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DUELO: DOLOR ANTE LA PÉRDIDA

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. En esta ocasión hablaremos acerca de enfrentarse al duelo por la muerte de un ser querido.


El duelo es una experiencia que todos los individuos pasan a lo largo de sus vidas y que ha sido definida como “la reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo; o también, la reacción emocional y de comportamiento en forma de sufrimiento y aflicción cuando un vínculo afectivo se rompe” (García, Grau e Infante, 2014).


Comúnmente se suele hablar de que existen cinco fases del duelo. Negación (negarse a aceptar que ha ocurrido la pérdida), enfado/indiferencia/ira (estado de descontento por no poder evitar la pérdida, se buscan razones), negociación (se intenta buscar una solución a la pérdida), dolor emocional (donde se experimenta tristeza por la pérdida) y aceptación (se asume que la pérdida es inevitable y supone un cambio en la forma de ver y actuar con la la situación actual). A pesar de esta distinción por fases, el proceso de duelo es individual y, por tanto, llevará un camino único (tanto a nivel emocional como a nivel conductual) para cada persona.


El contexto cultural que tenemos está basado en el objetivo de “sentirnos bien” y “buscar la felicidad”, esto pone el foco en lograr experimentar las emociones, mal llamadas, positivas como objetivo final de la vida hace que procesos que implican una carga emocional tan elevada, como es el duelo, hagan que las personas que lo están experimentando tiendan a caer en esta trampa, intentando obtener de un modo u otro ese estado utópico al que llegar en la vida de manera permanente y al que, irónicamente, es tan difícil de lograr y mantener en el tiempo. La aparición de sentimientos, pensamientos y recuerdos que nos da nuestro cuerpo no está en nuestras manos. No son algo que podamos controlar e inevitablemente van a aparecer, por eso, luchar contra ellos resultará una tarea cansada, ineficaz y frustrante. Lo que sí está en nuestra mano es qué hacemos con ellos.


El proceso de duelo lleva consigo algunas tareas a las que toca enfrentarse o asumir para elaborar el duelo de manera funcional. Una de ellas es la de asumir la realidad de la pérdida que consiste en asimilar lo que la muerte implica, es el darse cuenta de que la persona que está muerta no va a volver. Otra es el modo de relacionarnos con las emociones relacionadas con la pérdida, ser capaces de identificarlas y expresarlas. También tocará aprender a vivir en un mundo donde nuestro ser querido ya no esté presente, notando su ausencia en muchos contextos, creando una nueva forma de entender el mundo y cuestionarnos quiénes somos nosotros ahora sin esa persona. Por último, habrá que reelaborar un nuevo vínculo con el fallecido ahora que ya no está presente, viviendo en el presente sin abandonar ni anclarse en el pasado.


El duelo nos lleva a un reajuste de la nueva realidad y requiere de trabajo, tiempo y dedicación. En este proceso se hace fundamental integrar este cambio en la vida del individuo. Al estar implicadas emociones tan desagradables es normal que queramos mirar hacia otro lado, intentar no experimentarlas mediante distracciones, evitar hablar sobre el fallecido, no enfrentarse a situaciones que impliquen recordarle, etc. A corto plazo nos sirve para no experimentar ni revivir esta pérdida, pero tenemos que tener cuidado porque a la larga esto nos puede traer aún más sufrimiento si esto nos hace ir por un camino con limitaciones y/o con acciones inhabilitantes que nos puedan llegar a alejar de la vida que queremos tener.


Nadie nace preparado o preparada para enfrentarse a la pérdida de un ser querido. La muerte parece que no exista o sea ignorada hasta que un evento de tal calibre ocurre y existe un antes y un después en tu vida. Nos sentimos seres invencibles en los que la palabra “muerte” parece que no vaya con nosotras y nosotros. De repente llega un día en el que la vida te hace cambiar tu forma de sentir, pensar y ver la vida como la veías antes de esta pérdida. No es tarea fácil aprender a vivir con la muerte de alguien al que has querido tanto. Un día te despertarás animada, otro día puede que no te quieras ni levantar de la cama y otro parece que te cueste el triple de lo que te costaba antes hacer las tareas de siempre. Por ello, quería terminar este texto diciéndote que no pasa nada por no poder soportar tanto peso sobre tus espaldas y que no pasa nada por pedir ayuda a tu entorno (amistades, familiares, compañeras de trabajo) o a un profesional de la psicología. El sentir y recibir apoyo es algo fundamental para llevar mejor esa mochila tan pesada.


Este artículo te lo dedico a ti, mamá. Por ser mi gran apoyo durante toda mi vida, gracias por hacerme parecer a ti y ser la persona que soy. Siempre estarás conmigo.



Realizado por Alba Nicolás Agustín, psicólogo de PSICARA

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