CUANDO SEPTIEMBRE PESA MÁS DE LA CUENTA: LA TAN ODIADA VUELTA A LA RUTINA

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología.
Después de semanas sin despertadores, horarios flexibles y planes improvisados, septiembre puede sentirse como un pequeño choque contra la realidad. Volver a clase, al trabajo o simplemente recuperar los horarios habituales puede generar cansancio, apatía e incluso cierta sensación de “no quiero volver” para algunas personas.
Durante las vacaciones, nuestra rutina cambia: las personas dormimos a horas diferentes, tenemos más momentos de ocio y estamos expuestas a estímulos nuevos y agradables. De repente, llega septiembre y toca madrugar, concentrarse durante horas, cumplir horarios y volver a organizar el día. Es como si nuestro cerebro necesitara reiniciarse después de una larga actualización.
Y no, no significa que seas una persona perezosa ni que te falte fuerza de voluntad. Tu cerebro también necesita tiempo para adaptarse.
Es normal que ese cambio genere cierta pereza, cansancio o incluso irritación. No significa que nos hayamos vuelto menos responsables ni que no nos guste nuestro trabajo, nuestros estudios o nuestra vida cotidiana. Simplemente estamos pasando de un ritmo a otro y, como cualquier proceso, requiere un periodo de adaptación.
El problema no siempre es volver, sino cómo nos imaginamos la vuelta. Aquí entran en juego nuestras expectativas. Pueden aparecer pensamientos como “otra vez lo mismo”, “voy a estar agotado/a”, “no voy a tener tiempo para nada”… Es más probable que afrontemos la vuelta con rechazo incluso antes de que haya comenzado. Esto no significa que debamos obligarnos a pensar en positivo o no pensar en ello, sino que podemos intentar modificar dichos pensamientos por otros más realistas como “aunque tenga que volver, puedo intentar sacar tiempo para mí dentro de la rutina”.
Uno de los errores habituales es querer recuperar todos los hábitos de golpe y al instante. El primer lunes queremos levantarnos temprano, hacer ejercicio, tener una dieta perfecta, ser productivos/as y, además de eso, mantener una vida social estupenda. Tener unas expectativas tan altas puede conllevar frustración. Date tiempo. No te olvides que es un proceso, y como todo proceso lleva un tiempo. Quizás, unos objetivos más realistas puedan empezar por volver a tener un horario de sueño razonable, organizar las tareas principales y/o encontrar un momento al día para desconectar: los pequeños cambios suelen ser más fáciles de mantener que las transformaciones radicales.
Vivimos en una cultura que a veces nos hace pensar que debemos mantener la motivación constantemente y permanecer siempre en un “rango óptimo” de activación y productividad. Pero la motivación no es un requisito necesario para empezar algo, sino que para obtenerla hay que empezar por pequeños pasos que muchas veces no nos gustan: podemos tener sueño y levantarnos sin ganas, podemos sentir pereza y hacer la tarea con pereza y podemos echar de menos las vacaciones y al mismo tiempo alegrarnos de ver a los compañeros (o no). Y no por eso somos peores o menos productivos. Aceptar que una emoción desagradable está presente, no significa que haya que luchar contra ella, sino tener en cuenta que forman parte natural de la vida.
Otro gran enemigo de la vuelta a la rutina puede ser el “todo o nada”, por ejemplo, “Si hoy no hago ejercicio, ya he perdido la semana”, “si no consigo concentrarme, soy un desastre”, “si esta semana estoy cansado/a, septiembre va a ser horrible”. Debes tener en cuenta que septiembre no tiene que ser perfecto y que no podemos pretender empezarlo con todo organizado. La clave no está en controlar cada aspecto de nuestra vida pasando del 0 a 100, sino permitirnos fallar y adaptarnos al cambio, tener paciencia con nosotros mismos “los primeros días me costarán, pero poco a poco recuperaré el ritmo”.
No tienes que sentirte preparado/a para empezar. Muchas veces, la sensación de volver a estar en nuestro sitio llega después de haber iniciado. Y recuerda, a veces, volver a empezar y adaptarnos a los procesos de cambio, también es una forma de entrenar el cerebro.
Cristina Lahuerta Cabañero, psicóloga de PSICARA