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HACEMOS LO QUE PODEMOS

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hoy me gustaría que te tomases unos minutos para reflexionar “hacia dónde vamos”. Y te preguntarás, ¿a qué se refiere? Pues bien, te animo a seguir leyendo para dar respuesta a tu pregunta.


La salud mental es un tema de actualidad. Escuchamos hablar de ella en la televisión, en el periódico, en plataformas como Instagram y TikTok, a famosos y a no tan famosos, e incluso ha llegado a ser protagonista en el Congreso de los Diputados, y esto es muy necesario. Pero antes de seguir, y sin querer dar por supuesto que todos sabemos con exactitud de qué trata esto, la OMS (2021) la define como: “el estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Ahora, con ello fresco en la mente, me gustaría que evaluases tu estado de salud mental en una escala del 1 al 10; tómate el tiempo que necesites.


Cierto es que hablando de salud mental con nuestro entorno y dándole cabida en nuestro día a día, se visibiliza, lo que ayuda al proceso de desestigmatización de los problemas psicológicos. Esto permite eliminar los calificativos negativos que le acompañan y aceptar que esta realidad existe, que es más común de lo que creemos y que si la obviamos nos llevamos por delante a más personas que muertes por accidentes de tráfico se producen.


Y cuando creamos un espacio seguro y libre de juicios, nos encontramos con personas que se animan a revelar que llevan un tiempo yendo al psicólogo, o que el psiquiatra les ha recetado un antidepresivo, que no son capaces de salir de la cama, que se dañan la piel porque ese dolor es más soportable que todas las emociones que ejercen de losas sobre sí mismos, que atacan la nevera cada vez que los pensamientos se les apoderan, que se emparanoian con lo que los demás piensan acerca de ellos y que por ello acaban aislados del mundo y encerrados en su caparazón, y así un sinfín de situaciones igual o más complicadas, si cabe, que las mencionadas. Es por ello que se acaba socavando el sentido de sus vidas, la ilusión, la motivación y las ganas con las que afrontar cada día, y es que ahora el sol se posa en sus ventanas a primera hora de la mañana para decirles que “se viene otro día de mi*rda”.


Por lo tanto, hablar de ello y visibilizarlo es fundamental, pero solo se trata del primer paso para decidir volver a encajar todos los engranajes. Imaginaos todo lo que viene después; un proceso tremendamente difícil, pero necesario, para seguir y poder, por fin, responder un “bien” real a cada persona que se para a preguntarte “¿qué tal estás?”. No sé si alguna vez has escuchado decir a alguien que ir a terapia es de débiles, pero la verdad es que hay que tener coraje y valentía para reconocer y hacer frente a las partes más oscuras de uno mismo. Eso sí, si te lo puedes permitir, porque, aunque dicen que es un derecho, más bien se trata de un privilegio en los tiempos que corren.


Volviendo un poco a los problemas de índole psicológica, y siguiendo con la pregunta de “¿hacia dónde vamos?” con la que daba inicio a este artículo, hablemos de ansiedad. Está claro, la ansiedad está a la orden del día y, de hecho, es raro entrar a una sala y que no levanten la mano más de la mitad de los oyentes cuando se pregunta “¿quién ha sentido alguna vez ansiedad?” Y es que si empezamos a excavar, nos encontramos con pensamientos como “nada de lo que hago es suficiente”, “no encajo”, “lo que he tenido es suerte”, “no soy interesante”, “no me va a querer nadie”, “soy un desastre”, “siempre la cago”... No, no somos nuestros pensamientos, pero cuando te repites un día tras otro día cualquiera de estas frases, al final acaban formando parte del conjunto de creencias que tenemos sobre uno mismo. Qué difícil es quererse así, ¿no crees?


Todos estos pensamientos, ¿a qué os suenan?... Sí, ¿verdad? A mí también me ha resonado en la mente lo mismo, y en cierto modo me hace cuestionarme lo siguiente: ¿Hacia dónde vamos, cuando las etiquetas del perfeccionismo, la autoexigencia y la productividad son valoradas como un plus por la sociedad, a la par que son el trasfondo de las problemáticas más escuchadas en las consultas de psicología?


Y es que si seguimos trabajando en la excavación para llegar, de una vez por todas, al origen, seguramente nos encontraremos a nosotros mismos unos cuantos años más jóvenes y a algún familiar cercano o incluso a nuestro padre, madre o hermano/a, sin ninguna mala intención, preguntándonos por las notas, haciéndonos ver que no eran suficientes porque “así no vas a llegar a nada en la vida”, ¿no?; y, si eran de diez, el comentario se tornaba a “no te duermas en los laureles ahora”; o nos instigaban a ser el mejor en aquel deporte que practicábamos. Estos tan solo son unos posibles ejemplos que pueden impactar de forma directa en las creencias que tenemos sobre nosotros, lo que está bien y está mal, en nuestra autoestima, valores, capacidades, complejos, en nuestra forma de relacionarnos con los demás… Tal vez se trate de ejemplos demasiado generales, pero te invito a pararte, una última vez, a pensar cómo tu entorno y vivencias impactaron en ti en un momento tan moldeable y vulnerable como es la infancia: qué creencias te transmitieron, cómo ha influido en tu forma de ser y relacionarte.


Vivimos en un mundo en el que el anonimato que proporciona internet impulsa a millones de personas a practicar el acoso y derribo, volcando comentarios de odio y humillación que, en algunos casos, refuerzan erróneas y dolorosas creencias que se tienen, porque nunca nos han enseñado a separarnos de ellas y ver que no son reales. Un mundo en el que no te enseñan a ser padre o madre, ni siempre se cuenta con los mejores ejemplos. Un mundo en el que la autocompasión no está de moda, y lo que reina es la inmediatez, los likes, los cuerpos ideales y la fatiga mental.


Un mundo complejo y difícil, donde también hay puntos de luz, personas que muestran sus complejos, que se humanizan y nos recuerdan que lo ideal no es lo común. Personas que se sientan contigo cuando estás en el hoyo y te acompañan. Personas que te ayudan a ver que con trabajo personal se puede salir adelante, que los sueños se pueden alcanzar y que no estamos solos.


Me gustaría que recordases, en esos momentos en el que el mundo, también llamado sociedad, te lo pone difícil y tu salud mental cae en picado, que tú puedes intentar ser lo que tú quieras ser, no lo que los demás esperan de ti, y que priorizar tu bienestar no es de egoístas sino de valientes. Y si no puedes más con todo lo que llevas en tu mochila, siempre es buen momento para pedir ayuda.



Carla Barros Sánchez, Psicóloga y coordinadora de Atención Psicológica de PSICARA


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