LA NORMA NO ESCRITA DEL VERANO: CUANDO PEDIR UN AGUA GENERA MÁS PREGUNTAS QUE PEDIR UNA CERVEZA

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología.
Cómo habrás observado, el verano ya ha llegado. Y me gustaría plantearte un pequeño ejercicio. Cierra los ojos y piensa en qué es para ti el verano.
¿Preparado/a? ¿Qué ves?
Es posible que en tu mente hayan aparecido imágenes que parecen inseparables del período estival: un calor incesante detrás de un abanico, terrazas abarrotadas de gente al atardecer, chapuzones en la piscina, festivales de música, fiestas de pueblo y el famoso “chiringuito” frente a la playa.
También es probable que, en alguna de esas imágenes o recuerdos con olor a verano, hayas visualizado un vaso de plástico, una lata o una copa con algún tipo de bebida alcohólica. Si es así, te hago la siguiente pregunta:
¿Por qué nuestro verano se tiene que acabar pareciendo a un anuncio de cerveza?
Creo que es algo que ya sabemos: El alcohol está profundamente integrado en nuestra cultura. Solemos relacionar el consumo de alcohol con la idea de relajarse, las celebraciones o el hecho de disfrutar. Y esto en verano, parece intensificarse.
En Psicología, hablamos del concepto de procesamiento automático, es decir, pensamientos o creencias que aparecen de forma inconsciente y que están muy influenciados por nuestra cultura, aprendizaje o entorno. Algún ejemplo de ello, y que quizás te pueda sonar familiar, es pensar que los jóvenes tienen que ser “expertos” en nuevas tecnologías o que, si un producto es caro, seguro que será bueno.
Sin embargo, dejarnos llevar por este procesamiento automático puede dar lugar a errores como confundir una posibilidad con una certeza o seguir manteniendo creencias poco realistas.
Con el consumo de alcohol y el verano, puede pasarnos algo parecido.
La publicidad, las películas o las redes sociales han ido produciendo imágenes mentales de “el verano”; por lo que nuestro cerebro puede crear asociaciones automáticas entre ambos conceptos, lo que nos puede llevar a sobreestimar el papel del alcohol en las celebraciones o en el disfrute. Te pueden sonar pensamientos como “sin alcohol, no me lo voy a pasar bien” o “necesito beber para relacionarme”.
Y eso puede llevarnos a no decidir “libremente” si bebo alcohol o no.
A ello, además, hay que sumarle los riesgos del consumo de alcohol que por desgracia también aumentan con la época estival: accidentes de tráfico, caídas, discusiones o problemas de adicción.
Por lo que, llegados a este punto, quizás este verano merezca la pena hacerse la siguiente pregunta:
¿Puedo disfrutar de mi verano sin beber alcohol?
La respuesta probablemente sea que sí, ya que la capacidad para relajarse, celebrar y disfrutar reside en la propia persona, no en si bebe alcohol o no. Muchas veces, lo que recordamos de esos momentos de relax, celebración y disfrute no es lo que bebimos, sino qué hicimos, con quién estuvimos y cómo nos sentimos.
Por ello, te propongo algo: Cuando alguna persona de tu entorno decida no beber, cambia tu forma de decirle las cosas. De un: ¿no vas a beber? o ¡venga tómate la penúltima! A un: ¿qué te apetece tomar?, puedes tomar lo que te apetezca.
Ya que, en ocasiones, sin mala intención, podemos ejercer presión en la otra persona, quien puede sentirse juzgada, como si la opción de no beber alcohol “fuera mala”. Además, no sabemos lo que hay detrás de la decisión de no consumir alcohol: motivos de salud, medicación, embarazo, problemas de adicción, o simplemente, que no le apetece hacerlo en ese momento o no quiere consumir alcohol.
Te invito a que te plantees la misma pregunta a ti mismo/a y que puedas decidir de entre todas las opciones fresquitas que existen, cuál es la que más te apetece.
Los mejores recuerdos del verano no están detrás de un vaso de plástico o una lata de cerveza, sino en las conversaciones, las risas y en los momentos compartidos.
Te deseo un feliz y consciente agosto.
Arancha Sánchez, psicóloga de PSICARA.