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Miriam Pitarch
junio 3, 2026

LA TALLA QUE ÉRAMOS: EL DUELO SILENCIOSO POR EL CAMBIO CORPORAL

Tiempo de lectura: 3 minutos

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Esta semana hablaremos de las implicaciones que tiene el cambio corporal.

El cuerpo es el lugar que nos permite movernos en el mundo, ese lugar que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos. Gracias a él, podemos vivir y disfrutar de la vida, al igual que también podemos sufrir y sentir dolor. Nuestro cuerpo, aunque muchas veces podamos sentir que se mantiene estático, no es estable, pues los cambios van apareciendo poco a poco con el paso del tiempo ¿o acaso en la actualidad tienes el mismo cuerpo que cuando tenías 3 años?

La sociedad nos ha hecho normalizar que ciertos cambios corporales son esperables y aceptados – como la evolución que se genera en el cuerpo desde el nacimiento hasta la adultez – y nos ha hecho rechazar otros cambios – como el que se da desde la adultez joven hasta la vejez –. Esta idea acaba filtrándose en nuestra mente de una manera indirecta a través de los mensajes de los medios de comunicación o publicidad, las redes sociales, los productos de belleza “antiedad”, los tratamientos rejuvenecedores, etc. haciéndonos interiorizar y creer que nuestro cuerpo en la vida adulta debe ser estable y que nosotros somos los responsables de que así sea.

De un modo sutil y natural acabamos interiorizando este mensaje que nos lleva a intentar corregir, lo más pronto posible, el cambio corporal ya que “debo volver a ser quien era antes”.

Ana tiene 30 años, y desde un tiempo atrás viene sintiendo que su cuerpo ya no es el mismo, parece que algo está cambiando en él. La talla que siempre ha usado le queda más justa, su forma corporal parece no ser la misma y ha aumentado la celulitis que tenía. Cada vez que se mira en el espejo, siente que dentro de ella algo se rompe, pues no es capaz de reconocerse, siente rabia, vergüenza e incluso rechazo hacia algunas partes de su cuerpo.

Parece ser que Ana, al igual que muchos de nosotros y nosotras, ha interiorizado el mensaje social “mi cuerpo debe permanecer estable”. En el momento en el que se mira en el espejo siente que “algo dentro de ella se rompe”, viviendo esos cambios como un fracaso.

Aunque la funcionalidad del cuerpo humano en un primer instante sea permitir movernos en el mundo y proteger los órganos, su función acaba yendo más allá, pues no solo es algo físico, sino también forma parte de la construcción de la identidad y la autoestima. Cuando el cuerpo cambia dentro de nosotros aparece una sensación de pérdida de identidad, pues una parte de la construcción que habíamos hecho sobre “quiénes somos” se basa en la imagen corporal, influyendo en la narrativa que podemos tener sobre nosotros mismos “siempre tuve un cuerpo delgado”. Dicho cambio activa un proceso de duelo, al perder algo con lo que nos identificábamos; generando tristeza, rabia y comparación con la persona que era. A su vez, el cuerpo se relaciona con la percepción de valía personal, dependiendo del cambio que se genere, es probable que nuestra autoestima se vea modificada sintiéndonos más o menos aceptados (en función del cambio generado).

Todos estos cambios influyen en nuestro comportamiento. Esta ruptura que se produce es probable que active la hipervigilancia corporal ocupando mucho espacio en nuestra mente; la evitación de ciertas situación sociales por la incomodidad percibida; conductas dirigidas a “intentar modificar dicho cambio” como pueden ser conductas de compensación, restricción, obsesión por comer saludable entre otras; también puede producirse una desconexión corporal al intentar protegerse del malestar que le genera observar los cambios producidos.  Todo esto es probable que lleve a la persona a creer “hay algo de malo en mí”.

Estos hechos ponen de manifiesto que el problema no parece encontrarse en el cuerpo, sino en la sociedad y en lo que nos hacen creer sobre el mismo. El cuerpo no es un ser inerte, sino que es un organismo que se encuentra en constante cambio desde incluso antes del nacimiento. El cuerpo que habitamos cambia en muchas situaciones como puede ser durante el proceso de embarazo para permitir la gestación del bebé; cambia tras el parto al detectar que todos los cambios que había realizado ya no son necesarios; cambia tras una cirugía, generando tejido nuevo para cicatrizar la herida; cambia con el paso de los años por el envejecimiento celular que se va dando, etc.

Por mucho que deseemos e intentemos evitar dichos cambios, va a resultar imposible, pues cambiar no es una anomalía biológica, sino más bien una característica humana. Que nuestro cuerpo cambie no es preocupante, más bien lo es haber aprendido a vivir los cambios desde la culpa, la vergüenza y el rechazo cuando se alejan de lo que la sociedad nos impone.

Miriam Pitarch Rambla, psicóloga de PSICARA