LO QUE NO SE PUBLICA: LA BELLEZA DE LO COTIDIANO

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología.
Con la llegada del verano, las redes sociales parecen llenarse de playas paradisíacas, viajes inolvidables, festivales, reuniones con amigos y atardeceres perfectos. Al desplazarnos por la pantalla, podemos llegar a tener la sensación de que todo el mundo está viviendo un verano emocionante, intenso y lleno de experiencias increíbles. Y, sin embargo, muchas veces nuestra realidad se parece bastante menos a eso.
Quizá trabajamos gran parte del verano, pasamos más tiempo en casa del que nos gustaría o simplemente atravesamos una etapa en la que no tenemos demasiadas ganas de hacer planes. Lo curioso es que estas situaciones, que son completamente habituales, pueden llegar a hacernos sentir extrañas cuando las comparamos con lo que vemos en redes sociales.
A menudo se dice que las redes muestran una versión idealizada de la realidad. Y es cierto. Sin embargo, quizá el problema no sea únicamente que veamos momentos seleccionados, sino que estamos expuestas a cientos de ellos cada día. Cuando observamos de forma repetida una realidad excepcional, acabamos percibiéndola como si fuera la norma. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, las redes sociales pueden influir en nuestra idea de lo que es una vida “normal”.
Empezamos a pensar que “lo normal” es viajar constantemente, tener planes cada fin de semana, sentirse motivada la mayor parte del tiempo o aprovechar cada momento al máximo. Y cuando nuestra vida no se ajusta a ese estándar, podemos concluir que nos estamos perdiendo algo o que no estamos viviendo de la manera “correcta”.
Sin embargo, quizá una de las consecuencias más silenciosas de esta comparación constante es que acabamos olvidando cómo es realmente una vida “normal”. Esta también contiene semanas aburridas, tareas del hogar, cansancio, momentos de duda, errores, incertidumbre y periodos en los que parece que no ocurre nada especialmente interesante. Y nada de eso significa que estemos haciendo algo mal.
De hecho, quizá el problema no es que nuestra vida tenga momentos de rutina, aburrimiento o incertidumbre. Quizá el problema es que hemos empezado a considerar esas experiencias incompatibles con una vida plena.
Durante el verano, además, esta presión suele intensificarse. Parece existir una expectativa colectiva de que estos meses deberían ser los más felices, divertidos o especiales del año. Pero la realidad es que no todas las personas viven esta época de la misma manera. Para algunas supone descanso y disfrute, mientras que para otras supone trabajo, preocupaciones, soledad o una rutina diferente.
Quizá hemos empezado a exigirle a la vida algo que nunca prometió: ser constantemente estimulante. Como si una buena vida tuviera que estar llena de novedades, experiencias y emociones agradables. Sin embargo, gran parte de las cosas que más valoramos, como las amistades, las relaciones de pareja, la familia o las inquietudes o proyectos personales se construyen precisamente en espacios mucho menos fotogénicos, como la rutina y lo cotidiano.
Tal vez una vida “normal” no sea aquella en la que siempre pasan cosas interesantes, sino aquella en la que hay espacio para vivirlo todo: la alegría y el aburrimiento, la ilusión y la incertidumbre, los planes extraordinarios y los días corrientes.
Porque una vida valiosa no necesita parecer extraordinaria desde fuera. Solo necesita ser coherente con lo que es importante para quien la vive. Y quizá eso sea algo que merece la pena recordar este verano, especialmente cuando una pantalla intente convencernos de lo contrario.
Laura Martínez, psicóloga de PSICARA