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SOLO UTILIZAMOS UN 10% DE NUESTRO CEREBRO: ¿MITO O REALIDAD?

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Esta semana ponemos sobre la mesa una afirmación que seguramente habrás visto o escuchado en algún programa de televisión, en internet, en una película o en libros de autoayuda que te prometen la panacea: “el ser humano únicamente utiliza el 10% de su cerebro; ¿qué seríamos capaces de hacer si utilizásemos el 100 %?”. Pero… ¿esto es verdad o mentira? Querido lector, ¡hoy te traigo la respuesta!

Aunque es probable que conozcas a alguna persona que te ha dado motivos para pensar que no utiliza ni el 0,01% de su capacidad cerebral, ¿realmente es cierto que el común de los mortales sólo utilizamos el 10 % de este órgano? ¡Meeeec! ¡Error! Estamos ante uno de los mitos más extendidos en el mundo de la psicología popular. Si eres de las personas que creías en él, no te preocupes, ya que es una falsa creencia muy difundida entre la población general e incluso entre los propios estudiantes de Psicología o en personas con conocimientos sobre el tema.

¿Por qué se trata de un mito?

Si empezamos abordando esta pregunta teniendo en cuenta la selección natural, no tendría sentido que la evolución nos hubiese permitido tener un cerebro que únicamente utilizase un 10% de su potencial. Aún menos cuando este órgano necesita tantos recursos, ya que a pesar de que nuestro cerebro únicamente supone un 2-3% del peso corporal, consume más del 20% del oxígeno que respiramos.

Además, si esta afirmación fuese cierta, y por lo tanto el 90% del cerebro no se utilizase, cabría esperar que la lesión de algunas áreas cerebrales no tuviese efecto adverso alguno. Sin embargo, los estudios sobre daño cerebral han puesto de manifiesto que ninguna zona cerebral puede ser destruida sin desencadenar consecuencias negativas. De la misma forma, la investigación en neurociencia, que nos ha permitido monitorizar y obtener imágenes cerebrales, ha logrado asociar una gran cantidad de funciones motoras y psicológicas a determinadas áreas cerebrales. Incluso se ha observado que normalmente las acciones más sencillas necesitan la participación de diversas áreas del cerebro, que suponen mucho más que una décima parte del mismo. De hecho, si hubiese zonas del tejido cerebral que no se estuvieran utilizando, lo esperable sería que se acabasen atrofiando.

Pero… ¿cómo surgió este mito?

Aunque no es fácil establecer un origen claro, se cree que pudo surgir a partir de unas declaraciones que realizó el famoso psicólogo William James. Éste afirmó que el ser humano solo hacía uso de una pequeña parte de sus posibles recursos mentales y físicos, y que gran parte no alcanzaban más de un 10% de su potencial intelectual. En ningún momento hacía referencia a un porcentaje de masa cerebral, pero es probable que dichas afirmaciones se fuesen tergiversando hasta generar el famoso mito que escuchamos hoy en día. Incluso Albert Einstein está metido en este embrollo, puesto que también se le atribuyó erróneamente una cita que reafirmaba este mito. Referencia sobre la que no se ha demostrado su veracidad, pero que ha sido utilizada en numerosas ocasiones con fines comerciales. Porque que Albert Einstein sea quien diga eso, seguro que queda bien.

A pesar de las evidencias en su contra ¿por qué se mantiene en el tiempo este mito?

Principalmente porque resulta muy rentable promover la idea de que únicamente estamos utilizando un porcentaje ínfimo de nuestro cerebro. Bajo esta premisa, es más fácil vender un producto o servicio que nos ayude a alcanzar ese 100% tan deseado. Y es que, si lo pensamos bien, es una gran estrategia de marketing decir que puedes potenciar tu capacidad cerebral, y por lo tanto ser mucho más inteligente y exitoso (cómo no lo vas a hacer, si solo utilizas el 10% de tu cerebro y por lo tanto tienes mucho margen de mejora). Aquí los gurú motivacionales y muchos libros de autoayuda han encontrado un gancho publicitario con el que llamar la atención del potencial consumidor, por lo que a muchas personas les resulta rentable que esta afirmación se siga concibiendo como cierta. Además, hablar del cerebro siempre ha tenido mucho tirón tanto mediático como comercial y se ha observado que mostrar algo acompañado de una imagen cerebral puede incrementar su credibilidad. Por ello, no es raro ver anuncios de diversos servicios o productos que empiezan por “neuro…”, utilizándolo como si de algo mágico o infalible se tratase. (*Pequeño consejo: si alguna vez te intentan vender algo que empiece por “neuro-“ seguido de algo que no te pega mucho, a priori desconfía de ello, es posible que te la estén intentando colar).

¿Qué podemos sacar de todo esto?

El mensaje que hay de fondo de que es posible mejorar en diversas facetas de nuestra vida, puede ser útil de cara a buscar un cambio. Y aunque es cierto que podemos potenciar muchas de nuestras capacidades, la idea de que para ello tenemos que activar zonas cerebrales que están apagadas carece de evidencia científica. Todos queremos mejorar, y podemos conseguirlo con trabajo y entrenamiento. Pero no será porque hagamos despertar a un área del cerebro que tenemos sin utilizar.


Javier Ibáñez Vidal, psicólogo de PSICARA



Bibliografía

Corredor, K., & Cardenas, F. P. (2017). Neuro-«lo que sea»: inicio y auge de una pseudociencia para el siglo XXI. Revista Latinoamericana de Psicología, 49, 89-90. https://doi.org/10.1016/j.rlp.2017.04.001


Lilienfeld, S. O., Lynn, S. J., Ruscio, J., Beyerstein, B. (2010) 50 grandes mitos de la psicología popular: las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana. Biblioteca Buridán.


McCabe, D. P. y Castel, A. D. (2008). Seeing is believing: The effect of brain images on judgments of scientific reasoning. Cognition, 107, 343-352. https://doi.org/10.1016/j.cognition.2007.07.017


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