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Andrea Soriano Villarroya
julio 15, 2026

“MUCHO MÁS QUE UN PAÑUELICO” EL SENTIDO DE PERTENENCIA Y LA VAQUILLA

Tiempo de lectura: 3 minutos

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología.

Hace apenas unos días, nuestras calles volvieron a vestirse de blanco. La música, los abrazos, las tradiciones y los reencuentros llenaban cada rincón de la ciudad. Durante unos días, muchas personas experimentamos una sensación difícil de describir con palabras: la de formar parte de algo más grande que nosotros mismos.

Hay un momento que todas y todos los turolenses esperamos durante meses; cuando suena el Campanico. La plaza contiene la respiración mientras la torre humana va creciendo poco a poco hasta alcanzar el Torico. Y, cuando por fin el pañuelico queda colocado, todo estalla. La emoción, los abrazos, los gritos y la alegría se mezclan en un instante difícil de explicar a quien nunca lo ha vivido. Personalmente, pocas veces he experimentado una emoción colectiva tan intensa. Es el comienzo de los que, para muchas personas, son los mejores días del año.

Pero, ¿qué tiene ese momento para emocionarnos tanto? ¿Por qué un gesto como colocar un pañuelico es capaz de despertar sentimientos tan intensos?

Porque ese pañuelico nunca ha sido solo un pañuelo. Representa nuestra infancia, las personas con las que hemos compartido estas fiestas, a quienes ya no pueden vivirlas con nosotros, las tradiciones que nos unen y esa sensación tan difícil de explicar de sentir que, durante unos días, todos y todas las turolenses formamos parte de algo común.

Desde la psicología sabemos que una parte de la respuesta está en lo que se denomina sentido de pertenencia.

El sentido de pertenencia es una necesidad humana básica. Necesitamos sentir que tenemos un lugar, que formamos parte de algo y que nuestra presencia importa. Esa necesidad nos acompaña desde el inicio de la vida y sigue estando presente en la edad adulta, aunque adopte formas diferentes.

Pertenecemos a una familia, a un grupo, a un equipo, a un barrio, a una profesión o a una ciudad. Esos vínculos nos ayudan a construir nuestra identidad y nos ofrecen una sensación de continuidad y seguridad. Compartir valores, recuerdos o tradiciones fortalece nuestro bienestar psicológico, nos conecta con los demás y nos recuerda que no estamos solos.

Quizá por eso las Fiestas del Ángel tienen tanta fuerza emocional para cualquier turolense. Más allá de su origen o de cómo haya evolucionado la manera de celebrarlas, funcionan como símbolos compartidos que nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos. Durante unos días, una ciudad entera comparte los mismos rituales, las mismas emociones y una misma forma de sentir.

Vivimos en una sociedad en la que hablamos mucho de independencia, de éxito individual y de autonomía. Sin embargo, las personas seguimos necesitando algo tan sencillo como sentir que pertenecemos a una comunidad. Porque somos seres sociales y una parte importante de nuestro bienestar nace, precisamente, de sentirnos vinculados a otras personas y a los lugares que forman parte de nuestra historia.

Tal vez por eso, cuando las fiestas terminan, no echamos de menos únicamente la música o el ambiente. Lo que realmente añoramos es esa sensación, aunque sea fugaz, de formar parte de algo más grande que nosotros mismos.

Y cuando el pañuelico baja del Torico, a muchas y muchos de nosotros se nos hace un nudo en la garganta. No porque termine una fiesta, sino porque con él parece cerrarse ese tiempo en el que una ciudad entera ha latido casi al unísono.

En psicología lo llamamos sentido de pertenencia. Permitidme, sin embargo, llamarlo sentimiento vaquillero. Ese vínculo difícil de explicar con palabras, pero fácil de reconocer cuando llega julio. Ese profundo cariño por Teruel que aflora con más fuerza estos días y que nos recuerda que esta ciudad no es solo el lugar donde vivimos, sino también una parte de quienes somos.

Y quizá esa sea una de las razones por las que, cuando apenas han terminado las fiestas,ya empezamos la cuenta atrás para las siguientes. Porque sabemos que el año que viene volveremos a encontrarnos, volveremos a emocionarnos y volveremos a sentir, una vez más, que pertenecemos.

Y como dice Benito Kamelas “todo el mundo debería nacer, aunque solo fuera una vez, en Teruel”.

Nos vemos en 360 días.

Andrea Soriano Villarroya, psicóloga de PSICARA