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¡VAYA VIAJE!: LAS AVENTURAS DE NUESTRA CABEZA

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hoy hablaremos de ansiedad y tristeza, pero lo haremos con tintes veraniegos, ya que nos vamos a servir de una metáfora que habla de algo que nos gusta a muchas personas: ¡viajar! ¿Cómo te quedas si te digo que tú no eres al único al que le gusta irse de viaje? Encima de los hombros tenemos una amiga llamada cabeza, a la que le encanta, y te aseguro que lo hace mucho más que tú. ¿Quieres saber de qué te estoy hablando?


Estamos a finales de julio y agosto está tocando a la puerta. Y estoy seguro de que, si tienes algo de suerte, o te has ido ya de vacaciones, o poco te faltará para cogerlas. En vacaciones se pueden hacer muchas cosas, pero una de las favoritas es viajar. ¡A muchos nos encanta! Aunque lo hacemos menos de lo que nos gustaría. Sin embargo, nuestra querida cabeza tiene el capricho de viajar constantemente. Y es en estos viajes en los que puede aparecer tanto la sintomatología ansiosa como la depresiva. Te lo explicamos.


Cuando nuestra cabeza decide irse de viaje al futuro, muchas veces vuelve con un souvenir en forma de ansiedad. Esto es así porque muchas veces nuestra cabeza viaja con una bola de cristal a través de la cuál ve y anticipa todo lo que va a ocurrir, pero lo hace de manera catastrófica. Como cuando Marcos piensa que se quedará en blanco en el examen o cuando Elena piensa que la entrevista de trabajo seguro que le va mal. O como en el caso de mis abuelos, que siempre que nos retrasábamos un poco pensaban que habíamos tenido un accidente de tráfico ¿Te resulta familiar?. Sin embargo, cuando nuestra cabeza decide hacer el viaje a la inversa e ir al pasado, puede volver con tristeza, culpa, frustración o incluso con sintomatología depresiva. Esto ocurre porque el objeto que utiliza para viajar es un látigo mediante el cuál a veces nos fustigamos por aquello que ocurrió. Como cuando Marta piensa en lo mal que se portó en su anterior relación o cuando Carlos solo piensa en lo mal que lo pasó en su anterior trabajo.


Teniendo en cuenta estas dos tendencias, parece claro que una de las claves reside en aprender a centrarnos en el presente. Para ello, hay prácticas como la meditación, por ejemplo el mindfulness, que nos facilitan este proceso. Y aunque como cualquier habilidad, requiere de cierto entrenamiento, es importante seguir unos pasos:

  1. Comprender y aceptar la tendencia natural de nuestros pensamientos a irse a otros temas ajenos a las demandas del presente ¡es completamente normal que esto ocurra!

  2. Aprender a identificar cuando nos hemos ido. Es como jugar a pillarnos a nosotros mismos cuando vemos que nuestros pensamientos están en el pasado o en el futuro.

  3. No juzgarnos por ello. Hay veces que nos machacamos a nosotros mismos cuando nos damos cuenta de que estamos pensando en otra cosa, cuando sentimos que estamos teniendo emociones desagradables o cuando experimentamos ciertas sensaciones físicas, y eso nos lleva a juzgar esa experiencia: “¡Ya estoy pensando otra vez en lo mismo!” “¡Ya vuelvo a estar triste!” “¡Esta tensión es insoportable!” “¡Esto será así para siempre!“. Eso hace que el malestar que estamos sintiendo, todavía pese más. Por eso tendremos que tomar una postura más observadora y menos juiciosa sobre nuestras experiencias internas.

  4. Reconectar con el presente (las veces que haga falta). Para ello podemos prestar atención a estímulos que estén disponibles en el ambiente, o centrarnos en nuestra propia respiración. Luego nos podremos preguntar a nosotros mismos si aquellos pensamientos, sensaciones corporales y comportamientos que estamos haciendo se ajustan a lo que está pasando en ese momento o si estamos respondiendo a algo del pasado o a una predicción del futuro. Una vez hecho esto, tendremos que adaptar nuestra respuesta a las demandas del presente. ¡Y tendremos que hacerlo las veces que haga falta! Porque es fácil que a los 2 minutos vuelvan a aparecer pensamientos que me quieran arrastrar al pasado o al futuro.


Si bien es cierto que no juzgar nuestra experiencia y aprender a centrarnos en el presente son dos habilidades fundamentales para gestionar nuestras experiencias internas, que nuestra cabeza realice viajes al pasado o al futuro también puede tener su utilidad. Ya que, mirar al futuro nos puede ayudar a anticipar ciertas circunstancias o a establecer una dirección hacia la que queremos ir, y mirar al pasado nos puede ayudar a aprender. Pero será importante cambiar la manera que tenemos de relacionarnos con el pasado y con el futuro. Para ello, cuando decidamos hacer estos viajes, será importante sustituir los objetos con los que viajamos. Cambiaremos la bola de cristal y el látigo, por otros objetos que estén más a mano y que nos permitirán ser más amables con nosotros mismos. Cuando nos vayamos al futuro, tendremos que cambiar la bola de cristal a través de la cuál vemos posibles escenarios como si fueran oscuras realidades que van a ocurrir, por un mapa en el que podemos establecer un horizonte hacia el que dirigirnos a través de diferentes caminos. Y cuando nos vayamos al pasado, habrá que cambiar el látigo con el que nos machacamos por lo que ocurrió, por un libro, el cuál ya está escrito y no se puede cambiar, pero que nos puede servir para aprender de la historia vivida. De esta manera, podremos obtener una información del pasado o del futuro, que sea aplicable al presente y resulte mucho más amable con nosotros mismos.





Obviamente esto es una simplificación de la realidad, ya que son muchas las variables implicadas en la aparición de la sintomatología ansiosa y depresiva, pero es una manera sencilla de realizar una aproximación a algo muy complejo, y permite sentar las bases para aprender a identificar cuándo nuestra cabeza está viajando con pensamientos que nos privan del momento presente, catapultándonos al futuro o anclándonos en el pasado. Y esta será la manera en la que podremos aprender de las aventuras de nuestra cabeza.




Javier Ibáñez Vidal, psicólogo de PSICARA.





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