto o dispuesta a estar en contacto con eso que no te gusta, y dejar de luchar contra lo que no puedes hacer nada, dejar de darle cabida a cosas que no tienen utilidad como “ya vendrán otros compañeros”, cuando Rosa no puede controlar si habrá cambios de plantilla, o “me cuidaré cuando me salga otro trabajo” dejando al azar su autocuidado. Aceptar es dejar de combatir contra lo que no podemos controlar y si hay algo que podemos hacer, redirigir los esfuerzos hacia acciones que nos lleven a un cambio de esa situación que nos genera malestar.


En otras palabras, ¿qué será más útil, que Rosa se enfoque en esperar a un cambio de plantilla o que empiece a dejar su currículum en otras empresas? La respuesta es dejar de luchar contra la situación actual que tiene en el trabajo con sus compañeros y pensar acciones para cambiar su situación, ya sea dejar currículums en otros sitios o tratar de establecer conversaciones para arreglar asuntos pendientes con sus compañeros. Si Rosa empieza a darse cuenta que la opción de quejarse y rechazar su realidad, no la lleva a ningún cambio favorecedor, es entonces cuando la aceptación es lo que la va a potenciar, pero para eso tiene que buscar qué es más importante si el dinero del trabajo y actuar de forma pasiva odiando en su cabeza donde está, o mantenerse en el trabajo y tratar de verse como una compañera que no se calla ante el mal ambiente laboral, o buscar otro trabajo en el que pueda haber mejor ambiente aunque eso suponga tener una situación más inestable durante un tiempo.


La vida nos pone muchos retos, lo que no sabemos es si aun siendo conscientes de comprar un billete para coger un barco, puede que nos caiga una tormenta y haga que perdamos nuestro rumbo, ya que hay situaciones en las que no tenemos margen de acción. Si te pregunto si una tragedia en un accidente de tráfico debería ocurrir, puede que me digas que no es justo, y estoy de acuerdo, pero no tenemos el poder de decidir si los accidentes de tráfico ocurren o no. Aquí tenemos dos opciones, resignarnos y luchar contra ello, negando que haya ocurrido “no se lo merecen”, “no debería de haber pasado”, etc. O aceptar que no tenemos control sobre ello, sabiendo que no nos gusta lo que ha ocurrido y con esas emociones desagradables que nos toca vivir, pero sin sumar a ese dolor la lucha contra aquello que no podemos controlar.


Las personas somos como los pasajeros que miran desde la orilla los diferentes barcos a los que subirse, podemos elegir un billete y subir a bordo hacia una dirección que en principio pensamos que es correcta, pero durante el viaje caiga una tormenta que nos haga perder el rumbo, y eso no podemos controlarlo. Habrá veces que podamos bajar del barco fácilmente, y en otras ocasiones puede que nos cueste más. Quizá lo más útil, a veces sea permitirnos sentir que hemos perdido el rumbo, y por lo tanto el malestar que eso conlleva, y así poder buscar más fácilmente la orilla, que tratar de quedarnos parados luchando contra la situación y acabar ahogándonos en nuestra propia queja/lucha.


Nuria Latorre Latorre, psicóloga de PSICARA

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