MIRAR AL PASADO ¿ES IMPORTANTE?

Bienvenidas y bienvenidos al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología.
Hoy lanzo una pregunta que genera controversia: ¿es importante atender nuestro pasado?
Muchas personas opinan que “no hay que mirar atrás ni para coger impulso” o que “lo pasado, pasado está”. Estos discursos comparten de fondo una buena intención: no quedarse anclado en lo que pasó para seguir adelante. Dicho mensaje pretende ser un impulso para muchas personas, pero ¿qué pasaría si, en lugar de creer que mirar al pasado implica no avanzar, lo tratáramos como una forma de evolucionar?
Hay algo que es innegable; somos el resultado de lo que vivimos. Muchas de las creencias, reacciones emocionales y conductas que tenemos en el presente se entienden cuando conocemos nuestro recorrido vital.
Esto puede explicar, en parte, que dos personas ante la misma situación reaccionen de forma diferente. Veamos un ejemplo: Marta y Lucía están en una cafetería. Ambas presencian cómo el jefe del local trata de una forma despreciable a un camarero. Marta, que no soporta las injusticias, empieza a notar cómo se activa el enfado en ella y, presa de su ira, grita “¡¡para ya!!” mientras pega un golpe en la mesa. En cambio, Lucía se mantiene al margen y solo experimenta algo de incomodidad por la tensión de la situación.
Cuando Marta llega a consulta, se pregunta por qué le afectan tanto algunas situaciones de este tipo, llegando a perder los papeles. Atendiendo a su historia, reconoció haber crecido recibiendo un trato injusto por parte de su abuela entre ella y el resto de nietos y, desde entonces, no puede tolerar las situaciones injustas.
Este ejercicio permitió a Marta comprender qué teclas personales se estaban activando cada vez que presenciaba una injusticia. A partir de ahí, pudo ser más consciente y aprendió a regular su enfado que, en parte venía provocado por el presente, pero también iba cargado de dolor acumulado del pasado.
Cuanto más conscientes seamos de dónde venimos, más fácil será comprendernos en el presente y decidir hacia dónde queremos seguir caminando. Marta necesitaba aprender nuevas formas de relacionarse con la injusticia y de gestionar el enfado, pues las que había desarrollado -gritar y golpear la mesa- le hacían daño a ella y a su entorno.
Es importante detectar qué disparadores activan en el presente nuestro malestar emocional. Los disparadores, a veces, pasan muy inadvertidos y puede ser difícil detectarlos. Ante una situación que te despierte un gran malestar emocional, pregúntate: ¿qué estaba haciendo justo antes de empezar a sentirme así?, ¿en qué estaba pensando?, ¿con quién estaba?
Estas preguntas te ayudarán a reflexionar y a trazar hilos de conexión entre los disparadores (presente) y las heridas no curadas (pasado).
Avanzaremos solo desde la flexibilidad, esto significa que debemos estar dispuestos a hacer cambios y a no aferrarnos a todas nuestras creencias o formas de funcionar anteriores, incluso aunque en algún momento fueran útiles. Marta confesaba que en su infancia solo conseguía la atención de su abuela cuando alzaba la voz y golpeaba objetos, aunque fuese para echarle la bronca (a ella le servía porque lo que necesitaba era ser mirada, daba igual el motivo).
Cada momento requiere sus propias respuestas; no siempre debemos utilizar en el “aquí y ahora” lo que funcionó en el “allí y entonces”. Solo así podremos funcionar de un modo más ajustado al presente y a quiénes somos en nuestra etapa actual.
Si hemos mirado y trabajado en nuestra propia historia, cuando se presenten situaciones duras (porque sí, a veces la vida se pone cuesta arriba), nosotros ya no seremos los mismos de entonces; seremos más sabios y tendremos más recursos. La experiencia previa habrá dejado de ser un condicionante para transformarse en un aprendizaje.
Marta, que se define a sí misma como una chica conciliadora y tranquila, se siente aliviada de saber que puede dejar atrás estas respuestas tan agresivas de su enfado para poder dar lugar a otras conductas más adultas y asertivas. Dejar ir la herencia emocional le permitirá entrenar nuevas estrategias.
Una de las metáforas con las que Anabel González recoge la esencia de cómo mirar al pasado en su libro titulado “Las cicatrices no duelen” dice así:
“Realmente, la vida tiene su miga. Es como navegar, y el mar a veces está en calma, otras ruge con toda su fuerza, hace frío y calor, viento, lluvia y sol. Y por todo ello nosotros transitamos. Las reglas que valen para un momento pueden ser inservibles para el otro.
[…]
No manejaré el barco como si el timón no pudiera moverse un milímetro de la ruta que me tracé al salir del puerto. Usaré mapas actualizados, perfeccionaré mis técnicas, adquiriré nuevas habilidades. Me volveré un navegante experto. Además, podré elegir una buena tripulación.
[…]
Las experiencias difíciles pueden hacernos más sabios, más profundos, más comprensivos, más pragmáticos y más resolutivos. El marinero experto se ha curtido en muchos mares y en muchas tormentas. Podríamos llamarlo vivir, en el sentido profundo de la palabra. Quizás nadie pueda hacerlo mejor que aquellos que saben lo que vale.”
Berta Maté Calvo
Psicóloga de PSICARA
Referencias bibliográficas
González, A. (2022). Las cicatrices no duelen. Planeta.