DIEGO DE MARCILLA Y LA GOTA QUE COLMÓ EL VASO: CUANDO EL ESTRÉS SE ENCUENTRA CON UNA HERIDA PREVIA
Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hace unas semanas tuve la suerte, el honor y la responsabilidad, de representar a Diego de Marcilla en las Bodas de Isabel de Segura. Quien ha vivido alguna vez esta celebración sabe que no es solo una recreación medieval: durante unos días la ciudad se traslada al siglo XIII y revive una de las historias de amor más conocidas y trágicas de nuestra tradición. Una historia compartida por turolenses y visitantes, de la cuál todos formamos parte con tan solo salir a la calle.

Durante la representación hay un momento especialmente icónico. Diego regresa a Teruel después de cinco años intentando hacer fortuna para poder casarse con Isabel. Llega tarde. Ella, en contra de su voluntad, ya se ha casado con otro. Y entonces ocurre. En un último intento desesperado le pide un beso. Isabel se lo niega, y Diego cae muerto. Cada año, cuando se representa esta escena en la plaza del Torico, el silencio es absoluto (y vivirlo en primera persona es algo indescriptible).
La historia se ha contado muchas veces como un ejemplo de amor eterno. Un amor tan grande que la negativa de un beso es suficiente para matar. Pero desde la Psicología quizá podamos mirarla de otra manera. Porque, si lo pensamos bien, ¿de verdad alguien muere solo por un beso?

La última gota
En consulta es muy frecuente escuchar frases como estas: “Todo iba bien hasta que pasó esto”, “fue entonces cuando ya no pude más”, “ahí fue cuando exploté.”
Muchas veces las personas identifican un momento concreto como el origen de todo lo que vino después: una discusión, una ruptura, un despido, una mala noticia. Ese momento parece explicar por sí solo el malestar.
Pero la experiencia clínica suele contar otra historia. En realidad, pocas veces un problema psicológico aparece por un único acontecimiento. Lo que suele ocurrir es algo mucho más cotidiano: la famosa gota que colma el vaso.
La Psicología lleva décadas estudiando este fenómeno a través de lo que se conoce como modelo de diátesis-estrés. Según este modelo, los problemas psicológicos aparecen cuando se combinan dos ingredientes: por un lado, una cierta vulnerabilidad personal (biológica y/o psicológica) —lo que llamamos diátesis— y, por otro, situaciones de estrés (factores ambientales) que la persona tiene que afrontar.
Podríamos imaginarlo de una forma muy sencilla: cada persona tiene un vaso emocional. Ese vaso representa su capacidad para tolerar la presión, el estrés y las dificultades de la vida. El poso que hay en el vaso sería la vulnerabilidad, ya que ese vaso puede estar ya lleno de inicio (en función de ciertas variables genéticas y biológicas), o haberse llenado desde edades tempranas debido a experiencias o contextos adversos. Los eventos estresantes —problemas laborales, conflictos interpersonales, pérdidas, o cualquier otra situación que suponga un estresor— son como gotas que van cayendo dentro del vaso. Cuando el vaso se llena demasiado, acaba desbordándose.
No todos los vasos son iguales
Una de las ideas más interesantes de este modelo es que no todos los vasos tienen el mismo tamaño, ni los mismos recursos para vaciarse.
Hay personas que pueden atravesar situaciones muy difíciles sin que su bienestar psicológico se vea demasiado afectado. Otras, en cambio, pueden sentirse desbordadas ante acontecimientos que a ojos de otras personas pueden parecer menores.
Esto no significa que unas personas sean “fuertes” y otras “débiles”. Significa simplemente que cada uno de nosotros llega a las situaciones de estrés con una historia de aprendizaje y unos recursos personales diferentes.
Las vulnerabilidades pueden tener muchos orígenes: experiencias tempranas, aprendizajes familiares, rasgos de personalidad, estilos de pensamiento o incluso factores biológicos. Todo eso forma parte del tamaño de nuestro vaso y del poso que en él tenemos.
Por eso dos personas pueden vivir la misma ruptura sentimental, el mismo fracaso o el mismo conflicto y reaccionar de maneras completamente distintas. No reaccionamos solo a lo que ocurre hoy. Reaccionamos también a todo lo que traíamos de antes.
Volvamos a Diego
Si miramos la historia de Diego de Marcilla desde esta perspectiva, la escena final adquiere un significado diferente. Durante cinco años había vivido bajo una enorme presión. Había abandonado su ciudad con el objetivo de conseguir la fortuna necesaria para casarse con Isabel. Cinco años lejos de casa, cargando con una promesa y con una expectativa. Probablemente durante todo ese tiempo convivió con la incertidumbre: ¿Lo conseguiré?, ¿estará esperándome?, ¿habrá merecido la pena?

A esa presión se suma el momento del regreso. Diego vuelve convencido de que ha cumplido su parte del trato. Pero al llegar descubre que todo ha cambiado: Isabel se ha casado con Pedro de Azagra.
La escena del beso es, en realidad, un último intento de salvar lo que queda. Un gesto que quizá simboliza la esperanza de que todo aquel esfuerzo no haya sido inútil. Cuando Isabel se niega, la historia dice que Diego cae muerto. Pero tal vez no fue solo el beso.
Tal vez fue el peso de cinco años de expectativas, sacrificios, incertidumbre y miedo acumulados en un mismo instante, unidos a un evento lo suficientemente estresante. A pesar de todo lo que había vivido, el desencuentro amoroso sí que supuso la carga estresante necesaria para que su vulnerabilidad se manifestase. La última gota.
Cuando el vaso ya está lleno
Esta forma de entender el malestar psicológico tiene implicaciones importantes. A veces las personas llegan a consulta sintiéndose culpables por su reacción. Piensan que han exagerado, que han reaccionado de forma desproporcionada o que “no debería afectarles tanto”.
Pero cuando exploramos lo que ha ocurrido antes, muchas veces descubrimos que el vaso llevaba tiempo llenándose. Pequeños conflictos, preocupaciones acumuladas, desgaste emocional, responsabilidades que pesan más de lo que parece… Nada de eso por separado parecía suficiente para provocar una crisis. Pero juntos van ocupando espacio dentro del vaso.
Hasta que llega un día en que algo aparentemente pequeño lo desborda. No es que esa última gota sea necesariamente enorme. Es que el vaso ya estaba lleno.
La buena noticia
Si el modelo terminara aquí sería bastante desalentador. Parecería que todo depende del tamaño del vaso con el que nacemos o del poso que hemos ido acumulando.
Pero la Psicología nos propone algo importante: el vaso también puede vaciarse.
Hay muchos factores protectores que ayudan a aumentar nuestra capacidad para manejar el estrés: el autocuidado, el apoyo social, las relaciones significativas, aprender a identificar y regular nuestras emociones, desarrollar estrategias de afrontamiento o simplemente sentir que no estamos solos cuando las cosas se complican.
En cierto modo, todo eso es como un grifo que está en el lateral del vaso y que ayuda a que este se vacíe. También nos ayuda a vigilar el nivel del agua. A detectar cuándo el estrés empieza a acumularse demasiado y necesitamos parar, pedir ayuda o cambiar algo.

Porque, aunque las gotas seguirán cayendo —eso forma parte inevitable de la vida—, no estamos condenados a que el vaso se desborde.
Una última escena
Cada año, cuando termina la representación y Diego cae al suelo en la plaza, el público contiene la respiración durante unos segundos.

La leyenda dice que murió por un beso. Pero quizá, visto desde la Psicología, lo que ocurrió fue algo mucho más humano: un corazón que llevaba demasiado tiempo sosteniendo demasiado peso. Y cuando llegó la última gota… el vaso ya estaba lleno.
Agradecimientos
Representar a Diego de Marcilla ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. Gracias a Teruel y a su gente, por vivir con pasión esta historia, la cual perdura y es tan especial gracias a un esfuerzo compartido año tras año. Al equipo de la Fundación Bodas de Isabel por la confianza depositada en mí y por hacer fácil lo difícil. A los profesionales, trabajadores y técnicos que hacen una labor que parece invisible pero que es tan necesaria para que esto salga adelante. A Alfonso y Marian por sacar al “actor” que llevo dentro. A todos los actores y actrices que dan vida a esta hermosa leyenda y que me acogieron con tanto cariño desde el primer día. A Sara Serena, artista y mujer admirable, la Isabel de Segura de ensueño con la que he tenido la suerte de compartir esta aventura y que ha conseguido que mi Diego de Marcilla solo quisiera volver para reencontrarse con ella. Y, cómo no, gracias también a quienes hacen que mi propio vaso sea más llevadero: a mi familia, a los “Armarios” y al resto de mis amigos, y a Noelia, mi Isabel del día a día y compañera de vida, por su amor y su apoyo incondicional durante todo este proceso.
Mi Diego de Marcilla es vuestro… y siempre volverá a Teruel.
Imágenes utilizadas:
1 y 3 autor desconocido
Portada y 2 María Gómez
4 Diario de Teruel