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YO PUEDO CON TODO... O NO

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hoy hablaremos de la famosa frase de “tu puedes con todo” que a veces nos terminamos creyendo.


¿Te han dicho en alguna ocasión una de las siguientes frases?: “Estudia mucho”, “trabaja más”, “ten disposición siempre para los demás” o “si quieres te da tiempo a todo”. Es probable que sí que hayas escuchado esto, y es que vivimos en un mundo que nos exige cada día más y más. La pregunta es, ¿realmente podemos llegar a todo?


Antes de dar esa respuesta, vamos a analizar de cerca la frase “tu puedes con todo”. Seguramente asocies esto con motivar a alguien o darle fuerzas para que consiga algo, y de hecho en un primer momento no tiene por qué conllevar una intencionalidad negativa por parte de la persona que te lo está diciendo. Sin embargo, al leer esta frase, quizá también te han surgido una serie de sensaciones molestas, como de agobio o malestar. De hecho, te propongo un ejercicio:


Piensa en alguna semana en la que hayas tenido mucho trabajo, compromisos o eventos a los que asistir. ¿Lo tienes? Te voy a pedir que dejes de leer durante unos minutos, cierres los ojos y te imagines cómo fue esa semana, desde el primer día hasta el último, tarea tras tarea, recuerda cómo te sentías en cada momento, cómo terminaste todo. Tómate tu tiempo.


Tras este ejercicio, te voy a pedir que incorpores a tu experiencia vivida aquella semana dos situaciones. En ambas aparece una persona que te importa mucho en tu vida, en la que siempre te apoyas cuando las cosas se ponen difíciles. En la primera situación, esa persona aparece en mitad de tu semana y te dice “no pasa nada”, “tú puedes con todo”, “no te preocupes”. En la segunda situación, esa persona te dice “es normal que estés agobiada/o”, “por qué no te vienes a casa a tomar un café solo una hora”, “y si vas a pasear un rato y te dedicas un momento para ti”. Ahora que has introducido estas dos versiones en la misma historia, ¿cómo te has sentido en cada situación? ¿Qué te ha ayudado más?


En el caso anterior es probable que la respuesta se distribuya de forma indiferente, unas necesitarán un tipo de respuesta que les anime a seguir y otras preferirán que les dirijan a tomarse un descanso en mitad del caos y luego volver a las tareas.


Pero qué ocurre si en lugar de una semana, esto se convierte en lo cotidiano, es decir, el tener un ritmo de vida con mucho trabajo, estudio, compromisos, etc. Aquí es donde empezamos a notar esa sensación de “ahogo”. Nos enmarcamos en una rutina en la que nos vemos arrastrados/as por una agenda de objetivos y acciones que cumplir. ¿Qué consecuencias puede tener esto?


En efecto, aquí aparecen las famosas palabras que tanto solemos oír, pero a veces no escuchamos… estrés, el Síndrome de Burnout o desgaste profesional, irritabilidad, ansiedad patológica, problemas de salud física y otros de salud mental, son algunas de las consecuencias que se pueden dar con un elevado de ritmo de vida. Todo ello puede ser derivado, en ocasiones, de un alto nivel de autoexigencia.


Un ejemplo muy conocido de este “yo puedo con todo” es el modelo de mujer superwoman, el cual apareció cuando las mujeres comenzaron a abrirse paso en el mundo laboral y empezó a notarse una ausencia en las labores del hogar y cuidados. Y es que, ¿a quién podemos admirar más que a un superhéroe o una superheroína? Es nuestro ideal cuando somos niños y niñas. Así es como el modelo de la mujer superwoman, disfrazado de caballo de Troya, se introduce en la rutina de muchas mujeres. Se les exige, como dice Herrera (2018), “trabajar, dedicar tiempo a los hijos, poner lavadoras, planchar, cocinar la cena y la comida del día siguiente, pasear al perro, hacerle terapia a tu amiga que está pasando un mal momento, visitar a tu madre y hacerle un par de recados, ir a clases de inglés, visitar al dentista, regar las plantas, y al final del día, antes de derrumbarte, hacer el amor con tu pareja, todo ello sin perder el buen humor y la alegría de vivir”. Bajo esa idealización se esconden, de nuevo, todas las consecuencias anteriormente mencionadas.


Y es que, te voy a contar un secreto que no te va a sorprender: NO, NO PODEMOS CON TODO. Pero, ¿qué hacemos? porque ya vemos que cambiar el mundo y la sociedad actual se queda fuera de nuestro alcance y, pensar una y otra vez en las consecuencias que puede tener este ritmo de vida, solo haría que atraparnos en un bucle sin fin.


No hay una receta mágica que haga desaparecer este malestar de un plumazo, ni tampoco se puede resumir en un párrafo la forma en la que podemos afrontar esto, pero sí podemos conocer unas pinceladas de por dónde empezar.


En primer lugar, darnos cuenta. Te invito a que reflexiones sobre tu rutina diaria, a que traste de conocerte un poco mejor, a que observes si tu cuerpo te está dando algún tipo de señal. ¿Cómo comes últimamente? ¿cuánta cantidad?, ¿cómo duermes?, ¿tienes episodios de insomnio?, ¿cómo es tu respiración en determinados momentos?, ¿tienes algún tipo de somatización? Por otro lado, a nivel emocional, ¿cómo te encuentras?, ¿qué tipo de emociones dirías que sientes de forma frecuente en tu día a día?.


Si en este primer paso has podido percibir algún tipo de malestar relacionado con el fenómeno del “yo puedo con todo”, en este caso, te propongo que escribas en un folio aquellas áreas de tu vida en las que consideras que eres más autoexigente: relaciones sociales, de pareja, el ámbito laboral o educativo, etc. Escribe en qué acciones o actividades eres exigente en estas áreas para tomar perspectiva de esta dinámica en la que se encuentra inmersa tu vida. Una vez que veas esto desde fuera, añade otra columna y pon “YO”. Anota todas las cosas que te gustaría hacer a nivel de ocio, diversión, descanso o placer.


Teniendo claras las acciones que sobrepasan tus límites y las que te resultan placenteras, es el momento de equilibrar la balanza, compensar y reestructurar tu rutina diaria.


Recuerda que el tiempo no se pierde cuando es en uno o una misma, sino que se invierte.



Nuria Latorre Latorre, psicóloga de PSICARA




REFERENCIAS

Herrera, C. (2018). Mujeres que ya no sufren por amor: Transformando el mito romántico. Catarata: Madrid.

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