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"LA PROCESIÓN VA POR DENTRO"

Actualizado: 12 jun

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hoy vamos hablar de máscaras, pero no, por desgracia no nos vamos a trasladar a los carnavales de Venecia… ¡Ya lo sentimos! El verdadero tema va a venir de la mano de la depresión, problema de salud mental que seguro os suena.


“La procesión va por dentro”. ¿Cuántas personas de las que estáis leyendo esto habréis oído esta frase alguna vez? ¿Os habéis parado a pensar todo lo que se puede englobar en una frase de tan solo cinco palabras? Esta expresión hace referencia a esa situación difícil en la que la persona disimula sus emociones, no las exterioriza.


Ahora os vamos a pedir que lo llevéis a un caso más cercano a un problema de salud mental, por ejemplo, la depresión. Y esto nos lleva a presentaros a la “depresión sonriente” que, a pesar de no ser un término directamente científico, engloba el concepto de forma más sencilla. ¡Pero no corramos tanto y refresquemos la memoria! ¿Qué caracteriza principal, aunque no únicamente, a una depresión? El estado de ánimo deprimido/triste y la disminución de interés o placer por actividades que anteriormente se realizaban, podrían ser dos de los síntomas más frecuentes. No obstante, no debemos olvidar que la forma en la que la depresión se presenta varía de una persona a otra.


Volvamos a nuestra “máscara”. ¿Qué ocurre si una persona que tiene esta sintomatología depresiva se pone una careta de “felicidad y sonrisas”? Probablemente, las personas que la rodeen la percibirán con una vida “normal y estable”. Sin embargo, ¿qué es “normal” y para quién? Tal vez podríamos estar delante de una depresión mayor con características atípicas.


“Pero si camufla su depresión, ¿cómo se sabe que tiene ese problema?”. Una persona que mire desde afuera podrá ver a un individuo en apariencia activo, con un trabajo y una vida estable y aparentemente saludable. Incluso definan a esa persona como alegre y optimista. Sin embargo, quien padece este tipo de depresión no se siente de esa forma. Es común en estos casos que tengan pensamiento como “si muestro como me siento pareceré débil”, “no quiero ser una carga si expreso mis problemas”, “estoy bien, ya se pasará”, “otros están peor”, “nadie me entendería” o, en algunos casos incluso “el mundo estaría mejor sin mí”. Si a esto se le añade el riesgo de omitir la sintomatología por esa apariencia de “buenos ánimos”, la bomba está prendida.


“Mmm… Pero eso son pensamientos, si no los verbaliza seguimos sin saber que se encuentra de esta forma.” A pesar de que no se considera un trastorno como tal, sino un especificador del trastorno de depresión mayor, tal vez resulten de utilidad indicar los criterios diagnósticos de este formato atípico. ¿Cuáles son? Un estado de ánimo, mayormente deprimido que reacciona variando ante vivencias, acompañado de aumento de peso o apetito, dormir más, cierto letargo o cansancio y, sobre todo, una hipersensibilidad al rechazo interpersonal. ¡Y ahí no acaba! Esta variación del estado de ánimo suele ser diurna inversa; esto es, que “se va haciendo más depresivo” conforme avanza el día. Además, y como cabe esperar, se agrava cuando la persona se encuentra sola, ya que se “puede permitir” quitarse la máscara. Es justo esta parte de sobre-esforzarse en “camuflar” su estado la que va a ser determinante para diferenciarla de una depresión al uso.


“Buf… ¡Que lío! ¿Eso no se da también en una depresión más ‘típica’?” En múltiples ocasiones sí, de ahí la dificultad. De hecho, hay cierto debate de si la depresión enmascarada es un especificador de depresión (depresión atípica) o debe considerarse como independiente al trastorno de depresión mayor. Aquí pueden ser útiles unos factores de riesgos muy característicos de esta depresión sonriente: el juicio social y las expectativas.


En el primer caso, ¿cuántas veces habéis escuchado frases como “venga ya está, supéralo” o “no es para tanto, anímate”? En algunos grupos sociales (culturas, familias o grupos de amigos, por ejemplo) es común este componente de invalidación emocional sin que tenga que conllevar siempre una mala intención, y en ocasiones se puede interpretar erróneamente el expresar esas emociones más desagradables como debilidad y peticiones de atención “innecesarias”. Así, desde este contexto, es esperable que alguien que siente juzgadas sus emociones y pensamientos se esconda detrás de esa “máscara de sonrisas” y no permita que nadie le vea sin su disfraz.


Paralelamente a esa visión social, las expectativas que nos formamos de nuestra persona o recibimos de personas externas pero dirigidas a nosotros y nosotras también son un “arma de doble filo”. Si son realistas y se satisfacen, todo va genial. ¿Y qué ocurre cuando estas no son lo suficientemente realistas? Lo más probable es que optemos por simular y esconder los verdaderos sentimientos en una búsqueda de satisfacer las expectativas iniciales. ¿Complejo de entender? Pensemos en una persona perfeccionista: si comete algún error, tal vez lo omita o lo achaque a otro factor distinto a su propia persona.


“Ya entiendo… pero me surgen otras dudas… ¿Hay algunas personas que sean más vulnerables a este tipo de depresiones? ¿Pueden venir acompañadas de otros problemas de salud mental?” Vayamos por partes. El perfil estereotípico suele ser mujer, de edad joven (mayormente adolescentes) con cierta resistencia a los antidepresivos y una personalidad e historia de vida generalmente acompañada de dificultades para relacionarse consigo misma y con otras personas.


En respuesta a la segunda pregunta, en ocasiones una depresión enmascarada, al igual que la depresión más común, pueden venir paralelamente con problemas de ansiedad, abuso de sustancias, personalidades dependientes o evitativas o problemáticas más somáticas (fatiga crónica, fibromialgia u obesidad). ¡Pero cuidado! Que también puede llevar a confusión y que se diagnostique un trastorno bipolar. ¿Cómo?, ¿no recordáis lo que es? En nuestra web podéis leer el artículo “Esa persona es bipolar” y conocer más esta problemática.


“Oye… y como persona externa, ¿puedo hacer algo para ayudar?” Al recaer el “grueso” del problema en fingir un papel que no es real, es difícil poder ofrecer apoyo. No obstante, y a modo de recomendación muy simplificada, podríamos destacar dos aspectos que seguro nos habéis leído en otros artículos: la escucha activa y la validación emocional. A modo de ejemplo, en ocasiones va a ser más útil acompañar con un silencio que esas frases de “no te des mal” o “no te rayes” que, a pesar de no tener por qué ir cargadas de malas intenciones, solo hacen que esa máscara se sujete todavía más fuerte a la persona.

En resumen, no debemos olvidar que no hay peor tormenta que la que se arma uno solo en la cabeza y, siguiendo con la metáfora, no dudes en “pedirle un paraguas” a alguien si lo necesitas.



Alberto Gracia, psicólogo de PSICARA





Referencias


Lyndon, B., Parker, G., Morris, G., Das, P., Outhred, T., Hamilton, A., Bassett, D., Baune, B. T., Berk, M., Boyce, P., Mulder, R., Singh, A. B., & Malhi, G. S. (2017). Is atypical depression simply a typical depression with unusual symptoms?. The Australian and New Zealand journal of psychiatry, 51(9), 868–871. https://doi.org/10.1177/0004867417721020


Shetty, P., Mane, A., Fulmali, S., & Uchit, G. (2018). Understanding masked depression: A Clinical scenario. Indian journal of psychiatry, 60(1), 97–102. https://doi.org/10.4103/psychiatry.IndianJPsychiatry_272_17



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