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UN MES PARA VERANO ¡OPERACIÓN BIKINI!

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Esta semana hablaremos sobre la insatisfacción con la imagen corporal.

La especie humana, durante toda su evolución, ha dado cierta importancia al cuerpo y al atractivo, pues ser considerado atractivo aumentaba las probabilidades de reproducción y, por ende, la supervivencia de la especie. Esta importancia al cuerpo todavía perdura en nuestra sociedad al implicar múltiples ventajas, no solamente a nivel evolutivo, sino también a nivel social.

Pero… ¿qué consideramos como atractivo? Si nos detenemos un momento a reflexionar, podemos observar que dependiendo de la cultura y la época en la que nos centremos, el concepto de atractivo cambia. En la antigüedad se consideraban como “bellos” los cuerpos robustos y de piel blanca, pero, actualmente ocurre lo contrario, pasando a considerarse “bellos” aquellos cuerpos más delgados y/o fuertes y con la tez más morena. Entonces, si en función de la época y el lugar el ideal de belleza cambia ¿quién marca este ideal? ¿un cuerpo es atractivo en sí o es la sociedad quien lo decide?

Nuestra sociedad, a través de los medios de comunicación, las redes sociales y los mensajes publicitarios nos envían determinados mensajes que acabamos interiorizando en nuestros esquemas de creencias. Un ejemplo de esto sería la famosa “operación bikini” y el mensaje implícito de que somos capaces de controlar nuestro propio aspecto si nos esforzamos en ello, olvidándonos de considerar el fuerte papel que ejerce tanto la genética como el entorno en nuestra apariencia física.

¿Quién no ha escuchado o ha dicho alguna vez “tengo que empezar ya la operación bikini”? Hemos llegado a normalizar tanto este tipo de comentarios que quizás no somos conscientes del daño que pueden llegar a generar en nuestra imagen corporal, pues implícitamente, nos estamos diciendo que hay algo que está mal en nuestro cuerpo y que ahora mismo no podemos enseñarlo tal y como está, llevándonos a sentir cierto malestar y realizando, incluso, determinadas conductas que puede que no sean del todo beneficiosas para nuestra salud, como por ejemplo, reducir la ingesta calórica.

Cuando hablamos de imagen corporal hacemos referencia a la representación que creamos de nuestro cuerpo en nuestra mente. Para realizar dicha representación, no solamente nos basamos en nuestras percepciones, sino que hacemos una evaluación al compararnos con el ideal de belleza establecido. Esto nos genera una serie de emociones, sentimientos y pensamientos que nos llevan a presentar un mayor o menor grado de satisfacción corporal en función de si consideramos que nos ajustamos o nos alejamos del estándar.


¡Vamos con dos ejemplos! Sara es una mujer de 29 años la cual presenta una figura corporal que la sociedad no catalogaría como “atractiva”. Por el contrario, Roberto es un joven de 25 años que tiene un cuerpo que se ajusta al ideal de belleza masculino que predomina en la actualidad.


En un primer momento, y considerando los aspectos que se tienen en cuenta para la elaboración de la imagen corporal, podríamos decir que el grado de satisfacción de Roberto sería mayor que el de Sara. Pero… ¿qué pasaría si os dijera que Roberto presenta cierto grado de insatisfacción corporal que, por el contrario, Sara no tiene?

Se ha visto que acercarse o alejarse al modelo de ideal de belleza no significa necesariamente presentar mayor o menor grado de satisfacción, sino que existen otros aspectos que influyen. Uno de ellos sería el grado de importancia que le da la persona al aspecto físico. Aquellas personas que no consideran su físico como muy importante - como podría ser el caso de Sara - presentan un menor grado de insatisfacción, independientemente de si se ajustan o no a los cánones de belleza establecidos.

Por otro lado, presentar un cuerpo “atractivo” y considerarlo como algo relevante, no significa que la persona tenga que sentirse satisfecha con su propio cuerpo – como sería el caso de Roberto-. Esto se debe a que existen otros aspectos que interfieren en la evaluación como pueden ser las percepciones, las creencias y los sentimientos que tenemos hacia nuestro cuerpo. Se ha observado que estos aspectos pueden ser más influyentes en nuestra evaluación que el cuerpo en sí, interfiriendo en nuestra representación mental, alejándola de la realidad y generando cierto grado de insatisfacción.

Con este artículo, por un lado, se pretende visibilizar el daño que nos podemos hacer intentando cumplir unos estándares de belleza que tienden a ser fluctuantes en el tiempo y en algunos casos irreales, así como también aumentar la conciencia de que en muchas ocasiones el problema no se encuentra en el cuerpo, sino en la mente y lo que esta piensa sobre nuestro cuerpo.

Podemos invertir todo nuestro tiempo y dinero en intentar modificar aquello que no nos gusta, pero si no trabajamos en nuestra mente, no podremos percibir nunca esos cambios, pues como le ocurre a Roberto, la realidad estará siendo nublada por nuestra mente.



Miriam Pitarch Rambla, Psicóloga de PSICARA




Bibliografía:


Bell, L., Rushforth, J. y Rodríguez, C. (2010). Superar una imagen corporal distorsionada: un programa para personas con trastornos alimentarios. Alianza editorial

Toro, J. (1996). El cuerpo como delito: anorexia, bulimia, cultura y sociedad. Arial Editorial

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